¡Teníamos poco y…. apareció el reflujo!

 
¡Sí Señores! Mi niña bonita, a parte de tener alergia a la proteína de la leche de vaca, tiene un reflujo de 3 pares de narices. ¡Ahora entendemos todo!

¿Cómo era posible que una niña que comía 120 de LM en biberón con tan sólo 3 semanas de vida no lograra llegar a los 60 con mes y medio? 
Durante este tiempo la lucha ha sido constante. Lucha con la leche, lucha con el biberón y, ahora, lucha con el reflujo. 
Al pasarle a la leche hidrolizada tuvimos que probar hasta 5 marcas para dar con la que, quizá, menos le repugnaba. Gustarle no le gusta ninguna. Y es que ¿a qué niño le gusta la leche hidrolizada? Permitidme deciros que a ninguno. 
Cuando dimos con la leche correcta, Blemil Hidrolizada con Arroz, empezaron a fallarnos los biberones. Nosotros usábamos Avent Anticólicos. Probé con tetina del 1, tetina del 2, tetina del 3 y tetina de 3 posiciones. Pues, absolutamente, todas se nos obstruían. Todas. Tengo en mi casa más tetinas que las que podáis encontrar en una farmacia. Me he dejado medio sueldo en biberones y tetinas de Avent. Todo para nada. 
Leí que la tetina de la marca MAM se obstruía menos así que me pasé a esa marca. Ahora tengo 7 bibes MAM en casa, con tetinas del 1, del 2 y del 3. La otra mitad del sueldo se me ha ido en esta marca. 😉
Sin embargo, las tomas siguen siendo un martirio. Carlota vuelve a rechazar el biberón toma sí, toma también. Lo raro es que hambre tiene un rato porque llora y se lleva los puños a la boca pero a la que traga un poco ya empieza con la lengua a sacar la tetina de la boca, con cara de asco, y a llorar desconsoladamente. 
Tras llevarla nuevamente a la pediatra ésta nos dijo que además tenía reflujo así que hemos empezado con ranitidina. Rechaza el biberón porque al tragar le duele muchísimo de lo irritado que lo debe tener. También hemos cambiado a la leche Almirón Pepti que, al ser más líquida, no se obstruye la tetina y logramos que coma un poco más de lo que comía antes. Aun así, rara es la vez que logra terminarse un biberón de 120ml.
Para el reflujo, además de la ranitidina, nos han recomendado darle de comer incorporada, tumbarla hacia el lado derecho la primera hora tras comer (para lo cual uso el cojín anti vuelco) e, inmediatamente, girarla hacia el lado izquierdo durante la siguiente hora. También colocar la cunita y el capazo a 30 grados y evitar tenerla mucho tiempo en la maxicosi. 
Y, sobretodo, no forzar. Los bebés con reflujo deben comer poco cada menos tiempo. 
En fin, como véis, Carlota lo está pasando mal. La maternidad está siendo peor que con Álvaro y yo empiezo a estar cansada. Nos han dicho que les empieza a remitir entre los 4 y 5 meses así que todavía queda mucho camino por recorrer. Ya podemos coger fuerzas y mucha paciencia. 
Lo bueno de toda esta historia es que Carlota está engordando bien. Mantiene sus roscas y unos papos regordetes que da gusto verles. La gente me suele decir: “que hermosa está” a lo que yo contesto “no será por lo bien que come”. Realmente come lo que debiera comer para su edad solo que en vez de en 6 tomas ella lo hace en 8 o 9 de menos cantidad.
Ahora estamos esperando a que nos deriven al gastro infantil. A ver qué nos dice…. Y también vamos a empezar con osteopatía (Método Rubio).
¿Os ha pasado a alguna? ¿Algún consejo que darme?

 

Con la lactancia materna: más apoyar y menos juzgar.

