Un viaje un tanto accidentado.

 

Ya os conté que el sábado, 2 de Mayo, teníamos una Comunión en Barcelona. La de mi sobrino Pablo, el rubiales. Así que, aprovechando que el viernes – 1 de Mayo – era fiesta, nos fuimos a Lleida, a casa de mis padres, para luego ir desde allí a Bcn.


Carlota tan sólo tenía 3 semanas pero, aun con pinchazo en la rueda y cambio de coche, aguantó como una campeona.
Durante el viaje oímos un ruido fuerte pero no vimos nada por lo que decidimos continuar. Hicimos tan sólo una parada para que comieran los peques – y nosotros – y continuamos sin mayor problema. El sábado amanecimos muy bien. La Comunión era a las 17h así que haciendo uso de la ya conocida “ingeniería del bebé” calculamos todo (y por todo me refiero a las tomas de Carlota) para poder hacer el viaje – de poco más de una hora -sin paradas. A escasos 20 minutos de partir ya estaban todos listos menos yo que, evidentemente, esperé hasta el final para arreglame. Si no, luego, ya se sabe. Cerré todas las puertas, puse la alarma y salí a la calle donde me esperaba la tropa dispuesta a iniciar el que sería nuestro segundo viaje del fin de semana.
Cuando iba hacia el coche – Álvaro montado y Carlota dormida – me dice mi marido: “creo que tenemos un problema”. Cara de cromo se me puso cuando vi una de las ruedas traseras pinchada. 
A todo esto, mi familia, que se había organizado mucho mejor que nosotros, iba rumbo a Barcelona en sus respectivos coches. Imaginad el panorama. Solos, en casa de mis padres, con la rueda de nuestro coche pinchada. 
Llamamos al seguro para que trajeran una grúa y se llevaran el coche a arreglar pero un sábado por la tarde – eran las 15h – no había ningún taller abierto… 😦
El mundo se me vino abajo. Habíamos planeado un viaje desde Madrid, con un bebé de 3 semanas, para nada. Y encima, íbamos a pasar la tarde solos.
No podía dar crédito. Apenas vemos a “los de Barcelona” (mi hermana, mi cuñado y mis tres sobrinos) y tenía tanta ilusión por ir….
Sin embargo, cuando yo ya había tirado “casi” la toalla, encontramos solución. Mi padre tenía otro coche en el garaje. Un coche que, por suerte, tenía las llaves puestas y gracias a Dios las puertas del garaje y de la calle (de las cuales no teníamos el mando) tenían un sistema de apertura manual así que Diego – que está acostumbrado a conducir coches automáticos – se armó de valor, sacó el coche en primera por una cuesta híper empinada e hizo el cambio de sillas y demás enseres de los peques – que no son pocos -.
Ya estábamos listos. Sin embargo parecía que teníamos todo en contra pues cuando quisimos salir – eran ya las 16h – a Carlota le dió por pedir. Reconozco que yo me puse de los nervios. No podía estar pasando esto. Hasta le dije a mi marido que todo indicaba que no debíamos viajar. Sin embargo, él – un santo varón – me animó a seguir. Así que terminamos la toma de la peque y la sentamos en su silla dispuestos a iniciar un viaje que parecía gafado. Pues bien, en ese momento Carlota desprendía un olor no muy agradable. Sí, le había dado por “cagarse” – perdonad la expresión pero fue así -. Los que sois padres me entendéis bien. 😉 
Ahí ya nos entró la risa. No podíamos creerlo. Aun con todo logramos poner rumbo a Barcelona. Eso sí, saliendo a las 16:30h. Si la Comunión empezaba a las 17h podéis imaginar cuando llegamos. Ya os lo digo yo: a la ceremonia no llegamos.
El colegio – donde tenía lugar la celebración – no tiene un acceso muy fácil. Aun así, con las buenas – y claras – indicaciones de mi padre, lo logramos (y sin perdernos). Eso sí, al llegar, los coches empezaban a salir pero todavía quedaba gente, entre ellos mi familia (que no son pocos). Todos estaban guapísimos y el comulgante feliz. 
No llegamos a la Comunión – cosa que me dio una pena tremenda -, tampoco llegamos a las fotos pero sí llegamos a la súper merienda-cena que con un delicado detallísimo había preparado mi hermana Victoria. ¡Hasta vino un mago! 
Qué queréis que os diga. Fueron unas horas estresantes – sobretodo para mí – pero ¡mereció la pena!. Y todo gracias a mi marido, quien supo mantener la calma en todo momento y no dejó de animarme a seguir adelante.
La vuelta a Madrid la hicimos el domingo con el coche de mis padres mientras ellos se quedaban con el nuestro a la espera de que el lunes fuera a recogerlo la grúa y lo llevara a un taller. ¿Causa del pinchazo?  un (maldito) clavo. 
Como el viernes siguiente mis padres venían a Madrid hicimos el cambio de coches. 
He de agradecer tener un hijo como Álvaro y es que lejos de ponerse pesado, quejoso o llorón, se pasó todo el tiempo cantando y, como digo yo, colaborando.
En fin, toda una experiencia.
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22 pensamientos en “ Un viaje un tanto accidentado.

