¡Estamos de enhorabuena!

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Y por varios motivos, sí. Pero vayamos por partes. 😉

El primero de ellos es que ya se ha cumplido un año desde que me inicié en este maravilloso mundo bloguero. Un año que, como todo este tiempo desde que me convertí en madre, se me ha pasado volando.

Y digo maravilloso porque el tener un blog no sólo me ha dado la oportunidad de expresar mis miedos y aprendizajes sino que también ha servido para conocer a gente maravillosa de los que he aprendido un montón y me han permitido crear la que yo llamo “mi pequeña comunidad de amigos 2.0.” !Gracias a todos por hacer este blog!

El segundo motivo no es más ni menos que el poder anunciar que, si Dios quiere, en Abril Alvarito tendrá a su primer hermanit@. Desde Julio esperamos a nuestro segundo hij@.

No sabéis las ganas que tenía de contároslo pero, por precaución, hemos preferido mantenerlo en secreto hasta que pasara, sin complicaciones, el primer trimestre. Y a lo tonto, a lo tonto, ya estamos de 15 semanas. 😉

Y ¿qué deciros? ¡Que estamos inmensamente felices! Como ya sabéis, en nuestros planes estaba siempre el ampliar la familia y creo que no vamos por mal camino. 😉

Ahora bien, ha sido un trimestre terrible….:-( Muchos días tenía ganas de coger el ordenador y publicar una entrada de S.O.S. He tenido náuseas hasta por las noches. Náuseas que no me han dejado dormir. Nunca desayunaba. Apenas comía y cenaba lo que me entraba (casi nada). Todo me daba ascos. Hasta tuve episodios varios de película. Uno de ellos fue en el trabajo. Tuve que levantarme corriendo de mi despacho e ir al lavabo porque, así y de repente, como si fuera lo más normal del mundo, me entraron ganas terribles de vomitar. Y vomité.

También ha sido un embarazo de muchos mareos. ¿Cansada? Hombre, pues sí. Pero he de reconocer que así como con Álvaro no tenía fuerzas ni para toser, con este embarazo estoy algo menos cansada (o más activa). Supongo que, en parte, tendrá que ver que tengo a Álvaro correteando por aquí. Es decir, no puedo tumbarme en el sofá a la “bartola” toda la tarde a descansar. No. Ahora tengo que jugar con él, salir de paseo, prepararle la cena (entre nausea y nausea), bañarle, darle de cenar, contarle su cuento, ponerle nanas y acostarle. Casi na’. Pero no lo cambio por nada del mundo. Es mi quitapenas particular. Es estar con él y se me olvidan todos los síntomas. 😉

Los olores. Otro tema. Todo, absolutamente todo, me provocaba arcadas. Era terrible. 😦

¿Y lo peor de todo? Mi humor. Yo soy una persona activa que necesita hacer planes todos (sí, todos) los días. Ya sea sola o acompañada. Necesito salir de casa. Sin embargo, me he encontrado tan sumamente mal (y no exagero) que todos los fines de semana me los he pasado en casa. Sin salir. Sin más plan que el ver el televisor o el iPad mientras mi marido se bajaba a las zonas comunes a que Álvaro disfrutara un poco. Y eso, a mi por lo menos, unido a la brutal subida de hormonas, me iba apagando cada día hasta convertirme en casi un ogro. Por suerte, me he dado cuenta de ello a tiempo e intento morder cada vez menos. 😉 Desde aquí, gracias mi amor por soportar con cariño (demasiado) a esta portadora de hormonas revolucionadas. 😉

Ahora que el primer trimestre ha pasado, ya empiezo a ver luz al final del túnel. Tengo muchas menos náuseas, los olores los tolero más, empiezo a devorar las comidas y a hacer planes fuera de casa!.

El seguimiento del embarazo lo hago con el mismo equipo médico del Hospital Ruber Internacional que me atendió con Álvaro y con el que estuve más que bien atendida.

Esperemos que todo se vaya desarrollando bien. Os iré contando.

Son algunas ya las dudas y miedos que empiezo a tener al pensar en un segundo….;-)

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Algo más que decepcionados….

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Hoy traía una súper buena noticia para mis lectores pero, mal que me pese, he tenido que apartarla temporalmente para contaros la experiencia que estoy viviendo esta semana….