 

He de reconocer que he estado a puntito de no publicar este post. Creo que hay demasiada gente que juzga muy rápido y, lo que es más grave, sin conocimiento. Todo ello hace sentir peor a una madre que, al igual que todas, busca lo mejor para su bebé. 
Aun así, lo he hecho porque sé que hay muchas mujeres que pasan por mi misma situación y si este post puede animarlas – aunque sea un poquito- va por ellas. Faltan muchos ánimos ante una decisión así y sobran, no hace falta que lo diga, constantes reproches que – no se sabe por qué – llegan con una facilidad pasmosa hiriendo, sin necesidad alguna, la sensibilidad de una madre que lo que necesita en esos momentos es más apoyo que otra cosa.
Por el título del post, y lo que llevo escrito, supongo que ya habréis deducido a qué me refiero. La lactancia materna es el mejor alimento que puedes darle a tu bebé. Quiero que quede claro que yo no lo pondré en duda jamás. Soy tan consciente de ello que antes de dar a luz a Carlota, mi segunda hija, fui a clases de lactancia materna para que me enseñaran absolutamente todo lo que un profesional puede enseñar. Quería intentarlo de nuevo, sin traumas, sabiendo que ante “casi” cualquier problema que pudiera surgir, podría ponerle solución a tiempo. También contaba con el apoyo incondicional de mi marido. Un gran pilar.
Y es que lo intenté con todas mis fuerzas aun no teniéndolo nada fácil. Ya os conté que Carlota nació con un distrés pulmonar y se la llevaron inmediatamente a la incubadora donde estuvo prácticamente los 3 días de Hospital. Por tanto, no pudieron ponérmela al pecho tan pronto como hubiera deseado ni pude darle lactancia materna durante esos 3 días. Una de las razones, a parte de la obvia, es que se agotaba con facilidad pues sabréis perfectamente que a un bebé le cuesta más esfuerzo mamar del pecho que de un biberón. Durante mi estancia en el Hospital, iba cada 3 horas a la UCI de Neonatos a darle de comer. Ya que mi intención era darle lactancia materna exclusiva, me recomendaron ponérmela al pecho, si eso era lo que quería (¡y tanto que quería!) pero tan sólo 10 minutos para evitar más fatiga y alargar una estancia en la incubadora que podía evitarse. Tras esos 10 minutos en los que pude ver claramente – en cada toma – cómo mi hija se agotaba, pasábamos a darle un mini biberón. Y así los 3 días.
Aun con todo, aun no poniéndomela al pecho nada más nacer, y alimentarla a base de biberones, cuando nos dieron el alta (bajo supervisión) logramos establecer una lactancia buena. Yo estaba contenta y mi pediatra (la de mis hijos, vamos), prolactancia a más no poder, estaba sorprendida grátamente. 
Llegamos a casa y Carlota empezó a comer de maravilla. Al principio poco pero a medida que avanzaban los días empezó a coger el ritmo de su hermano. Otra glotona más teníamos en la familia. Sus roscas – roscas que gracias a Dios mantiene a día de hoy – no dejan lugar a duda. 😉
¿Cuánto duró mi lactancia? Un mes. Todo iba fenomenal hasta la 3 y 1/2 semanas de vida de mi hija. Empezó a rechazarme el pecho. A vomitar absolutamente todo. Su tripa se infló de gases. Estaba irritable de día y no quería comer. Le ofrecía el pecho. Pecho que cogía con mucha ansia. Ansia que le duraba dos segundos. Agarraba el pecho y lo soltaba histérica. Y así todas las tomas. Yo me sacaba la leche para dársela en biberón y tampoco quería. Le provocaba arcadas. Pasó de ser una niña comilona a no comer absolutamente nada. Y si llegaba a comer algo ese algo salía de su boca como un volcán en erupción. Todo, absolutamente todo, lo vomitaba. Y para colmo el dolor que debía tener en el estómago no le dejaba descansar bien de día. Mi niña, que cuando nació solo comía y dormía, empezó a probocar una situación un tanto preocupante. 
¿Causa? Intolerancia a la lactosa y/o alergia a la proteína de la leche de vaca. 
Resulta evidente que cuando vi que mi hija no comía NADA, decidí dejar la lactancia materna. Ahora estamos con leches hidrolizadas. Otra batalla, por cierto. Para los que no lo sepáis, la leche hidrolizada se receta precisamente a bebés con intolerancia a la lactosa y/o alergia a la proteína de la leche de vaca. Es una leche bastante asquerosa. Una leche que a prácticamente ningún niño gusta y menos si han probado la leche materna. Mi hija debe de pensar: ¿Pero qué narices me estás dando, mamá? ¿Dónde está esa leche rica que comía antes?. Pero ¿sabéis qué? Mi hija vuelve a comer y eso, para mí, es lo más importante. Ya no vomita. Los gases – probocados por la alergia – parece que van remitiendo. Rara vez se termina un biberón – porque le repugna – pero por lo menos ya no le provocan arcadas ni vómitos y come una cantidad decente (que ya es más de lo que comía antes). Cada día son más los biberones que se termina y sé – por experiencias de otras madres en mi misma situación – que en pocos días se habrá hecho a esta leche y la comerá sin problemas. Engordar sigue engordando. Ya pesa 4,7kg. 
¿Me ha costado dejar la lactancia materna? MUCHO. Reconozco que en la que fue su última toma lloré de pena pero ese mismo día supe que había hecho lo correcto. A las pruebas me remito.
En una sociedad en la que vivimos, donde la LM – a parte de ser el mejor alimento para el bebé – está de moda (¡Sí, Señores!. Hasta en esto hay modas) cada vez hay menos respeto hacia las decisiones – buenas todas – que toma una madre. Y digo “buenas todas” porque siempre – absolutamente siempre – hay una razón detrás. Razón en la que nadie debe meterse. 
¿Quién soy yo para reprochar a una madre que no haya querido / podido dar LM a su hijo? Y de la misma manera ¿Por qué he de juzgar a una madre que siga dando pecho a su hijo de 2 años? ¿No creeis que ya es hora de terminar con esta batalla absurda que lo único que hace es daño, mucho daño, a la madre?.
 
