¡Feliz cumpleaños, Naiara!

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¡Y seguimos de cumpleaños!

Si hace poco menos de un mes os contaba que Álvaro cumplía un año, hoy la protagonista es Naiara: su primita gran prematura que vino a este mundo a las 29 semanas de gestación y pesando tan sólo 730 gramitos.

Fue una niña que nació mucho antes de lo esperado. Concretamente, y como veis, 3 meses antes de la fecha prevista para el parto. Tuve la ocasión de contaros su historia aquí.

Los meses que estuvo en la incubadora fueron duros, muy duros. Meses de pruebas diarias, controles periódicos y algún que otro sobresalto. Sobretodo fue duro para sus padres que vivían en constante incertidumbre.

Hubo mucha gente rezando por ella: familia, amigos e, incluso, desconocidos. Rezos destinados a que esa preciosidad saliera adelante. Y son muchos los que, a día de hoy, siguen preguntando ¿Cómo está Naiara?.

Pues bien, el de arriba no solo oyó todas nuestras peticiones sino que, además, se está portando fenomenal con la peque.

Sí, esta historia tiene un final feliz. 🙂

Hoy, un año después, esa bebé es una niña muy sana, risueña, preciosa y muy feliz. Sin duda, una gran luchadora!

Gracias a Dios no le ha quedado ninguna secuela, enfermedad y/o malformación por el hecho de haber nacido en esas circunstancias. Salvo el peso, que al haber sido tan prematura no se le corregirá hasta los 2 años, en lo demás está perfecta. Vamos, que es tremenda la niña! Chicos, temblad! Es de un espabilado….. 😉

Ayer, coincidiendo con su cumpleaños, tuvimos la primera celebración del añito. Fue una celebración en petit comité ya que, al caer entre semana, acudieron parte de sus primos de Madrid pero, evidentemente, no toda la gran familia que tiene que, al igual que Álvaro, está repartida por parte del norte de España. Y digo “primera celebración” porque este domingo sus padres le han organizado, como segunda celebración, una Misa de Acción de Gracias por este primer año (de muchos) seguida de una merienda para todos los asistentes entre los que estarán parte de esa gran familia “no madrileña” de la que he hablado.

Ayer lo pasamos fenomenal y, estoy segura, el domingo será una celebración, si cabe, mejor a la par que emotiva.

¡Esperemos que siga así de campeona!

Por muchos años más, Naiara. Y como también lleva sangre vasca, como su primo zumosol, ¡Zorionak Zuri!

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¡Zorionak, aita! O lo que es lo mismo: ¡Felicidades, papá!

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El pasado domingo, en pleno festejo de San Isidro sumado al fiestón que los del Atlético montaron en Madrid, fue el cumpleaños de Diego. 31 añitos que le cayeron y 2 velitas en forma de 3 y 1 que sopló. 😉

Aunque ese día teníamos planeado ir a comer al Pardo, el cumpleañero no iba a quedarse sin su tarta. Así que el viernes por la tarde me armé de valor y me metí en la cocina.

Los que me conocen saben que no destaco, precisamente, en el arte culinario y desde luego que a Diego no le conquisté por el estómago. Con esto no quiero decir que cocine mal, simplemente no me atrae experimentar en la cocina. Sin embargo, si tengo tiempo (y ganas), sí me gusta improvisar con alguna que otra receta que, previamente, haya fichado. Eso sí, desde que estoy casada, y tengo la Thermomix, mis visitas por la cocina van en aumento. Y si se trata de hacer tartas y/o dulces varios, ahí que me apunto. 😉

Hasta ahora, la tarta que ocupaba el puesto número 1 de mi ranking pastelero, era la tarta de limón que en casa hemos bautizado como “tarta José Luís”.

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Inciso: José Luís es una cadena de restaurantes de Madrid (aunque también tienen uno en Barcelona y otro en Sevilla) donde hacen, según toda (sí, TODA) mi familia, la mejor tarta de limón del mundo. El catering del bautizo de Álvaro lo encargamos en José Luís que vino con 6 tartas debajo del brazo. Tartas que devoramos en 30 minutos. No digo más. Y, por mucho que digan, la tarta de limón de José Luís jamás será superada. Ni siquiera por la de Embassy (buenísima también).

