Viajando en AVE

20140326-214450.jpg

El viernes nació nuestra sobrina, y prima de Álvaro, Carolina. La 8ª para ser exactos. Aunque si hablamos de sobrinAs, es la 2ª. Abundan los chicos es esta generación.

¿Qué puedo decir de ella? Es una auténtica preciosidad y parece que, de momento, una santa! Nació por cesárea ya que venía de nalgas así que salió perfecta!

Como teníamos tantas ganas de conocerla, el sábado cogimos un AVE i/v dirección Lleida.

Era el primer viaje en tren de Álvaro y he de decir que todo fue fenomenal.

Reconozco que tenía un poco de “miedo” por ver cómo se portaba durante el trayecto aunque generalmente es un cielo. Le lleve donde le lleve siempre me ha dejado en buen lugar. Pues bien, no sólo se portó fenomenal sino que, incluso, hizo amigos. Él es así. No es porque yo sea su madre, que ya es mucho, sino porque mucha gente lo dice. Es un simpático de la vida. Se ríe con todo el mundo y juega con ellos. Le hacen una gracia y se pone remolón e incita al otro a que siga jugando con él. Parece que le encanta ser el “centro de atención”. Y ya si la persona en cuestión lleva collares, relojes o pulseras, Álvaro cambia madre por “desconocido/a”. No faltaron las señoras mayores, los niños e incluso un grupo de chicos, de algún equipo que desconozco, que aun con unas evidentes cervezas de más, empezaron a jugar con él. Total, que las 2h de viaje se nos pasaron volando.

Cogimos asientos con espacio para cochecito. A la ida fuimos en una especie de “reservado” que había junto a la cabina del conductor. Muy cómodo. No obstante, creo que había demasiado silencio como para ir con un niño que no para de repetir la palabra “Papá” en todos los tonos de voz posibles.

A la vuelta fuimos en el vagón que está pegado a la cafetería. Escogimos unos asientos que están en la zona de minusválidos. Aquello parecía un avión (¡qué exagerada! ¿Verdad? Pero creedme, cuando se viaja con niños se ven las cosas de otro color).

Hubo momentos de sueño, otros de risa y otros un tanto “fallidos” de mirar por la ventana (eso es lo que pretendía su “ilusa” madre por aquello de intentar enseñarle cosas nuevas aunque a él parecían interesarle más otras cosas). Eso sí, tuve que vérmelas para impedirle que bajara al suelo a gatear ya que es lo que quiere en todo momento. Y, claro, el suelo de los vagones, por muy moqueta que haya “camuflando” la suciedad, no deja de necesitar un buen repaso de Don Limpio.

Es cierto que al ser un viaje de i/v en el día íbamos sin maletas y eso, junto con que el Ave es de los mejores inventos que se han hecho, hizo que fuera comodísimo! Sin duda para repetir.

El finde lo rematamos yendo a comer a un Restaurante que hay en El Pardo. Os lo recomiendo. La verdad es que en Madrid somos afortunados de tener este paraje a tan sólo 10 minutos de casa.

Dicho esto, prueba de viajar en Ave con Álvaro: Superada. Y vosotros, ¿Qué tal han ido esos viajes con bebés?.

Anuncios

¡Feliz día del padre!

20140319-205917.jpg

Reconozco que, por un momento, he dudado entre dedicar una entrada al padre, que ya tiene dos largos posts, o seguir con la lista de temas pendientes que tengo “pa’ aburrir”.

Sin embargo, hoy más que nunca, creo que merece una mención especial. Y es que, al igual que yo tuve mi día aquél 5 de Mayo de 2013, hoy le toca a él disfrutarlo.

Este año no recibirá un dibujo o una manualidad hecha por su hijo (a no ser que quiera un juguete babado o un papel roto y arrugado). Tampoco recibirá una manualidad hecha por mí (soy peor que mala en eso). Sin embargo no se va a quedar sin su regalito y, por supuesto, sin su súper tarta!

