Mudanza: embarazada de más de 8 meses y con un hijo de casi 2 años.

  

Sirva este blog y, en especial, este post para dejar por escrito la promesa de que nunca, nunca jamás, volveré a hacer una mudanza a 3 semanas de dar a luz y con un hijo, de casi 2 años, danzando por casa.

Y es que, no sé qué tienen los embarazos en mi familia que en casi todos nos da por hacer mudanzas. 

Ya mis padres, cuando yo nací – era la tercera hija -, se cambiaron a la casa en la que actualmente viven. 

Mi hermana Victoria, a dos meses de dar a luz a Jorge, también se mudó -junto con dos niños más- a una casa nueva. 

Mi hermana Laura que, recordaréis, tuvo a la niña prematura, ingresó en el hospital el mismo día en que tenía programada la mudanza. Tuvo que ir mi marido a abrir la puerta de la casa a los mudanceros.

¿Y nosotros? Pues, qué puedo decir. Parece que no escarmentamos con la mudanza a cuestas que realizamos cuando yo estaba embarazada de 7 meses de Álvaro. Y ahora, a 3 semanas de conocer a Carlota, sólo se nos ocurre a nosotros planificar otra mudanza. Y encima, esta vez, con mucho menos margen “de maniobra”.

Como veis, esto de las mudanzas viene de familia. Sólo falta mi hermana Mónica. ¡Sister! Piénsatelo 2 veces antes de mudaros! 😉

¿Cómo estamos? Agotados. Y yo, reconozco, agobiada. Agobiada porque aunque ya tenemos prácticamente todas las cajas desembaladas y las cosas colocadas en su sitio – esto ya empieza a parecerse a un hogar – ahora nos falta, quizá, lo más importante: ordenar toda la ropa de Carlota, preparar su maleta para el hospital – y la mía -, montar la cuna, el Bugaboo y la bañera. Casi nada. Solo de pensarlo ya me agobio…. 😦

He de dar las gracias a mi prima Cristina pues sin su ayuda, el día de la mudanza, habría sido peor. 

Y es que nos brindó su casa para dejar a Álvaro y a la chica durante todo el viernes – día de mudanza -. 

¡Bendita idea! Álvaro se lo pasó bomba. Os recuerdo que mi prima tiene 4 hijos varones así que podéis imaginar la habitación de juegos que tienen. ¡Una habitación que tiene de todo! Álvaro enloqueció nada más entrar (ya la conoce de otras ocasiones). Además, se nota que – de momento – es hijo único (por poco tiempo) y que necesita estar con otros niños. De ahí la importancia de tener hermanos. 😉 

Qué puedo decir: ¡disfrutó como un enano! 😉 Y nosotros pudimos gestionar bien la mudanza.

A las 20h fuimos a recogerle y a las 21h estábamos todos cenando. Eso sí, cenando entre cajas de cartón.

El resto del fin de semana que, recordaréis, fue pasado por agua, tuvimos a Álvaro casi todo el día sentado en una trona distrayéndole a base de dibujos. Sé que no es lo mejor del mundo – llamadme mala madre – pero ¿qué haces con un niño de casi 2 años en una casa llena de cajas y peligros para él mientras fuera no para de diluviar?.

Además de todo, la casa es un duplex por lo que podéis imaginar el peligro añadido. Eso sí, una de las primeras cosas que hizo mi marido fue instalar en las escaleras- tanto arriba como abajo  – una puerta de seguridad para niños.

A todo esto se le sumaba el no tener Internet. Pues la “querida” compañía de telecomunicaciones, aun habiendo mi marido planificado el traslado con un mes de antelación y habiéndoles indicado que el traslado se realizaría el viernes 20 de marzo, no fue hasta el lunes 23 por la tarde que vino el técnico a instalarlo. Sin comentarios ¡Manda narices!.