En esto de la maternidad cada uno lo hace lo mejor que puede. 
A todas esas madres que se sienten juzgadas alguna vez, les diré lo que mi hermana Mónica me repite TODOS LOS DÍAS: “¡Lo estás haciendo muy bien, mamá!”. Mi hermana, por cierto, que ha dado el pecho a su hija casi un año. ¡Sí señores! Y ha sido la que – lejos de juzgarme –  más me ha apoyado al dejar la lactancia materna. Es toda una madraza. ¿Por qué no podemos ser todas así?. 
Durante mi LM me metí en varios foros y vi comentarios bastante desafortunados. Madres que contaban sus experiencias, algunas verdaderamente traumáticas, y que aun con todo recibían comentarios del estilo a: “no lo has intentado lo suficiente” o “no debiste dejar la LM. Es la mejor”. Yo pensaba: ¿Qué parte de esa historia traumática no han entendido?. Pobre mujer. A veces es peor el remedio que la enfermedad. Y si mi hijo va a sufrir más por mi empeño en seguir dándole LM ¿qué clase de madre sería?.
Qué queréis que os diga. Me siento orgullosa de haberle dado lactancia materna hasta el mes. Y para nada me siento – ni debo sentirme – mala madre por no haber podido dársela más tiempo. Desde aquí, a todas esas madres que no hayan podido darles LM a sus hijos, un consejo: a palabras necias, oidos sordos. Sed felices con vuestros peques y disfrutad de cada biberón que le estáis dando. El apego madre-hijo se puede lograr de muchas otras maneras y el biberón es una de ellas.
Y a aquellas madres que sí pueden disfrutar de una LM, enhorabuena y seguid así. ¡Suerte la vuestra y la de vuestros pequeños!.

 

 Un viaje un tanto accidentado.