Los lectores asiduos a este blog ya saben que, como forasteros en Madrid, mi marido y yo no tenemos “canguros familiares” con quien dejar a nuestro hijo mientras trabajamos. Mis padres están en Lleida y mi suegra en Bilbao. No tenemos “abuelos” que cuiden de su nieto, ni tías/os que puedan hacerse cargo puntualmente de su sobrino (salvo mi hermana Laura que ya tiene suficiente con su hija además de estar en la misma situación que nosotros =padres en Lleida / suegros en San Sebastián.).  Así que, estos últimos 17 meses, no hemos tenido más opción que acudir a los servicios de una empleada del hogar / canguro.

La opción de acudir a guardería no era factible pues, a parte, como sabéis, de que a mí no me convence llevarles tan chiquitines, ¿qué hacíamos con él si se ponía un día enfermo? (Quien dice un día, dice 15). ¿Quién le cuidaba?.

Por eso optamos por destinar parte de nuestro sueldo (y no poco) a pagar a una empleada de hogar / canguro. Más conocida en el entorno familiar como: Beatriz. Una chica con la que hemos estado encantados. Encantados… “hasta ayer”. Trabajaba de lunes a viernes de 8:30h hasta las 18:30h con 2h de descanso coincidentes con la siesta de Álvaro, y cada dos viernes se quedaba a dormir hasta el sábado a las 14h. Álvaro estaba encantado con ella y ella a él le adoraba.

Tanto mi marido como yo la hemos tratado siempre fenomenal. Aun siendo los dos abogados, no hemos sido en absoluto de los que buscan la “trampa” para pagar menos o tenerla como alguien inferior en casa. Hemos sido (demasiado) honrados con ella. Los que nos conocen saben que éramos siempre súper condescendientes con ella. ¿Que un día no podía venir porque tenía que arreglar asuntos de su futuro matrimonio? (Y así unas 10 veces). No pasaba nada. No le poníamos ninguna pega. Yo ese día no iba a trabajar y punto. Me quedaba con Álvaro. ¿Que necesitaba un día para hacer no sé qué gestión familiar? Tampoco pasaba nada. ¿Qué llegaba tarde por X motivo? Nuestra frase era: “tranquila, no pasa nada”.  Por supuesto jamás le pedíamos que recuperara esos días y nunca se le descontó del sueldo.

¿Y en el tema de las vacaciones? Por contrato, tenía que hacer coincidir, al menos, 15 días con las nuestras las cuales, normalmente, suelen ser en Agosto. Así está estipulado por Ley como una opción, así se acordó en la entrevista de inicio, y así está firmado en el contrato de trabajo. Sin embargo, nos pidió a ver si, aun con conocimiento de incumplimiento de contrato, podía irse todo el mes de Enero a su país. ¿Qué le dijimos Diego y yo? Lejos de enfadarnos con ella e, incluso, prohibírselo, nos alegramos mucho pues suponía que, tras 4 años, volvería a ver a su familia. Nos alegramos aun suponiendo mucho más coste para nosotros pues ese mes debíamos contratar a otra persona y, a la vez, pagarle todo el mes a Beatriz. O sea, pagar a dos chicas (más Seguridad Social) en el mes de Enero. Imaginaos lo ingenua que soy yo que le propuse a mi marido comprarle nosotros el billete a modo de “regalo”. Suerte que no lo hice pues la cara de tonta que se me hubiera quedado ahora sería de chiste….. 😦

Ha desayunado, comido y merendado lo que le ha dado la gana en casa. Cuidar de Álvaro no era mucho problema y estaba encantada ya que se pasaba todas las mañanas en el parque con otras chicas con las que hizo migas. Y los viernes que se quedaba a dormir que, reitero, eran cada dos semanas, salíamos de casa dejando a Alvarito acostado. Ella lo único que tenía que hacer era cenar, ver la TV e irse a dormir.

¿Qué pasó, entonces? Os preguntaréis. Digamos que se ha roto la confianza.

En Julio hablamos con ella para proponerle una “ampliación” del contrato. Ampliación que consistía en quedarse de Lunes a Viernes hasta las 20h a cambio de pagarle 100€ más NETOS al mes. A esa propuesta ella accedió sin problema alguno. La materialización de esa ampliación de contrato iba a ser entre octubre-noviembre. Así, el fin de semana pasado, volvimos a hablar con ella para indicarle que empezábamos ya en noviembre a lo que ella nos contestó: “Pero entonces ya no me quedo los viernes a dormir, no?”. Tanto mi marido como yo, incrédulos, le decimos: “Sí, todo sigue igual. Únicamente se amplía el objeto del contrato. Si no, no tendría sentido pagarte 100€ netos más, no?”. Finalmente, tras aclaraciones varias ella nos dijo: “Perfecto. No tengo ningún problema”. Hasta aquí todo bien.