Y es que se merece un regalo no sólo hoy, sino todos los días. Tras casi un año de “prueba” puedo afirmar que Diego ha sido, y es, todo un padrazo.

Recuerdo aquella tarde en la que el ginecólogo nos dijo que el bebé que esperábamos era niño. Mi reacción fue mirar emocionada a mi marido, que estaba a mi izquierda cogiéndome de la mano, y con una cara de felicidad cual niña de 5 años, le repetí lo que el ginecólogo acababa de decir hacía escasos 2 segundos y que él, evidentemente, ya había oído: ¡¡¡¡E-S- N-I-Ñ-O-O-O-O!!!!

Sabía que a Diego le hacía mucha ilusión ser padre, pero ¿de un niño? ¡Más todavía! He de decir que esto último me lo reconoció después. Por eso mi felicidad, en ese momento, fue doble.

Sé que le hace mucha ilusión llevarle al nuevo San Mamés a ver a su Athletic jugar. Y si encima gana, ese día tendremos fiestón en casa. 😉

Sé que está deseando que tenga uso de razón para ponerle esos videos que tanto me pone a mí y que, evidentemente, no valoro, sobre el gol que metió fulanito en el 83, o los reportajes sobre ¿qué entrenador? Ah, sí, Vicente del Bosque (por poner un ejemplo).

Sé que ya cuenta con un varón más para ejercer “presión” en casa y que gane el partido de Champions a una película de princesas.

Sé que le enseñará a jugar a futbol como lo hizo con los niños de Jesuitas.

Sé que le enseñará, pacientemente, a montar en bici (primero con ruedines y luego sin ellos) para después irse los dos juntos a hacer deporte mientras mami dedica esas dos horas a ella. 😉

Sé que le llevará, orgulloso, a todos los partidos del sábado y le animará desde las gradas aun sin meter goles (o recibiéndolos).

Sé que, cuando llegue el momento, le dará sabios consejos sobre la vida.

En definitiva, sé que Álvaro estará muy orgulloso de tener un padre como él.

Y es que una madre siempre será una madre pero cuando de varones se trata hay temas en los que se arreglan mejor entre ellos y no con una madre metiendo las “narices” en temas de los que ni entiende ni quiere entender.

Antes de dar a luz, y sabiendo ya el sexo del bebé, le comenté a Diego que quería que tuvieran su momento. Es decir, quiero que todos los sábados o domingos o entre semana, si los trabajos y deberes lo permiten, se vayan ellos dos SOLOS a merendar, a tomar algo o “a lo que quieran dedicar su tiempo” con el fin de hablar entre chicos. Quiero que Álvaro confíe en su padre siempre. Quiero que Diego sea su héroe para todo.

Y ¿sabéis qué? Estoy segura que así será.

¡Felicidades por ser el padre más maravilloso del mundo!

Fdo: Álvaro (con macro sonrisa que pone cada vez que se abre la puerta de casa y entra su “papi” por ella). 😉

20140319-205948.jpg

Disfrutando de un fin de semana primaveral.

image

Ya lo dijo el hombre del tiempo: el fin de semana iba a lucir el sol en toda España.

No sé si se han cumplido sus previsiones o no pero lo que sí sé es que, al menos en Madrid, tuvimos tiempazo.

Cuando era pequeña, y al vivir en una zona residencial, la bicicleta se convirtió en mi mejor aliada.

Recuerdo largas tardes de verano dando paseos por la urbanización con mis hermanas, primas y amigas. Me convertí en una experta de la bici. ¡Hasta aprendí a ir sin manos (y con dientes ;-))!!.

Mis amigas sabían que en nuestra casa no faltaban las bicis así que aquellas que se apuntaban a pasar una tarde en “Can Gonzalo” contaban con transporte asegurado.

Tengo tan buen recuerdo de ella que al ser madre me ha faltado tiempo para retomar y disfrutar de esos largos paseos. Esta vez con mis chicos.