  1. Para Álvaro fue toda una experiencia! Jaja me lo imagino, ¿y ahora que pasa mamá?
    Ahora que para vosotros… Si soy yo ya te digo que me hubiese echado a llorar…

      • De todas formas, por si te surge alguna vez, en Renfe hay un servicio de asistencia que te llevan las maletas y todo, y te dejan sentada en tu asiento. Yo lo use una vez y es una maravilla. Cierto es que porque iba sola con la nena, si vamos los dos, vamos en coche. Besicos

      • Jo! Es verdad! Mira que he viajado en Ave pero nunca me acuerdo de esto porque lo asocio mas a personas que van solas con bebé como tú o mayores o con ayuda pero gracias por decirmelo!!!!! Es cierto! Mi hermana Moni de hecho lo usó el verano pasado al viajar sola con su peque. Hasta el Bugaboo se quedaron y ella con la mochilita portabebés tan contenta 😉

  2. Buffff que estrés.El papel de tu marido fue fundamental para no acabar de los nervios.Nosotros es que somos los dos nerviosos,no te digo más.Aunque si que es cierto quemi marido resuelve bien ese tipo de situaciones.En fin,me alegro de que al final todo saliese bien.Carlota va aguantando por la noche?

    • Los hombres aguantan más este tipo de situaciones ;-). Pues Carlota por la noche va muy bien. Me come 2 veces y a dormir. Lo malo es por el día esta semana… Está quejosa y llora. Parece que es intolerante a la lactosa así que hemos empezado con leche hidrolizada….:-(

  3. Que stress! A veces viajar con pequeñines no va tan de acuerdo a nuestras espectativas y eso que a veces una se organiza de manera extraordinariA, Pero mira! Todo salio bien final! Buen Por ti mama! Y Por papá tambien!

  4. Menuda aventura. Yo también hubiera desistido, por muchas ganas que tuviera, pero menos mal que al final pudistéis llegar a la merienda, y sobre todo compartir momentos con la familia 🙂

  5. Por lo menos disfrutasteis de la parte más divertida de la comunión 🙂
    Los viajes “accidentados” al final son de los que mas te acuerdas y además con una sonrisa.

    Un abrazoo

  6. Madre mía te pareces a mi,que salimos poco pero cada vez que salimos nos pasa algo. Pinchazos yendo a entierros a 300km, coche roto a mitad de viaje yendo de vacaciones, perder alguna pieza del coche por el camino, perdernos cuando vamos con prisa.. Vamos, como para quedarnos en casa jaja.
    Eso si, lo de llevar el ambientador natural de tu hija en el coche no me ha pasado ajjaja

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