El gran avance del “aio”.

ENGA TA LUEGO

O, por lo menos, eso es lo que piensa mi marido.

Empezaré aclarando que cuando en casa se oye, de la boca de un renacuajo, la palabra “aio hay que entenderlo como un adiós”.

¿Os acordáis del post que publiqué en referencia al hola”, en el que hablaba sobre la inmensa fijación que tenía mi hijo para con la gente adulta a quien, fuese quien fuese, saludaba con un simpático desparpajo?

Pues bien, pasada esa etapa, ahora nos ha dado por el “aió” que, a diferencia del “hola”, usa no sólo para personas sino, también, para cosas. Un súper avance. Ahora os explicaré mejor.

Los que tienen, o han tenido, hijos que han pasado por la inquietante etapa de los 13 meses, lo entenderán mejor. Una etapa en la que los niños adquieren no sólo la independencia que no tenían hasta entonces sino el conocimiento de que ésta existe y pueden hacer “lo que les da la real gana”. Ahí empieza la fase del “desafío a papá y mamá”.

Mi hijo siempre ha sido un bendito. Un niño que apenas ha llorado, dormía (y duerme) sus 12h-14 horas seguidas, un niño “fácil” al que he podido llevarme a todas partes sin molestia alguna.

Yo estaba encantada. ¡Pedazo de hijo tenía! Pero cumplió los 13 – 14 meses y empezó a andar. ¡Ay amigos! ¡Se me acabó el chollo!. Y todo eso unido al comienzo de mi embarazo: náuseas y cansancio…. Fue terrible. Corriendo de un lado para otro (y yo detrás). Fue cuando empezó a “desobedecer”. Sí, señores. ¡Qué pronto aprenden!

Pues bien, así hemos estado fácilmente 6 meses. Y ¿qué ha pasado? Que ha venido el oportuno “aio” para darnos un poco de tregua. 😉

Ahora mi hijo empieza a obedecer. Y todo ¿gracias a qué? Al “aió”. De ahí que mi marido, con toda la razón del mundo, diga que ha resultado un gran avance para nuestras vidas.

Es un niño que tiene 22 meses y, evidentemente, ya se entera de todo. Conoce el significado de, prácticamente, todo lo que le rodea y repite (porque eso sí, es un charlatán de mucho cuidado) absolutamente todo (palabras e, incluso, melodías de canciones). Es increíble lo que cambian en pocos meses. Ello, unido al “aio”…. ¡Qué gran paso hemos dado!

El “aio” nos está ayudando a que ordene sus juguetes, a cambiar de tarea, a ir a cenar cuando toca, a despedirse de su querido parque, a apagar el iPad (sin berrinches) cuando el capítulo de Api (Peppa Pig) termina, a recoger todas las piezas de Mr. Potato cuando la hora del juego se ha terminado (aunque aquí, reconozco, a la que me descuido, vuelve a volcar el muñeco y todas las piezas al suelo. Vuelta a empezar), a irse a dormir, etc. En definitiva: a obedecer.

Y con las personas otro tanto de lo mismo. Si con el “hola” me sonrojaba en el súper, con el “aio” no está siendo menos. Además, ahora es más consciente todavía y su tono de voz aumenta ligeramente. Y ya, cuando hay niños de por medio, disfruta.

Cuando habla por el Facetime con “ela” (su abuela materna, la otra es “abu”), antes de colgar le tira un beso y le dice “aio”. De hecho, el otro día le enseñaba fotos de “ela” en el móvil y se reía diciendo “aio ela”.

Y con su padre es igual. Como cuando Diego llega de trabajar Álvaro ya está dormidito, intento llamarle todas las tardes para que hablen padre e hijo. Le suelta un súper speech que ni yo entiendo y cuando se cansa llega el momento “beso y aio”.

¿Y a Carlota? También le decimos “aio” casi todas las noches. Aio a la barriguita de mami. Aio a la foto de su eco 3D que tenemos en el salón. O, simplemente, no decimos “aio” a la hermanita. Depende como nos pille ese día. 😉

Y, por último, ¿que no le apetece algo? Recurre, como no podía ser de otra forma a su socorrido “aio”: aio bibe, aio plato de comida, aio agua, aio tete (¡Sí, señores! La etapa del chupete también está superada), etc.. 😉

En fin, ¿ha sido o no ha sido un gran avance? 😉

Vacuna de la Tos Ferina en embarazadas.

ES_1405¡Parece que ya queda poco!

El pasado viernes tuvimos la eco de los 7 meses y ¿os podéis imaginar que ya medio planificamos el parto? Esto ya está llegando a su fin. ¡Qué ganas!

En vistas de ello no nos queda más remedio que pasar la Semana Santa en Madrid. ¿Quién sabe cuándo puede nacer Carlota? (Sí, finalmente ese es el nombre ganador para nuestra princesa.) ;-).

Pero el post de hoy no va en relación al nombre (que tampoco da tanto de sí) ni sobre cómo me siento en este inicial octavo mes de embarazo, que me siento fenomenal dicho sea de paso. No. Hoy voy a hablar de la vacuna de la tos ferina y que me pusieron el pasado viernes en la consulta, como he dicho, de los 7 meses.