He de decir que Álvaro lo está llevando muy bien. Tanto Diego como yo creemos que la casa nueva le encanta y, de momento, está contento. Desde su habitación se ve el parque infantil por lo que cada mañana, sin tregua, lo primero que hace al despertarse es pegarse al ventanal y decir: “hola arque” (parque). Lo mismo si va al salón donde se ve la piscina. Va corriendo y saluda con un: “hola ina”. 😉

Ahora bien, es cierto que, quizá, está más susceptible de lo normal y llora con más facilidad – cuando no nos viene con las temidas rabietas-. Mi marido y yo bromeamos cada vez que llora diciendo que la vecina de enfrente – quien lleva un año sin vecinos – se está arrepintiendo de que hayamos desembarcado nosotros. 😉 Espero que no. He de decir que es encantadora.

Aun así entendemos que su reacción es normal. Para él también es un súper cambio. Un cambio previo al nacimiento de su hermana. Espero que todo salga bien. Temblando estoy. 😉

Recapitulemos: fin de semana en casa nueva /  llena de cajas / con unas escaleras peligrosas donde las haya para dejar a un niño que campe a sus anchas por la casa / sin Internet / diluviando todos los días – sin parar – / y yo embarazada de más de 8 meses. 

Conclusión: nunca más. Ha sido agotador aunque para agotado mi marido. Ha trabajado como nunca y gracias a él, hoy podemos decir que tenemos un hogar habitable. ¡Gracias mi amor!

Gracias a Dios ya hemos terminado casi con todo. Solo falta, como he dicho, las cosas de Carlota que, como no me ponga las pilas, me veo volviendo del hospital y buscando los pañales entre cajas. 🙂

¡Mamá, papá, en la próxima mudanza os mandamos a los niños una semana – MÍNIMO -.! 😉

De planes por Madrid

parque europa 2¿Os podéis creer que, aun viviendo en la capital, hay fines de semana que “no sabemos qué hacer”? Pues sí, señores. Y, como podéis imaginar, no es por falta de planes si no por pura ignorancia. Y es que Madrid siempre tendrá algo que ofrecer.  Otra cosa es que nosotros sepamos encontrar qué ofrece. 😉

Cuando éramos “solteros” y estábamos motorizados, todo era más fácil. Nos pasábamos el fin de semana fuera de casa. Que si una tarde en la Latina. Que si un aperitivo en Plaza Olavide o unos pinchos por Malasaña. Que si un concierto en Las Ventas o, incluso, una cenita romántica en el barrio de Salamanca.

Pero ¿con niños? Con niños la cosa – y los planes – cambian.

Cambian sí, pero no impiden. Evidentemente ir con un niño de 22 meses a tomar cócteles al bar más chic de Madrid no es el plan más adecuado para el – ni para nosotros -. Esos planes los reservamos para nuestra noche libre de los viernes. ;-). Pero ¿qué pasa con los sábados y domingos? Sí, esos días en los que toca ejercer de padres adultos y responsables. Ahí entro yo en juego.

Y es que, como dice mi marido, soy un “culo inquieto”. Ya puedo estar embarazadísima, a punto de explotar, como ahora, que llega el fin de semana y necesito estar fuera de casa. Ya llueva, ya haga un sol espléndido.

Sin embargo, a veces cuesta encontrar un plan decente para hacer con niños en Madrid sin acabar agotado. Y a mí, reconozco, me cuesta encontrar esos planes.

Aun así, el fin de semana del 7 y 8 de Marzo, aquél en el que toda España, a diferencia de la que se avecina este “puente”, parecía estar en verano, descubrimos “Parque Europa”. A lo mejor – seguramente – muchos de vosotros ya lo conocíais. Yo, reconozco, no tenía ni idea de su existencia hasta hace apenas unos meses que nos lo sugirió mi hermana Laura.

