¡Muchísimas felicidades, chiquitín!

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Y llegó el temido día (entiéndaseme bien). Álvaro cumple hoy un año. ¡Un añazo que cumple nuestro survivor! Y un año que cumple una servidora como madre. 😉

No voy a empezar con esto de “qué rápido pasa el tiempo” y, sobretodo, “qué mal lo estoy llevando” (aunque en realidad hoy estoy muy feliz) porque ya lo sabéis y no es plan de empezar el post con reiteraciones. Vamos a darle un toque un poco más alegre, que por algo hoy es un día muy, pero que muy, especial. 😉

Hoy se cumple un año del día más feliz de mi vida. A las 9h de la mañana de un lunes lluvioso, en el que el 80% de los que viven en Madrid estaban con un pie en el puente de Mayo, yo entraba por la puerta del Hospital Ruber Internacional con mi maletita en mano como la que entra en un Hotel de 5 estrellas dispuesta a estar 2 días en un Spa. Y es que ese día iba a llegar otra vida que iba a cambiar la nuestra. A mejor y para siempre. Iba a nacer, por fin, nuestro campeón. En ese momento, mi cara no podía expresar mayor felicidad y relajación (sí, relajación) de la que jamás hubiera imaginado.

Y así, tras 6h de dilatación, a las 15:12h vimos por primera vez la carita morada del que, como he dicho en alguna otra ocasión, sería el amor de mi vida (junto a mi marido). Fue un momento único. Nunca me cansaré de repetirlo. Un momento que emociona, sigue emocionándome y seguiré haciéndolo mientras viva.

Ha sido un año lleno de experiencias inolvidables, de primeras veces, descubrimientos, emociones, aprendizaje, disfrute, derroche de lágrimas (de felicidad) y amor, mucho amor recibido y por dar (y el que queda).

Con respecto a la celebración de su cumpleaños, reconozco que llevábamos semanas planeando en cómo hacerla. En un principio pensamos en celebrarlo en la sala común de la urbanización con toda la familia, primos, tíos e, incluso, amigos. Pero claro, teniendo en cuenta que el 90% de la familia no vive en Madrid (Lleida, Bilbao, Barcelona y Pamplona) y que tampoco es que Álvaro sea el “nieto-sobrino” único por el que movilizar a medio norte del país, se nos ocurrió un plan al alcance de todos (aún suponiendo Km de carretera para nosotros): 1ª celebración: Finde del 26 en Bilbao con la familia paterna. 2ª celebración: Martes 29 (día oficial) en Madrid con mi hermana, mis primas y los peques. 3ª celebración: Puente de Mayo en Lleida con la familia materna.

En Bilbao nos lo pasamos fenomenal. Fuimos a pasar el día a un caserío típico vasco que tienen unos amigos de la familia de Diego donde comimos estupendamente y abrimos regalos (con ayuda de los primos) al son de un Zorionak Zuri de lo más alegre y cariñoso.

En Madrid el plan ha sido más “urbano”. Hemos preparado una súper merienda en casa, los niños han devorado los dulces, la tarta y, como no, las chuches!! Chuches que tenían fichadas desde que han entrado por la puerta. Ha sido súper divertido y muy internacional! Para que luego digan de los niños de hoy en día! Le han cantado a Álvaro: Cumpleaños feliz, Happy B-day to you y Zorionak Zuri! 😉

Ha sido un día maravilloso y “el prota”, aunque todavía no se entera de mucho, ha estado feliz, feliz, feliz. Ha terminado todo descamisado y con un zapato extraviado por algun rincón de la casa. 😉

¿Siguiente celebración? Lleida. Estoy segura que no será menos. Ademas, contamos con la tarta de chocolate y galletas que hará mi madre con la receta de la abuela. La mejor tarta de la historia.

Por muchos cumpleaños más y, como decía mi abuela, que los veamos.

Muchas felicidades, tesorito de mamá! Te quiero mucho, mucho y mucho!!!

¡Feliz día de Sant Jordi!

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En esta casa se celebra Sant Jordi. Aun teniendo un marido vasco, un hijo madrileño y la residencia en Madrid, como buena catalana que soy, no ha pasado un solo año en que no celebráramos el día de Sant Jordi.