Para aquellos que no lo sepan (como yo hasta hace pocos meses) la tos ferina es una enfermedad respiratoria muy contagiosa que puede acabar siendo grave en los recién nacidos.

Aun estando en el siglo XXI, se está observando un  incremento en la incidencia de tos ferina en nuestro país que afecta especialmente a niños menores de un año, sobre todo en lactantes menores de dos meses que todavía no han recibido la vacuna. Así, y aunque suene muy dramático para el siglo en el que estamos, cada vez son mayores las muertes de bebés menores de 2 meses por contagio de la tos ferina. Una enfermedad aparentemente no muy grave en adultos pero que, como he dicho, puede ser mortal en bebés.

Según datos publicados por el Ministerio de Sanidad en un estudio realizado para recomendar o no dicha vacuna en embarazadas, “alrededor de la mitad de los bebés menores de 1 año que contraen la tos ferina necesitan tratamiento en el hospital. Aproximadamente 1 de cada 4 bebés hospitalizados con tos ferina contrae neumonía (infección de los pulmones) y unos 2 de cada 3 tendrán problemas para respirar. La tos ferina puede ser mortal para 1 o 2 bebés de cada 100 que son hospitalizados.”

Sin embargo se ha demostrado que la estrategia más efectiva para proteger a los bebés es vacunar a las embarazadas. Así, si se vacuna entre las semanas 27 y 32 a una mujer embarazada, la madre pasa los anticuerpos al  feto a través de la placenta de manera que el bebé nace como si estuviera vacunado.  Sólo de esta manera se protege al lactante en un momento en el que es especialmente vulnerable a la enfermedad.

Dicho esto, y siguiendo las recomendaciones no sólo de mi ginecólogo (al que, evidentemente, haré caso por encima de todo) sino también de la pediatra de Álvaro que ya me lo comentó hace meses, el pasado viernes, en la consulta con mi Dr., me vacuné contra la tos ferina.

Evidentemente esta recomendación es novedosa pues con Álvaro no me vacuné. Surgió entre 2013-1014. Pero es que, además, desde entonces recomiendan que la mujer se vacune en cada embarazo.

La vacuna en sí no tiene nada de diferente con respecto a las demás. Te pinchan en un brazo, en mi caso fue en el izquierdo, y a por otra cosa, mariposa. ¿Efectos secundarios? Ninguno salvo “leve” dolor en la zona del pinchazón. Y pongo “leve”, entre paréntesis, pues yo he de reconocer que lo pasé fatal el viernes – sábado e, incluso, domingo. Sí, ese “leve” dolor se tradujo en una mezcla entre tendinitis y agujetas desde el hombro hasta los ligamentos de la mano que me impedía mover el brazo entero. De hecho, la noche del viernes apenas dormí 6h del dolor. Así que por la mañana escribí a mi hermana Victoria, que es médico, para que me diera algún remedio para el dolor. ¿Solución para una embarazada? Paracetamol y…. “ajo y agua”. Total, una molestia más sumada a las típicas que surgen a lo largo de 9 meses de embarazo. 😉

Embarazadas y madres recientes. ¿Os han vacunado también?

Buenísima iniciativa: ¡Mamás en acción!

Slide-insignia

No sé si serán las hormonas del embarazo, que también, o sencillamente que esta iniciativa me pareció de lo más entrañable.

La semana pasada volvía a casa después de un largo día de trabajo cuando, en el programa que Ramón García tiene en COPE, entrevistaron a una de las impulsoras de la Asociación “Mamás en acción”. Apenas fueron 20 minutos de entrevista pero ¡qué 20 minutos! No pude evitar dejar caer alguna lagrimilla. ¡Olé por esas madres Valencianas! y ¡Olé por Majo Gimeno, su impulsora!.

Me gustó tanto que en cuanto llegué a casa les envié un e-mail para darles la enhorabuena y, sobretodo, para pedirles que contaran conmigo en Madrid.

Esta Asociación, de la cual os voy a hablar a continuación, empezó con una idea (bendita idea) en 2011.  Os dejo el lema que tienen en su página web. Creo que lo dice todo.

lema

Desgraciadamente no hace falta irse a países desfavorecidos como África para ver cómo cada vez es más frecuente el hecho de que haya niños sin padres o con estos pero que, por las circunstancias que sean, no pueden hacerse cargo de sus hijos. Niños que viven en Centros de Acogida y niños que, aun con edad avanzada, nunca han soplado una vela por su cumpleaños. En definitiva, niños a quienes les falta el cálido abrazo de una madre.

Así nació esta Asociación cuya única vocación es hacer, aun siendo sólo por unas horas, de madres de esos niños que tanto la necesitan. ¿Cómo? Pues tan sencillo como acudir un día a la salida del colegio para que ese niño también tenga el abrazo de ese encuentro como los demás. O acompañarle un día al médico, pasear por la calle de la mano de una madre o, simplemente, llevarle al parque con tus hijos una tarde. En definitiva, hacer de madre por unas horas.