Me pareció espectacular y un sitio precioso para pasar el día en familia disfrutando del sol primaveral. Parque Europa no sólo es un parque para pasear sino que tiene muchísimas actividades para disfrutar con los más peques. Desde unas barquitas hasta un trenecito – turístico e, incluso, una súper tirolina. Por no hablar de los preciosos monumentos en minuatura. ¿Lo único malo? Como siempre, en estos sitios, la comida. Después de hacer casi 2 horas de cola en uno de los “supuestamente” mejores restaurantes de ahí – evidentemente a Álvaro le di un potito en el césped – decir que comimos mal es ser demasiado benévolo.

Por lo demás, fue un plan perfecto para ese domingo primaveral.

Eso sí, aprendimos que – con calor – hay que llevar siempre encima un biberón de agua. Y es que Álvaro sabe beber de taza o vaso – siempre controlado – pero cuando el ansia por la sed le puede…. no hay manantial que le sacie si no es a través de biberón. Fue un momento de crisis – fuerte recuerdo yo – en el que tuvimos que ir al coche a buscar su biberón de agua. Entre la sed, el cansancio de caminar tanto y el sueño… nuestro hijo se transformó. Sin embargo, tras beberse el biberón de agua en menos de 2 minutos y descansar en la Maclaren, Álvaro volvió a la normalidad. 😉

Reconozco que, para mí, no fue el mejor plan después de haber tenido una amenaza de parto prematuro pues me pasé más de 4h de pie caminando. Cuando se lo dije al ginecólogo casi le da algo… Aun así, disfrutamos muchísimo.

En fin, os voy a dejar unas imágenes para que os hagáis una idea de cómo es. Sin duda es un planazo para los que estamos en Madrid e, incluso, para los que vengáis de visita. La entrada es gratuita 😉

parque europa 1parque europa 3parque europa 4parque europa 5parque europa 6

Espero que os haya gustado.

¡¡Que paséis mañana un Feliz día del padre!! Aquí en Madrid es fiesta así que lo celebraremos con un buen arroz – capricho de papá –. 😉

Los celos tras la llegada del nuevo hermanito.





Sí, amigos. Hoy toca hablar de un tema de suma importancia. Sobretodo para aquellos que, como yo, van a ser padres por segunda vez. Y es que los que tenéis más de 2 hijos ya os considero todo unos expertos. 😉

Lamentablemente, en este post, no puedo hablar desde la experiencia pues no será hasta dentro de unas semanas que lo viva en persona. Rectifico: “vivamos” – no puedo olvidarme de mi marido pues es una pieza clave. Y, aunque sabemos (porque lo hemos visto en familias cercanas) que cada caso es distinto, tanto Diego como yo “nos estamos preparando mentalmente” para sacar lo mejor de Álvaro ante una situación, en la mayoría de los casos, inevitable.

Ya os conté, en los inicios de este blog, que quedé fascinada con la Escuela de Padres que impartía, entre otros, los Cursos de Preparación al Parto. Y es que, desde que me quedé embarazada de Álvaro, no hemos dejado de ir. Como su propia palabra indica, es una “Escuela de Padres” que ayuda desde los inicios (embarazo) hasta la adolescencia. 

Pues bien, en este segundo embarazo hemos acudido, entre otros, a una charla que impartía la pediatra de Álvaro – Directora del Centro – sobre “Los celos tras la llegada del nuevo hermanito”. 

Fue una charla que nos gustó muchísimo – como todas las que da ella – y, sobretodo, nos fuimos con una sensación de tranquilidad y con la certeza de saber que “lo vamos a hacer fenomenal”. I hope. 😉

Aun con todo, no os negaré que me entró una especie de sentimiento de pena hacia Álvaro. Y es que… ¡mi príncipe va a ser destronado! (Léase entre risas. No soy, en absoluto, una dramática en este tema. Entre otras cosas porque procedo de una familia numerosa de 6 hermanas, 3 de las cuales son menores que yo y no recuerdo situaciones dramáticas causadas por los celos. Al contrario. Los hermanos son el mejor regalo que unos padres pueden darte después de la vida).