Es una tradición con la que he crecido, que me encanta y que espero celebrar todos los años.

Para los que no lo sepáis (aunque hoy por hoy se ha extendido tanto que dudo que haya alguien que lo desconozca) en Cataluña el día de Sant Jordi es tradición regalar un libro al hombre y una rosa a la mujer.

Suele ser una tradición entre parejas aunque también hay costumbre de regalar a los seres queridos. De hecho en mi casa ha habido siempre 7 rosas rojas. Mi padre nos regalaba una a cada una de las mujeres de la casa: mi madre, mis 5 hermanas y yo. 😉 Digamos que nací con esta tradición y que Madrid no logrará quitar.

He de reconocer que, a medida que se va acercando la fecha, repito por casa (cual mosca “cojonera“): ¡el próximo miércoles (o el día que sea) es Sant Jordi! Así consigo que mi marido no se olvide. Es una indirecta que pilla al vuelo. Aunque me ha reconocido que lo tiene anotado en el móvil, año tras año, para no olvidarse. 😉 Algo que comprendo teniendo en cuenta que para él, durante 27 años, el 23 de Abril ha sido como otro día cualquiera y que, en Madrid, no hay mucha cultura de rosa que digamos (sí de libro).

El año pasado fue un Sant Jordi muy especial. A parte de recibir una rosa de mi marido (y otra virtual de mi padre), fue cuando tuvimos la última consulta con el ginecólogo antes de dar a luz. Esa en la que nos dijeron que ya había dilatado, Álvaro venía grande y que, si no nacía antes, en 6 días me provocarían el parto. Fue el día en el que supimos que el momento había llegado.

Este año no va a ser menos especial. Y es que tenemos a otro hombrecito en casa así que me toca regalar 2 libros (más bien 1 libro y 1 cuento). Uno para cada uno de mis chicos. Bueno, en realidad a Álvaro le caen dos (privilegios de ser “el nuevo”). 😉

 

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Hoy también es el Día Internacional del Libro ya que, entre otros, dos grandes de la literatura fallecieron el 23 de Abril: Miguel de Cervantes y William Shakespeare. A decir verdad, el primero falleció el 22 pero fue enterrado el 23. En todo caso, esta historia se la dejo a los blogs “culturetas”. 😉

 

Muchas felicidades a todos los Jorges. En especial a nuestro ahijado de Barcelona.

¿El trabajo más difícil del mundo?

¿Qué tal la Semana Santa? La nuestra fenomenal! Hemos vuelto descansados, renovados y, por qué no decirlo, con algún Kg de más. Pero ¡cómo hemos disfrutado! Álvaro el primero. Además, ha descubierto esto de los Aspitos y ¡Oye! ¡Uno tras otro!

Y, como todos los viajes que hacemos con Álvaro, vuelve espabiladísimo. Cómo crecen y cambian en cuestión de días. Sin duda, un plan para repetirlo cualquier fin de semana!

Hoy os dejo un vídeo que he visto y, como todos los vídeos que os pongo de vez en cuando por aquí, me ha encantado.

Únicamente haría un inciso: No creo que sea el trabajo más difícil del mundo (ni de lejos). Es un trabajo que requiere dedicación (las 24h del día), sí, pero es un trabajo más que gratificante. Es sencillamente maravilloso y ¿por qué no decirlo? El mejor trabajo del mundo.

Espero que os guste.

 

Ir de tiendas con hombres…

Es increíble lo que hace el tener un hijo. Y es que este año me ha pasado una cosa rarísima. Los meses que van desde Navidades a Semana Santa siempre se me han hecho E-T-E-R-N-O-S! Pero ¿este año? No señores, este año no. Y eso que la Semana Santa no podía caer más tarde.

Estos meses han sido un visto y no visto. También es cierto que han sido los meses en los que me han pegado el “cambiazo” con mi hijo. Ha pasado de ser un bebé inmóvil a ser un Speedy González no sólo por casa sino también fuera de ella.