 

Ya os conté que el sábado, 2 de Mayo, teníamos una Comunión en Barcelona. La de mi sobrino Pablo, el rubiales. Así que, aprovechando que el viernes – 1 de Mayo – era fiesta, nos fuimos a Lleida, a casa de mis padres, para luego ir desde allí a Bcn.


Carlota tan sólo tenía 3 semanas pero, aun con pinchazo en la rueda y cambio de coche, aguantó como una campeona.
Durante el viaje oímos un ruido fuerte pero no vimos nada por lo que decidimos continuar. Hicimos tan sólo una parada para que comieran los peques – y nosotros – y continuamos sin mayor problema. El sábado amanecimos muy bien. La Comunión era a las 17h así que haciendo uso de la ya conocida “ingeniería del bebé” calculamos todo (y por todo me refiero a las tomas de Carlota) para poder hacer el viaje – de poco más de una hora -sin paradas. A escasos 20 minutos de partir ya estaban todos listos menos yo que, evidentemente, esperé hasta el final para arreglame. Si no, luego, ya se sabe. Cerré todas las puertas, puse la alarma y salí a la calle donde me esperaba la tropa dispuesta a iniciar el que sería nuestro segundo viaje del fin de semana.
Cuando iba hacia el coche – Álvaro montado y Carlota dormida – me dice mi marido: “creo que tenemos un problema”. Cara de cromo se me puso cuando vi una de las ruedas traseras pinchada. 
A todo esto, mi familia, que se había organizado mucho mejor que nosotros, iba rumbo a Barcelona en sus respectivos coches. Imaginad el panorama. Solos, en casa de mis padres, con la rueda de nuestro coche pinchada. 
Llamamos al seguro para que trajeran una grúa y se llevaran el coche a arreglar pero un sábado por la tarde – eran las 15h – no había ningún taller abierto… 😦
El mundo se me vino abajo. Habíamos planeado un viaje desde Madrid, con un bebé de 3 semanas, para nada. Y encima, íbamos a pasar la tarde solos.
No podía dar crédito. Apenas vemos a “los de Barcelona” (mi hermana, mi cuñado y mis tres sobrinos) y tenía tanta ilusión por ir….
Sin embargo, cuando yo ya había tirado “casi” la toalla, encontramos solución. Mi padre tenía otro coche en el garaje. Un coche que, por suerte, tenía las llaves puestas y gracias a Dios las puertas del garaje y de la calle (de las cuales no teníamos el mando) tenían un sistema de apertura manual así que Diego – que está acostumbrado a conducir coches automáticos – se armó de valor, sacó el coche en primera por una cuesta híper empinada e hizo el cambio de sillas y demás enseres de los peques – que no son pocos -.
Ya estábamos listos. Sin embargo parecía que teníamos todo en contra pues cuando quisimos salir – eran ya las 16h – a Carlota le dió por pedir. Reconozco que yo me puse de los nervios. No podía estar pasando esto. Hasta le dije a mi marido que todo indicaba que no debíamos viajar. Sin embargo, él – un santo varón – me animó a seguir. Así que terminamos la toma de la peque y la sentamos en su silla dispuestos a iniciar un viaje que parecía gafado. Pues bien, en ese momento Carlota desprendía un olor no muy agradable. Sí, le había dado por “cagarse” – perdonad la expresión pero fue así -. Los que sois padres me entendéis bien. 😉 
Ahí ya nos entró la risa. No podíamos creerlo. Aun con todo logramos poner rumbo a Barcelona. Eso sí, saliendo a las 16:30h. Si la Comunión empezaba a las 17h podéis imaginar cuando llegamos. Ya os lo digo yo: a la ceremonia no llegamos.
El colegio – donde tenía lugar la celebración – no tiene un acceso muy fácil. Aun así, con las buenas – y claras – indicaciones de mi padre, lo logramos (y sin perdernos). Eso sí, al llegar, los coches empezaban a salir pero todavía quedaba gente, entre ellos mi familia (que no son pocos). Todos estaban guapísimos y el comulgante feliz. 
No llegamos a la Comunión – cosa que me dio una pena tremenda -, tampoco llegamos a las fotos pero sí llegamos a la súper merienda-cena que con un delicado detallísimo había preparado mi hermana Victoria. ¡Hasta vino un mago! 
Qué queréis que os diga. Fueron unas horas estresantes – sobretodo para mí – pero ¡mereció la pena!. Y todo gracias a mi marido, quien supo mantener la calma en todo momento y no dejó de animarme a seguir adelante.
La vuelta a Madrid la hicimos el domingo con el coche de mis padres mientras ellos se quedaban con el nuestro a la espera de que el lunes fuera a recogerlo la grúa y lo llevara a un taller. ¿Causa del pinchazo?  un (maldito) clavo. 
Como el viernes siguiente mis padres venían a Madrid hicimos el cambio de coches. 
He de agradecer tener un hijo como Álvaro y es que lejos de ponerse pesado, quejoso o llorón, se pasó todo el tiempo cantando y, como digo yo, colaborando.
En fin, toda una experiencia.