Las malas noticias llegaron el lunes. Después de comer vino donde estábamos Diego y yo y nos preguntó si podía hablar con nosotros. En resumen y para no aburriros más nos vino a decir que a ella no le importaba en absoluto quedarse hasta la hora que sea entre semana pero que los viernes no quiere quedarse a dormir nunca y que si no iba a ser así, ella ya nos anunciaba en ese momento que dejaba el trabajo.

Ahí empezó todo este calvario que estamos pasando ahora mi marido y yo. Calvario no por el hecho de que ella se vaya, que a mí personalmente me está afectando bastante por el hecho de haber estado con ella un año, de consistir su trabajo en cuidar y tratar con cariño a mi hijo, etc. sino por cómo lo está haciendo.

Perdonad la expresión pero “va a jodernos”. Pretende que una clara e inequívoca rescisión voluntaria del contrato por su parte, se haga pasar como un despido. Es ella la que ha renunciado voluntariamente, no a las nuevas condiciones, sino a la que estaba firmada desde un comienzo por contrato, esto es, no dormir los viernes.

Diego y yo debemos de ser idiotas porque, por quitárnosla de encima YA, y porque no merece la pena discutir e iniciar una batalla legal, hemos accedido a pagarle indemnización. Lo único que queremos es que se vaya y desaparezca de nuestras vidas ya. Siendo abogados sabemos lo desagradables que son este tipo de juicios por lo que, por 400€ de indemnización, intentaremos evitarlo. Ahora bien, esto no ha acabado ahí. Como pongan (y hablo en plural porque el que mete cizaña aquí es su marido) alguna pega, una sola, mi marido ya tiene claro que no accederá a ninguna otra cosa más. Lo que está claro es que si quieren ir a juicio desconocen que, gracias a nuestras profesiones, tenemos en Madrid a todo un ejército de abogados a nuestro servicio unido a que conocemos a muchos jueces del orden jurisdiccional. Y, en mi caso personalmente, si quieren ir a por nosotros para seguir sacándonos el dinero, no saben que, a nivel legal, ya tengo un par de Ases preparados bajo la manga.

En fin, como veis, estamos decepcionados y tristes. Confiábamos en ella y ya la contábamos como una más en la familia. Quizá es que nos encariñamos demasiado con la gente y debemos ser más “fríos”. Desde luego, para la próxima, intentaremos no caer en lo mismo.

Aprovecho este post para dejar constancia de mi total disconformidad con la actual normativa que regula el trabajo de Empleada del Hogar. Estoy de acuerdo en que ya era hora de que tuvieran ciertos derechos pero es que ¡tienen muchos más que yo! Para que veáis un ejemplo: “Durante el período de preaviso la empleada del hogar despedida tiene derecho a una hora libre cada día, pagada, para buscar otro empleo.”¿En qué trabajo te dan una hora, PAGADA, para buscar otro trabajo? Yo, desde luego, cuando he tenido que buscar otro trabajo, lo hacía en horas que no interfirieran en el mío actual.

Dicho lo cual, ahora estamos buscando alguien que sustituya a Beatriz a partir del 3 de noviembre. Eso sí, ahora hemos cambiado ciertas condiciones. Buscamos una interna. Por supuesto sé que todas tienen fecha de caducidad pero intentaré buscar “de lo mejorcito lo mejor” para cuidar de mi peque.

A ver si hay suerte…. Ya os contaré….Se aceptan recomendaciones en Madrid 😉

Se cambia moto por coche…

FOTO Mer y Diego moto por Madrid

No. No es el título de ningún anuncio. Por lo menos no de ahora. Sí lo fue hace 18 meses.

Tener un hijo, como todos sabéis (y estaréis hartos de oírlo), te cambia la vida. En mi opinión “a mucho mejor, sin duda”. Sin embargo, la venida al mundo de ese pequeño ser te hace replantear cuáles de las cosas que tienes ahora no serán las “más adecuadas” con un bebé en tu vida.

En ese sentido, una de esas “cosas” poco adecuadas (llamémoslo así) que tanto Diego como yo hemos tenido que cambiar ha sido, sin duda, el medio de transporte.