Además, para aquellas que tengan hijos, también resulta muy educativo pues les enseña lo suertudos que son al tener todo. Así aprenden a valorar lo que ellos tienen.

Al llegar a casa se lo conté a mi marido y le fascinó.

¿Os ha gustado? A mí me parece sensacional. Tanto que, como os he dicho, aun siendo madre de “casi” dos niños y siendo mi profesión la abogacía (que requiere mucha dedicación), estoy dispuesta a sacar tiempo de debajo de las piedras para ser una Mamá en Acción. ¿Cómo? Pues cuando esta Asociación venga a Madrid ya os contaré.

Lamentablemente todavía están sólo en Valencia (ya son más de 100 madres) pero ya están organizando un evento en la capital para poner en marcha su misión aquí pues, niños faltos de madre hay en todas partes y cuántas más seamos para ayudar, mejor para ellos.

Os dejo su web por si queréis informaros:

www.mamasenaccion.es

principios

Niños pegones y padres pasotas.

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Recuerdo, hará un año aproximadamente, cómo María, autora del blog “MamaPuede”, publicaba una entrada haciendo referencia, precisamente, a la actitud de ciertos padres para con sus hijos en lugares públicos. Una materia de la que yo en su día poco podía opinar pues, con Álvaro siendo un bebé, apenas frecuentaba los parques infantiles.

Sin embargo, digamos que ya he adquirido la experiencia suficiente como para poder dar mi opinión en ciertos aspectos. Y es que, desde que Álvaro empezó a andar, han sido muchos los parques (y zonas infantiles) en los que se ha divertido.

Experiencia, por otro lado, algo desagradable y basada en cómo lidiar con niños pegones y padres que, aun en presencia del suceso, ni se inmutan. A veces pienso que lo hacen a propósito (los padres) pues, desgraciadamente, gente “maleducada” hay en todas partes.

Yo creo que todo niño, sin ser consciente, pega en algún momento (o varios) de su infancia. ¡Lógico! Están aprendiendo a defenderse. Además es algo de lo que no hay que darle mucha importancia.

Sin embargo, de ahí a que sus propios padres, aquellos que tienen que educarles e inculcar una buena conducta, no se molesten en corregirles o en llamarles la atención cuando a su hijo le da por “acariciar” a otro niño, me parece de muy mala educación. Y ya, cuando el niño que recibe el bofetón es tu hijo, y dentro de toda la diplomacia posible en un momento así, yo ahí ya no me corto un pelo.

Sin llegar a la vulgaridad de Belén Esteban, “yo, por mis hijos, mato”. 😉

Evidentemente cada caso es distinto. No es lo mismo un niño consciente de lo que hace que un bebé. Ni tampoco es lo mismo que un niño pegue y que sus padres en el momento le llamen la atención a que éstos no digan nada.

Hace dos semanas, aprovechando el tiempazo que teníamos en Madrid, tiempo más típico de un mes de Marzo de que un Enero, fuimos a pasar parte de la mañana del domingo a un parque que tenemos cerca de casa.

Y no fuimos los únicos que decidimos hacer ese plan. Todo el barrio estaba en la calle disfrutando del solazo y todos los parques estaban repletos de niños. Daba gusto.

A mi hijo le encantan los toboganes así que podéis imaginar dónde fue directo. Como estaba el parque abarrotado, había overbooking en las escaleras para subir. Pero es que, aun con el overbooking, había un niño arriba de unos 5 años que se dedicaba a pegar con un utensilio puntiagudo (no logré descifrar qué era) en toda cabeza de niño que subía. ¿Los padres? Sin inmutarse.

Cuando llegó mi hijo, gracias a Dios, no le pegó pero sí, haciéndole barrera y medio empujando, le soltó un: “Tú no puedes. Eres un bebé.” ¿Y los padres? seguían sin inmutarse así que amablemente levanté su mano diciéndole con sonrisa amable pero irónica: “Sí, claro que pasa. Este tobogán es para que jueguen todos los niños”. Y así, sin más, la “barrera” se abrió a todos los presentes.

Al poco rato, y en una especie de caseta en la que estaba jugando Álvaro, entró otro niño, de la misma edad que él y casualmente llamándose igual, que entre “juego y juego” le espetó un bofetón en la cabeza. A mí me entró la risa. Y ¿por qué? Os preguntaréis. Sencillamente porque era un bebé que no atendía a razones, que no lo hizo a mala fe y, además, su padre no tardó ni medio segundo en decirle que eso no se hacía.

Álvaro, que es un bonachón, lejos de ponerse a llorar se le quedó mirando sonriendo. Y es que, comentando con mi marido, la diferencia de tamaño entre ese niño y el nuestro, era abismal. Vamos, que si mi hijo “sopla” le tumba. Por eso nos hizo gracia que ese renacuajo le pegara.

En fin, soy consciente de que no será ni la primera ni la última vez en vivir una experiencia así. ¿Os habéis encontrado vosotros en situaciones similares? En ese caso, ¿qué hacéis?