Así que, teniendo a Álvaro con 10 meses y aprovechando este tiempazo, el viernes nos fuimos mi marido y yo a Decathlon a por el kit completo de ciclismo: dos bicis, una sillita de bebé y 3 cascos. Y el sábado a primera hora nos pusimos en marcha.

Lo pasamos en grande y Álvaro disfrutó como un enano. Iba en su sillita como un rey. Eso sí, llegamos reventados. Sobretodo yo que nunca hago deporte y el llevar una bici después de tantos años con 11,4 kg de “paquete”….se nota. Lo bueno es que ya he encontrado un “deporte” que hacer ;-).

Vivimos en una zona de grandes avenidas en las que da gusto pasear así que creo que esto de ir en bici se convertirá en el plan de los findes a partir de ahora.

¿Cómo estáis aprovechando vosotros este tiempazo?

Maternidad: Primeros días.

image

El post de hoy va dedicado a una lectora muy especial, Rocío, que descubrió este blog cuando estaba embarazada de 6 meses y que, hace poco más de una semana, fue madre por primera vez.

Sus palabras, su agradecimiento y el saber que lo que yo escribía le ayudaba en algo me emocionó. Y es que tenemos algo en común: las dos hemos hecho el seguimiento de nuestro embarazo en el Hospital Ruber Internacional y me alegro que la experiencia vivida ahí de algo le haya servido.

Esta mañana me ha escrito para contarme que ya había sido madre y agradecía, una vez más, este blog por todos los ánimos que le había dado.

Desde aquí, gracias a ti Rocío. Personas como tú, y como todos mis lectores, hacen que merezca la pena seguir escribiendo.

Hacía tiempo que quería dedicar un post sobre los primeros días de maternidad y ¿qué mejor momento que este? Rocío acaba de ser madre y mi hermana Mónica lo va a ser en dos semanas. Espero que les sirva para conocer un poco la “realidad”.

Y es que creo que nada ni nadie nos prepara para esos primeros meses. Se supone que en los cursos de preparación al parto dedican una sesión al puerperio y a los primeros días (quien dice días dice meses) con el bebé pero creo, sinceramente, que no eres consciente hasta que lo vives.

Recuerdo en la clase de pediatría a la que asistimos mi marido y yo a dos semanas de dar a luz. La clase la daba la que ahora es pediatra de Álvaro y mujer de mi ginecólogo. Cuando llegó el turno de preguntas, una madre se puso a llorar. Estaba embarazada de su segundo hijo y contó la experiencia vivida con el primero. Dijo que nadie le advirtió de lo duro que iba a ser el primer mes: del sueño, de la comida, de los puntos, hemorroides, mareos, hormonas, soledad, etc. Y, claro, contando su experiencia, se emocionó y nos emocionó a todas (pensad en una sala con 15 mujeres embarazadísimas cargadas de hormonas). He de reconocer que escucharla me ayudó. Me acordé mucho de ella en esos momentos duros. Momentos por los que todo el mundo pasa, digan lo que digan.

Ser madre es maravilloso. Si antes te considerabas una persona afortunada y feliz, cuando viene un hijo a este mundo esa felicidad es inmensa. Algo incalculable e indescriptible. Es sencillamente genial. Sin embargo, la maternidad no está exenta de sentimientos encontrados: tanto físicos como psicológicos.

El primer mes como madre, aun siendo como he dicho maravilloso, tambien es duro y, como todo, esta nueva etapa necesita un tiempo de adaptación. Las hormonas están completamente revolucionadas y nace un sentimiento de miedo (o pavor) que desconocíamos. No nos conformamos con hacerlo todo (darles de comer, cambiarles el pañal, vestirles con esos conjuntitos que llevábamos meses planeando ponerle, acunarles, bañarles, cantarles, etc.) sino que además queremos que lo que hagamos esté perfecto y no dañe, en nada, al bebé.