Pero es que, además, es completamente normal que el hermanito se sienta “destronado” ante la llegada del nuevo bebé. Tienen miedo a perder el afecto y cariño de sus padres. Los celos son un sentimiento natural que todos los niños deben superar para alcanzar la madurez emocional. Y por nuestra parte, los padres, debemos saber gestionarlos con tranquilidad. Este último dato importante. Hay que ser comprensivos y, sobretodo, ayudar a que sean más llevaderos por nuestros peques. 

Dicen que la forma de manifestar los celos varía en cada niño pero lo normal es que sufran una regresión – vuelven a la etapa anterior de su desarrollo -, tengan ciertos cambios de conducta e, incluso, algunos pueden presentar somatizaciones – dolores de cabeza y/o tripa, vómitos, cansancio y hasta pérdida de pelo-.

Es cierto que depende, como todo en esta vida, de cuántos años tenga el hermano mayor. Así, la edad más conflictiva suele estar entre los 3 y los 6 años. En nuestro caso Álvaro no tendrá ni los 2 años cumplidos por lo que, esperemos, no sufra mucho.

Mi amiga Arancha, que acaba de ser mami por segunda vez, me contaba que su niña mayor (de apenas 19 meses) la miraba “triste” cuando ésta tenía a la bebé en brazos. Y mi amiga Carlota, cuando dio a luz del pequeño, estuvo varios días en los que el “hermano” mayor (15 meses) no le daba besos. Son reacciones completamente normales e, incluso, “light” – diría yo – en comparación con las que suelen darse. Pero supongo que, como madres – y en plena bajada de hormonas -, por muy “light” que sea la reacción de nuestros peques, duele mucho.

Dicho esto, he intentado recopilar algunos “consejos” de la charla para aquellos que, como yo, vayáis a ser padres de nuevo o lo hayáis sido hace poquito. Espero que os ayude.

Ahí van algunos:

1) Escucharles con atención.

2) Prepararles para la llegada del nuevo hermanito.

3) Mostrarle fotos de cuando él/ella eran recién nacidos.

4) Hablarle de todas las cosas positivas que entraña tener un nuevo hermanito y obviar las negativas.

5) Hacerle partícipe de todas las etapas del embarazo.

6) Intentad que la llegada del nuevo hermanito no coincida con ninguna otra novedad en su vida. Aquí he de hacer un inciso. Y es que la pediatra nos puso de ejemplo “no cambiarle de habitación”. Sin embargo, nuestro caso es más grave: En un par de semanitas…¡Cambiamos de casa y barrio! Se lo comentamos y nos dijo que al ser tan chiquitín Álvaro, no era preocupante. Esperemos….  

7) La llegada del nuevo hermanito viene con un regalo para el mayor.

8) La visita al Hospital debe realizarse cada día. Cuando vaya a entrar en la habitación, no debe de haber – en ella – nadie más que los padres y el bebé. Eso sí, este último en su cuna – no en brazos – y la madre recibir al “primogénito” sola en la cama y con los brazos bien abiertos para abrazarle.

9) La llegada a casa tiene que ser del estilo: El papá con el bebé en su maxi-cosi y la madre, una vez más, con los brazos libres.

10) Una vez en casa, debemos procurar involucrarle, si quiere – dato importante. No forzar. -, en el cuidado del bebé.

11) No hacer nunca comparaciones entre hermanos. Algo, por otro lado, evidente.

12) Abrazarle y besarle mucho.

13) Y, sobretodo, pasar cada día un momento A SOLAS – importante – con él. Ya sea leyendo un cuento, dando un paseo, mientras cena, etc.  Aunque sean 10 minutos. Ese tiempo es oro para nuestros hijos.

En fin, como veis, no nos han descubierto América. Todo son cosas de sentido común. Pero… ¿y lo bien que viene que algo tan evidente nos lo recuerden a pocas semanas de dar a luz? 

 ¿Algún consejo nuevo?

Ya os contaré nuestra experiencia. Deseadnos suerte! 😉



Primera “urgencia” del embarazo.