Y es que el sábado, que estuvimos paseando por la zona de Serrano, no había quien le mantuviera sentado en su sillita. ¿Qué la gente paseaba? Él también quería. Así que empezó a “retorcerse” cual lagartija mientras nos miraba con cara de: “sacadme de aquí” acompañado de una sonrisa a la que no puedes decir que no. Así que, cogido de la mano de mamá, y mientras papá nos gravaba en vídeo, empezamos a caminar. ¡Pues oye! ¡Como un señor!.

Fuimos a ver el nuevo Zara que Inditex ha abierto en Madrid, en la calle Serrano con Hermosilla, y que, según dicen, es el más grande de España y uno de los más grandes del mundo. La construcción del edificio data de mediados del siglo XIX así que mi marido, que le encantan estas cosas, fue el que me incitó a ir a verlo.

 

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¡Menuda propuesta!. ¿Llevar a tu mujer a uno de los Zara más grandes del mundo? No sabe lo que ha hecho…. Y es que su curiosidad se cubrió en los primeros 10 minutos. Pero claro, a mí no me podía sacar de ahí con tanta facilidad así que, después de ver la estructura del edificio y cómo lo habían dejado por dentro, decidí quedarme y echar un vistazo a las 7 plantas que tiene mientras mis chicos me esperaban fuera. Reconozco que todo quedó en intención. No llegué a subir ni a la primera planta ya que había 4 mujeres por m2 y me agobié.

Al salir de ahí el panorama era el siguiente: Los 15 ventanales que tiene la fachada a ras de suelo estaban abarrotados de hombres con hijos. Supongo que todos, sin excepción, estarían esperando a sus señoras que estaban, al igual que yo, merodeando por el nuevo Zara. Me reí muchísimo: “¿Éste? Ah no. Este no es mi marido. A ver, a ver… ¿Dónde está? (Doblo la esquina). Ah sí! Ahí está! (sentado en el penúltimo ventanal).

Pobrecitos. Deberían destinar un espacio a modo de sala de espera para ellos. 😉

Con Álvaro ir de compras a veces es deporte de alto riesgo. A la que me descuido tiene varias prendas sobre él. Y es que yo voy paseando, ojeando, toqueteando, …, pero ¿él? Si pasa cerca de la ropa, y como tiene la mano muy larga, se dedica a coger lo primero que ve con la consecuencia de que la prenda acaba en el cochecito. Y así, a por la siguiente.

Algún día voy a salir de la tienda y van a empezar a sonar todas las alarmas. Lo peor es que cuando caigo en la cuenta siempre le digo, como si me entendiera, “¡Pero qué has hecho! ¡Que esto no se puede coger, mi amor!”. Y él me mira partiéndose de risa. Porque esa es otra. Últimamente le ha dado por partirse de risa él solito y sin aparente motivo. Muchos días le dejo en la cuna para que duerma y puede pasarse 30 minutos a oscuras y completamente solo en la habitación a carcajada suelta hasta que, de repente, reina la paz (o lo que es lo mismo: cae rendido en manos de Morfeo). Inexplicable.

En fin, el plan de esta Semana Santa va a ser muy distinto. Nos vamos a pasar unos días a Segovia: a descansar, a desconectar, a ver las procesiones en primera línea (no como en Madrid que igual, con suerte, nos toca en la 5ª), a respirar aire puro y, sobretodo… ¡a comer bien!.

Que paséis una feliz Semana Santa.

El tiempo vuela.

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Ya sé que suena a topicazo pero creo que he tenido que ser madre para darme cuenta que, lejos de ser un tópico, es una realidad: el tiempo vuela.

Voy a haceros una confesión: no quiero que Álvaro cumpla un año. ¿Qué cara se os ha quedado? Supongo que la misma que la de mi marido cuando, cada noche (sí señores: cada noche) le digo la misma frase. Anonadado y confuso se queda él.

Y es que a medida que se va acercando la fecha siento como una especie de tristeza, se me encoje el corazón y tiendo al llanto fácil. Por un lado soy inmensamente feliz (se me nota, no?) pero por otro….temo que llegue el 29 de Abril.

No sé si os ha pasado a alguno o soy yo la rara (aunque cada vez que lo pienso, y sobre todo en voz alta, me decanto más por lo segundo) pero lo cierto es que desde que Álvaro cumplió 11 meses parece que he caído en una especie de “depresión” por su primer añito.