Pues bien, como ya he dicho en varios posts, creo que cuanto antes comprendamos que no siempre podemos ser una Súper Woman, todo irá mejor. Así que, si podéis, os recomiendo que os apoyéis en vuestros maridos. Ellos lo harán fenomenal. No perfecto pero sí genial.

Dar a luz, por muy maravilloso que sea, nos deja agotadas. Siempre digo que el parto de Álvaro fue fácil y rodado. Me pusieron la epidural tan pronto que apenas sentí dolor por no decir nada de nada. A la hora de estar en la habitación con él en brazos ya empecé a enviar los típicos mensajes de rigor a la familia, amigos y conocidos diciendo que Álvaro había nacido y que todo había ido de fábula. Me vi estupendamente y me puse a escribir. Pero al igual que digo esto no puedo dejar de reconocer que el dolor que sufrí por los puntos los 14 días siguientes fue terrible. Pobre de mí, no sabía lo que me esperaba. En el Hospital todo fue de color de rosa pero al llegar a casa empezó mi calvario de los puntos. Por mucho que me “dopara” el dolor era insufrible. Me pusieron 4 puntos y lo recuerdo como lo peor. Si a ello le sumas el cansancio…..

Recuerdo cuando llegamos a casa. Yo no podía ser más feliz. Tantos meses de espera, de ver su habitación preparada, su cunita montada y su ropita colgada y ya, por fin, teníamos al “invitado” en casa.

Las primeras noches me levantaba a darle de comer cada 3h súper animada y vital. Él hacía sus ruiditos de “mamá, estoy despierto y quiero comer” y yo, que desde que me he convertido en madre oigo cualquier ruido a kilómetros de distancia, me levantaba rápidamente feliz, le cogía en brazos y le daba de comer.

Evidentemente esa “vitalidad” me duró una semana. Empecé a notar el cansancio de tal manera que los días siguientes, cuando llegaba la hora de irnos a dormir, le decía a mi marido entre lágrima y lágrima: odio las noches. Así que aprovechando que él estaba de baja por paternidad, ya no era yo la única que se despertaba cada 3h. Él también lo hacía. Aunque sólo fuera por hacerme sentir más  acompañada y menos sola a esas horas de la madrugada. Cuando su baja se acabó y él volvió a la normalidad ya había pasado casi un mes y mi cuerpo ya se había acostumbrado a despertarse cada 3h así que ese sentimiento de odiar las noches me duró tres semanas. ¿Conclusión? Esa “batalla” la gané casi al mes, no antes.

Muchas personas te dirán que aproveches para dormir durante el día mientras lo hace el bebé. ¿Mi experiencia? Comprendí que había mujeres con suerte. Yo fui incapaz de hacerlo. Lo que sí hice, y creo que no me fue nada mal, fue levantarme todos los días tarde. Es decir, Álvaro comía cada 3h aproximadamente así que una toma la hacía a las 9h de la mañana y la siguiente a las 12h. Pues yo aprovechaba y me levantaba a las 12h. Creo que eso me salvó de caer redonda por las esquinas. Este “chollo” se me terminó al mes, mes y medio, cuando Álvaro empezó a estar más despierto por las mañanas.

Lo que sí creo que es un mito, o por lo menos yo no me vi en esa situación, es lo de no tener tiempo para ducharse (yo lo hacía todas las mañanas aun teniendo a Álvaro como espectador) o lo de no comer hasta las mil. Creedme, la lactancia da mucho hambre así que estaréis deseando que llegue la hora de comer.

A partir del primer mes, todo empieza a ir rodado y pocos meses después el sueño se recupera.

Aun con todo, es maravilloso. Tanto que quiero volver a vivirlo. Si pusiéramos en una balanza los pros y contras del primer mes, sin duda alguna ganarían los pros. Pero no está de más conocer la experiencia por la que vamos a atravesar.