Para que os hagáis una idea, triunfa tanto entre mi familia que recuerdo una vez que montamos una cenita casera en casa junto con mis hermanas Laura y Mónica (y sus respectivos), aprovechando que esta última había venido a pasar el finde a Madrid, y justo antes de empezar a cenar, y aún sabiendo que al día siguiente íbamos a ir a José Luís a comer, se nos antojó tarta de limón. Así qué llamamos al restaurante más cercano y les pedimos si podrían traérnosla. No tienen servicio a domicilio ni, evidentemente, transporte para ello así que he de reconocer que fliparon un poco. El camarero que nos atendió nos dejó en espera para consultárselo a su superior. Al rato cogió, de nuevo, el teléfono y nos dijo que nos la traían si pagábamos el taxi. Evidentemente pagamos el taxi, la tarta y disfrutamos cada cucharada. Siempre estaremos eternamente agradecidos.

¿Os empezáis a hacer una idea de lo mucho que gusta dicha tarta a la Familia Gonzalo?.

El hecho de llamar a la mía “tarta José Luís“, muy lejos de igualar a la original, es para motivarme. 😉

Aun con todo, y teniendo más repertorio, decidí “improvisar” para el cumple de Diego. Así que le pedí a mi hermana Laura la receta de una tarta de la que me había hablado maravillas y que ella había hecho a raíz de probar la que una amiga suya le trajo a una cena (qué importante es el boca-boca). 😉

Se trata de la tarta Tres Chocolates. La receta está en YouTube y la tenéis de mil formas. Yo os pongo la que seguí (con Thermomix) pero se puede hacer sin robot de cocina. Fácil y deliciosísima. Un auténtico placer para el cuerpo.

Tenía mis dudas pero al final la tarta triunfó. No sólo entre los pocos privilegiados que tuvimos el gusto de comerla (Diego, Beatriz – la chica – y una servidora) sino entre toda mi familia que, ante el envío de fotos por Whatsapp, se han apuntado a hacerla.

¡Os animo a que la hagáis!

Advertencia: es tan suave que se come sola!!! 😉

 

Y ya, para finalizar, aunque dije que no prometía foto, os dejo un mix de fotos del finde entre las que se me ha colado una de Álvaro vestido de chulapo. 😉

 

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Este año tenemos a un Chulapo en casa. ¡Feliz San Isidro!

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Como sabéis, mi marido (vasco) y yo (catalana), formamos parte de ese curioso porcentaje de “foráneos” que viven en Madrid. Y digo “foráneos” porque, por muchos años que vivamos en esta ciudad (y parece que nuestro proyecto va para largo), seguiremos sintiéndonos vascos y catalanes respectivamente.

Ya lo decía Salvador VadegainPara ser madrileño hay que nacer aquí, quererlo y mamarlo desde chico. Algunos se creen que con entrar en Madrid ya son madrileños. No, por Dios. Ellos entran en Madrid pero Madrid no entra en ellos”.

Tan negativo no lo veo pero lo que sí sé es que, temas de independencia a parte y con los que, evidentemente, no comulgo (ahí queda dicho), siempre me sentiré catalana (y española).

Pero Álvaro sí podrá “presumir” de ser un madrileño de pura cepa. Además ya sabéis que venía para San Isidro (patrón de Madrid). ¡Más madrileño imposible! (Lo de Madridista será otra historia ;-)). Sin embargo, por circunstancias varias que ya he dejado escrito en este blog, acabó naciendo el 29 de Abril. 2 semanas antes. Aun con todo, lo de ser madrileño no se lo quita nadie. 😉

Así que ahora, este año, no tenemos excusa para no celebrar (como se merece) el famoso día de San Isidro. Y digo “como se merece” pues no hay un San Isidro sin Chulapos y Chulapas!

¡Sí señores! Este año tendremos a un Chulapo en casa. Eso sí, uno y no más. De momento no me veo a mí disfrazada de Chulapa y a mi marido menos.

He de reconocer, con todos mis respetos, que el traje de chulapo (que no de chulapa) siempre me ha parecido un horror. No me digáis que no son ganas de parecerse a un viejo de pueblo de los años 20.

Realmente mi intención estaba lejos de vestir a Álvaro de Chulapo. No cuando veo el traje y, aun imaginándome a mi gordito con él, me sigue pareciendo, como he dicho, un horror.

Sin embargo, mi hermana Laura, con toda la razón del mundo, me escribió un Whatsapp el pasado domingo con el siguiente texto: “El jueves es San Isidro y nuestros niños madrileños. Habrá que comprarles el traje de chulap@s, ¿no? ;-)”.

¡Cuánta razón tenía!