Sí señores. Diego y yo éramos de esos matrimonios que nos movíamos por la capital con una moto (cada uno). Los que nos conocen saben que hemos sido (y yo creo que en el fondo seguimos siéndolo) unos amantes de las motos (de ciudad, como las llamo yo). 😉

Yo venía de vivir en Barcelona y, evidentemente, las buenas costumbres se me pegaron. Con 24 añitos, y mi primer sueldo, me compré mi primera moto. La primera de 3 que tuve en 5 años. ¡Qué contenta iba yo! Años más tarde logré convencer al que era, por aquél entonces, mi novio (hoy mi marido). Y así hasta varios años después.

Algunos os preguntaréis, ¿y coche? Pues, sinceramente, no era necesario. Para moverse por Madrid no hay nada más cómodo que una moto. Vayas donde vayas, se tarda, de media, 15 minutos (y no los 40 que tardo yo ahora todas las mañanas en llegar al trabajo). ¿Y para ir a nuestras respectivas casas (Lleida o Bilbao)? Para eso cogíamos Ave o Avión según el destino.

Sin embargo, en cuanto llegó el positivo en el test de embarazo….esa carencia se convirtió en máxima prioridad. Y ya no era una necesidad a 9 meses vista. No. Yo tampoco podía ir en moto así que, digamos, que necesitábamos coche “para ayer”.

Nos pusimos a mirar modelos varios y finalmente nos decantamos por un Toyota 4×4 (de los que me gustan a mí) con un buen maletero (que luego agradecí tener).

¿Qué opinión merece el coche vs. la moto?  Ir en coche es muchísimo más cómodo (en cuanto a confort se refiere). ¡Para qué nos vamos a engañar!. Vas calentito en invierno y fresquito en verano. Tienes tu música y/o comentaristas amenizando el tráfico. Y, lo más importante, los demás coches te ven. [¿O debería decir los taxistas? Porque aquí en Madrid yendo en coche actúan como si no estuvieras en tu carril pero es que si, además, vas en moto, automáticamente te conviertes en invisible para ellos.]

Así, mi moto quedó inutilizada en el parking de casa durante más de 9 meses. Cambié moto por coche. No así mi marido que seguía usando la suya. Sin embargo, no fue hasta que nació Álvaro, y nos mudamos a las afueras de Madrid, que nos planteamos vender las dos motos. ¿Qué haría mi marido? Pues con el dinero que nos dieron por la venta de las dos motos, se compró un coche pequeño. De los mejores para moverse por Madrid.

Esa es una de las grandes cosas que ha cambiado nuestra vida. Tener que cambiar las dos (adoradas) motos por dos coches.

¿Y nosotros? Felices con el cambio. Eso sí, si algún día volvemos a vivir por el centro de Madrid, tanto mi marido como yo tenemos claro que lo primero que haremos será comprarnos una moto. 😉

¿Qué hay que saber sobre el Ébola?

ébola

No sé vosotros pero yo estoy algo inquieta (más que eso, diría yo) por este tema.

Hasta ahora lo veía como algo lejano. Algo que los diferentes Gobiernos eran capaces de controlar. Algo ajeno a nuestra vida cotidiana…

Sin embargo, cuando se supo que una auxiliar de enfermería del Carlos III se hallaba infectada con el virus de Ébola y estaban investigando otro posible caso de una enfermera de La Paz, desde entonces no paro de leer las últimas noticias que van publicando sobre el Ébola. Y es que, en Madrid por lo menos y hasta que demuestren lo contrario, hay sembrada una gran incertidumbre.

¿Qué va a pasar? ¿Está todo controlado como afirman desde el Ministerio de Sanidad y expertos varios del campo medicinal? ¿O, por el contrario, esto puede desatar en una incontrolable epidemia? Confío más, o eso quiero creer, en la primera opción.

Sea como fuere, os dejo las claves más importantes que hay que saber sobre el Ébola y que he encontrado publicadas en varios periódicos como El Confidencial:

Cómo se contagia. El ébola sólo se transmite mediante el contacto directo con los fluidos (sudor, orina, saliva…) generados por una persona infectada. Es decir, que no se transmite por el aire, como por sí ocurre por ejemplo con el virus de la gripe.

Cuándo se contagia. La enfermedad sólo puede ser transmitida por personas infectadas que ya hayan comenzado a sentir los síntomas generados por esta dolencia. Hasta que los síntomas se manifiestan, el enfermo no contagia el virus. Ese periodo silente puede durar varios días, por lo general entre 8 y 10.

Cómo se manifiesta. Según la Organización Mundial de la Salud, los primeros síntomas son una temperatura corporal superior a los 38,6ºC, debilidad y dolores musculares, seguidos de vómitos, diarreas y hemorragias.