Y es que, ¿por qué (narices) tiene que crecer tan rápido?

Ya sé que tienen que crecer, que cada avance que hacen es impresionante y único, que ahora empieza lo mejor, etc., pero no paro de pensar que nuestro primer año juntos, un año auténticamente MARAVILLOSO, ha pasado volando.

Hace justo un año éramos Diego y yo soñando a esto de ser padres. Ahora, nuestra vida no la concebimos sin él.

Parece que fue ayer cuando el ginecólogo me ponía encima al que, junto a mi marido, sería el amor de mi vida. Parece que fue ayer cuando empezamos una vida juntos con nuestra ratita. Pero no. Ha pasado casi un año, 12 meses, 365 días. Ya no es aquella ratita que estaba en percentil 3. Ahora es una bolita gorda (como le llama su padre) que se sale de gráfica (fuera de percentil) y que, allá donde vaya, no deja indiferente a nadie.

Está tan simpático y tan mayor que cada vez me cuesta más despedirme de él por las mañanas para ir a trabajar.

En fin, no suelo ser así de pava, lo juro, pero es que esto sí se me está haciendo difícil y quería compartirlo con vosotros.

Ya nos lo advirtieron muchos otros padres: aprovechadlo que crecen muy rápido.

Pues bien, hoy soy yo la que, con conocimiento de causa, me atrevo a dar este consejo a los que acabáis de ser padres: disfrutad al máximo de vuestro bebé porque estos enanos crecen rapidísimo.

Mamá fuera de servicio (o casi).

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El viernes amanecí con muchos escalofríos en el cuerpo, dolores musculares, fiebre y un terrible dolor de garganta.

Cuando me dispuse a ponerme en pie, me vino tal mareo que tuve que volver a la cama de donde no salí prácticamente en toda la mañana. Rara vez me pongo enferma pero cuando lo hago…no valgo pa´na´.

Esta vez, a diferencia de otras en las que me hubiera pasado todo el fin de semana entre la cama y el sofá, tenía a un mini ser al que atender sí o sí y, encima, sin contagiar. ¿Cómo se hace eso?

He de reconocer que tengo la suerte de contar en casa con Beatriz (la chica) que cuida de Álvaro mientras mi marido y yo estamos trabajando. Así que ese día pude descansar y recuperarme, por lo menos, de la peor fase del virus.

Sin embargo, ese “descanso” no fue 100% real. Desde hace unos días, Álvaro ha empezado a desarrollar una especie de “mamitis” (con la que estoy encantada, para qué nos vamos a engañar) que hace que, aunque esté Beatriz, en cuanto me ve a mí, únicamente quiera venir conmigo.

Evidentemente él no entiende de enfermedades. ¿Cómo era posible que mamá estuviera en casa y no fuera a cogerle en brazos? O, ¿Por qué de la cantidad de besos que reciben esos papos regordetes, ese día mami no le diera más que besos, y contados, en la frente?.

Normalmente con Beatriz está de maravilla pero ese día sólo quería estar conmigo. Alzaba sus brazos hacia mí con cara de pena y lloros para que le cogiera. Y ¿quién se resiste a semejantes pucheros? Yo no. Así que no tuve más remedio que cogerle y ponerme a jugar con él aun con todos los dolores que tenía recorriendo mi cuerpo. Por supuesto que el puré de verduras se lo dio mamá (¡y en brazos! Algo que no pasa nunca).

¿Cómo hice para intentar no contagiarle? Sobre todo teniendo en cuenta que él ya había pasado por algo parecido la semana anterior y me negaba a que volviera a estar mal. Así que me hice con unas mascarillas (de quirófano que llamo yo) de las que, por mucha asfixia (psicológica) que me produjeran, no me separé en todo el fin de semana.

 

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También usé mucho gel antibacteriano. Y es que un niño no entiende que su madre se separe de él por una simple gripe. Una madre es madre las 24h al día así que mientras se cojan precauciones….

Y vosotros, ¿qué hacéis cuando os ponéis enfermos para no contagiar a vuestros hijos?