Así que decidí que, a 4 días de San Isidro y gustos a parte, debía comprarle a Álvaro su traje de chulapo. Mi perspectiva del día 15 había cambiado: ¿Álvaro y Naiara vestidos de Chulapos? A eso, y a unas cuantas risas, me apunto seguro. 😉

Ayer nos fuimos mi hermana y yo, mano a mano, a ECI (mi salvavidas en compras de última hora y de algo, seguramente a estas alturas, agotado) a por los trajes de Chulapos! Lavado y planchado, ya está listo para lucirlo.

Ya véis. Soy fácil de convencer. De hecho ya he dejado por escrito que “de momento” no me vestía yo de chulapa. Los años lo dirán. ;-).

En fin, no prometo foto pero estoy segura que vayamos a la pradera de San Isidro, a dar un paseo por el centro de Madrid o simplemente nos unamos al ambiente de los chotis, unas buenas risas sí echaremos y yo estaré orgullosa de pasear a mi bolita vestido de “galante” chulapo!

Feliz San Isidro a todos los Madrileños, foráneos residentes en Madrid y, por qué no, también a los turistas que tengan la suerte de vivir esta experiencia en la ciudad de la Corte!
¡Que disfrutéis mucho!

¿Este trocito? Para mamá. Y ¿este? También.

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Se supone que los niños, al cumplir el primer año de vida, pueden comer “casi” de todo.

En realidad, ello es así porque muchos de los alimentos han ido incorporándose poco a poco a su “dieta” en el tiempo que va desde los 6 hasta los 12 meses. Así que ahora, salvo el huevo en el que vamos un pelín retrasados por intolerancia, podemos decir que Álvaro ya come “casi” de todo. Vamos, que podemos hacer un menú para toda la familia sin discriminarle a él.

Aun con todo, salvo el pan, las galletas (sin huevo), el plátano y los aspitos, que los mastica sin problema, todo lo come triturado. Así que creo que con un añito que tiene el “chaval” ya va siendo hora de enseñarle a comer cachito a cachito. Y no “¡porque lo digo yo!” sino porque lo dice su pediatra, lo dicen todos los manuales (que no he leído) y, sobretodo, porque muchos niños de 1 año ya comen trocitos sin triturar.

Sin embargo, reconozco que aquí, la que no ha hecho los deberes he sido yo. Trabajo fuera de casa y eso, unido a una cierta pereza y a mi limitada (por decirlo de alguna manera) cultura culinaria, ha supuesto que no haya tenido tiempo de sentarme, planificar menús y estar con él para que probara texturas nuevas.

Para nada me siento mala madre por ello. Estoy muy tranquila en este aspecto. No conozco a nadie que, con 30 años, coma solo purés. Tarde o temprano se aprenden las cosas así que el remedio que me queda ahora es empezar a enseñarle a comer sin triturar. Sin prisa pero sin pausa.

Pues en ello estoy: en pensar menús diarios para que coma troceado, que no triturado, toda la súper lista de alimentos que ya puede ingerir.

No os creáis que no he empezado. Llevamos una semana a experimentos. Eso sí, siempre tengo un puré en la “recámara” por si me manda, como pasa el 90% de las veces, a freir espárragos.

Ya os he dicho que con el pan, los aspitos, el plátano y las galletas no tenemos problema. !Le encantan! Y se pone de un contento cuando se lo doy….. Podéis imaginar que en mi bolso no falta algo de eso. 😉

Sin embargo, cuando de pavo, pescado, o verduras se trata…. ¡No hay tu tía! Cuando no vuelca el plato a modo de juego (que le divierte cantidad), se dedica a tirar, lentamente, cachito a cachito al suelo. Pero, sobretodo, el juego que más le gusta es darle los cachitos a mamá, uno a uno, para que ella se lo coma. Tal cual.

Esto último me pasó ayer con los gajos de una mandarina. Como ha aprendido a “dar esto a mamá” y, además, le gusta el juego, ¡pues oye! un gajo tras otro para mamá. Y yo, que odio las mandarinas, no tuve más remedio que comérmelos por aquello de enseñarle algo (hasta la fecha: en vano).

No estoy en absoluto preocupada si estos días come menos porque, como habéis observado, tiene unos “muslámenes” para darle no un mordisco, si no 3 o 4 aunque me da a mi que, si seguimos así, esas “lorzas” que tanto me encantan le van a durar un telediario.

¿Alguna sugerencia de menús?