Ya adelanto que, gracias a Dios, todo está bien. Sin embargo, el pasado miércoles me llevé un buen susto. Susto que quedó en un “aviso”.

Y es que, estando de 33 semanas, empecé a notar contracciones fuertes y dolorosas. No eran las simples contracciones de Braxton Hicks con las cuales estoy, a estas alturas, muy familiarizada ya. No. Eran contracciones con mucho dolor. Contracciones como las que tuve al iniciarse el parto de Álvaro. 

Todo empezó a medio día como cinco minutos antes de salir del despacho rumbo a casa para ir a comer. Al principio noté un ligero dolor bajo al que no le di mayor importancia. Dolor que, lejos de cesar, me acompañó durante todo el “viaje” camino a casa (y yo al volante ;-)). A ese dolor se le empezaron a sumar unas contracciones seguidas y rítmicas.

No quise alarmarme así que pensé que quizá, parando un poco el ritmo, se me pasarían. Esa tarde decidí quedarme en casa y, efectivamente, las contracciones cesaron. No así el dolor que, aunque se redujo algo, seguía presente.

Pasé la tarde, como pude, jugando con mi hijo y descansando. 

Cuando llegó mi marido, y viendo que el dolor seguía, llamamos al ginecólogo de urgencia a ver qué nos recomendaba.

He de decir que aquí fue gracias a mi marido. Los que me conocen saben que odio los Hospitales, los médicos e ir a urgencias. Vamos, no es que odie, es que me dan pereza. Así que él, tras insistirme y no darme casi opción, cogió el teléfono y marcó el número del ginecólogo.

Nos atendió encantador y nos dijo que, si no tuviera más contracciones, hiciera reposo, tomara paracetamol para el dolor y acudiera a la mañana siguiente a monitores y hacerme una exploración para, entre otras cosas, ver cómo estaba el cuello uterino.

Y así lo hicimos. El paracetamol “mano de santo”. Dormí fenomenal y me levanté como si no hubiera pasado nada.

A las 10h estábamos mi marido y yo en la consulta. Vino una enfermera cariñosísima y me acompañó a la sala de monitores. Ahí estuve como 60 minutos. Menuda juerga llevaba Carlota a esas horas de la mañana. Se oían más sus patadones (no hay otro nombre para definirlas) que el latido de su corazón.  

Al finalizar monitores me pasaron directamente a la consulta con el ginecólogo.

Todo empezó con una ecografía abdominal. La niña estaba perfecta, la placenta en su sitio y el líquido amniótico correcto. Viene grandullona. 😉

Posteriormente pasó a medirme el cuello uterino y éste estaba “dentro de la normalidad” pero, y aquí viene lo único “malo”, en el límite-límite. De manera que como provocara alguna contracción, éste iniciaría su borrado antes de tiempo pudiendo significar un supuesto comienzo del parto.

¿Parto? Todavía no, por favor (pensé). Tengo muchas cosas que hacer en este último mes que me queda. Zanjar asuntos en el trabajo y ¡una súper mudanza! (Sí, sólo a mí se me ocurre planificar una mudanza a un mes de dar a luz).

Me recetó Utrogestan y aconsejó reposo relativo. No hacer esfuerzos, ni estresarme ni coger pesos. O sea sé, no coger más a Álvaro en brazos (entre otras cosas). A ver cómo se lo explico yo a mi niño…. 😦

Por lo demás yo me encuentro muy bien aunque no os niego que empiezo a estar agotada. Por las mañanas si no llega a ser por mi marido, necesitaría una grúa para levantarme de la cama. Y de camino al trabajo, entre el solecito, la música y el carril recto de la M30, poco más y pongo el piloto automático para echar una cabezadita. 😉

En fin, gracias a Dios, todo quedó en un “susto”. A Carlota la esperamos para después de Semana Santa. Esperemos que aguante en su hábitat calentita hasta entonces. 😉