Cómo se trata. En estos momentos se están probando diferentes tratamientos experimentales en pacientes infectados, pero aún no existe ninguna vacuna que haya demostrado acabar con el virus. Por tanto, hasta ahora, el único tratamiento posible consiste en afrontar los diferentes síntomas conforme van apareciendo. Por ejemplo, los efectos de la diarrea y los vómitos se combaten con una hidratación abundante del paciente, y también se supervisa que la presión arterial y los niveles de oxígeno sean los adecuados.

Cuántos se salvan. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el índice de superación de la enfermedad varía en función de los brotes. En los peores casos, el ébola tiene una letalidad del 90%. En esta ocasión, la propia OMS ha cifrado la tasa de mortalidad en el 51%.

Cómo se descarta. Los pacientes de riesgo que hayan mantenido contacto con alguna persona infectada son aislados y controlados para garantizar que su temperatura no supera en ningún momento el límite de 38,6ºC. Se les toma la temperatura dos veces al día durante tres semanas, el periodo de seguridad establecido para comprobar que no se ha contraído el virus. No obstante, existen pruebas de laboratorio para descartar con la máxima fiabilidad la presencia de esta enfermedad en un organismo.

Cómo reducir el riesgo. La mejor forma de no contraer la enfermedad es evitar el contacto directo con personas infectadas, pero además conviene aplicar otras medidas preventivas en zonas de alto riesgo, como lavarse con frecuencia las manos y no tocar objetos que hayan estado en contacto con enfermos. En todo caso, cuanta menor sea la proximidad a zonas de alta concentración del virus, mejor.

¡Ánimo a todos!

Es preferible contratar a mujeres que no vayan a tener hijos.

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Supongo que, a estas alturas del día, a la que hayáis leído algo por Internet (léase facebook) o visto un telediario, estaréis “en onda” con la noticia del día.

Y es que, por lo visto, “es preferible contratar a mujeres que no vayan a tener hijos”. Mónica de Oriol dixit. Y todo “por el amparo que da la ley a las madres trabajadoras”.

¿Amparo de qué? Resulta que, según esto, hemos de entender que estamos bien amparadas. ¿Dónde lo pone Señores? Que yo, aun siendo abogada, ¡no me he enterado!.

¿11 años sin poder despedir a una mujer que ha dado a luz por haberse acogido a la jornada reducida? Señores! Que estamos en España! Dudo que ningún empresario de este país conozca, a estas alturas, el dicho: “Hecha la Ley. Hecha la trampa.” El que está descontento con una empleada (que casualmente está amparada por la Ley) encuentra el modo de que ese “despido” no sea improcedente.

¿16 semanas de supuesta baja se considera estar bien amparadas? Entonces, por qué a la que una madre (de las pocas afortunadas que hay en España) cuando se le terminan esos (a mi modo de ver: birriosos) 4 meses de baja por maternidad, se pide una comprensiva excedencia? Simplemente porque ES NECESARIA. En mi familia ya hay dos casos: mi hermana Mónica y mi prima Cristina.

Y ¿qué me decís del “para llegar a un puesto directivo requiere de sacrificios?”. O sea, ¿para llegar a ser directiva, según esta mujer, he de optar por decir “No” a ser madre? Es triste y esto no debería ser así. Que se lo digan a la que, casualmente, es la jefa de mi hermana Mónica: Mar Raventós. Presidenta del Grupo Codorniu y madre de 6 hijos. Hijos a los que, por mucho trabajo que tenga, dedica un momento por separado a cada uno de ellos cada semana. Sí, cada semana.

“En el trabajo soy Mar Raventós pero cuando estoy con mi familia soy la señora de mi marido y me gusta hacer de madre”.

¿Tengo que volver a poner el vídeo de “Ser madre es un Plus”?.

Yo entiendo que es “costoso” para el empresario cuando una mujer está de baja por maternidad y que el tema, polémico donde los haya, admite matices. Pero, ¿qué pasa con todos esos años en los que esa empleada (ahora de baja 4 birriosos meses) se ha “deslomado” por la empresa? Y no olvidemos que pasados esos meses la mujer volverá al pie del cañón.

¿Realmente, por esto, compensa no contratar a mujeres de entre 25 y 45 años? Qué equivocada está Sra. De Oriol.

En fin, juzguen ustedes mismos. La noticia está en todos los periódicos.

Cuánto tenemos que aprender de otros países…..