¡Felices 2 añazos! 

 
Querido hijo,

El pasado 29 de Abril cumpliste 2 años. ¡2 añazos ya!. Hay que ver cómo pasa el tiempo. Ahora entiendo a mi madre cuando me decía “no corras que todavía queda tiempo” refiriéndose a que no hablara – por ejemplo – del verano cuando todavía no había llegado ni Mayo. Y es que desde que me convertiste en madre, el tiempo pasó a ser fugaz. 
Qué rápido creces. Cada día nos sorprendes más con tu capacidad de aprendizaje.  Eres mi lorito querido. No hay palabra que se te resista. Repites todo lo que oyes a tu alrededor y eso facilita nuestra comunicación contigo aunque a veces te enfades – con toda la razón del mundo – cuando papá y mamá no entienden algo que nos dices. Pero tú no cesas en el intento. Repites y repites hasta hacerte entender. Así me gusta. ¿Y sabes qué? Casi siempre lo consigues. 
Y en lo que a canciones respecta, menudo repertorio tienes. No se te escapa ni una. Nos has salido cantarin y bailarin. 😉
Cariñosamente digo que eres un “terremoto” y me encanta. No paras quieto y he de reconocer que, a veces, nos agotas pero ¿sabes qué?da gusto tener un hijo tan despierto como tú. Todo lo quiere. Eres súper risueño. Eres un “guasón”. ;-). Tanto que te ganas el corazón de todo a quien conoces. Ya sea la farmaceutica – para quien eres “su flaquito” – las cajeras del supermercado o, incluso, el señor que pide en la puerta del Simply quien cada vez que vamos te despide con un “adios campeón”.
Eres movido, sí, pero a la vez un trozo de pan. Eres capaz de pasar la tarde jugando sin depender de nadie. No eres nada llorón y eso se agradece. Sobretodo ahora con Carlota, colaboras muchísimo. Eres un súper hermano mayor. Lejos de tener celos, cuando tu hermana llora, mueves el cochecito. Siempre entras en la habitación llamando al “bebé”, la miras y te ríes. E, incluso, le tiras besos. ¡Qué cariñoso eres! Con tan sólo 2 añitos ya se ve el gran corazón que tienes y se nos cae la baba. 
El día de tu cumple estuviste más feliz de lo normal. Vinieron casi todos tus primos y ¡cómo disfrutaste!. Te montamos una fiesta de Mickey que te encantó. ¡Y qué de regalos! Ya no nos caben más en casa. 
En fin, fue un gran día. 
Hazme un favor y no crezcas tan deprisa. Y, sobretodo, no pierdas nunca esa sonrisa inocente que hace que nos enamoremos de tí cada día más (si cabe).
Te queremos muchísimo.

Papá, mamá y Carlota.