¡El GRAN paso de la cuna a la cama! 

  

Hoy toca hablar de Álvaro. Que con tantos posts de Carlota – que ya va mejorando y mucho. Además de regalarme cada día muchas sonrisas – parece que ha pasado a un segundo plano. Pero nada más lejos. Es un niño tan risueño que no hay día en que pase la mañana o la tarde a solas con él. Tengo risa – y buenos momentos – asegurados. Qué puedo decir, es mi quitapenas. 😉
Me río hasta cuando no toca. Y me refiero a aquellos momentos en los que lo que toca es educar pero, por su reacción, tengo que morderme los carrillos para que vea que voy en serio y evitar soltar una carcajada que, por otro lado, es lo que me sale en ese momento. Son muchas las veces que tengo que salir de la habitación a reirme un rato… 😉
Hoy os voy a hablar de su paso de la cuna a la cama. Y recalco lo de “su paso” pues cada niño es diferente. Para algunos es un verdadero trauma. Para otros, como a mi hijo, es un emocionante paso de niño pequeño a niño mayor. Ya os adelanto que la primera noche, como no podía ser de otra forma, lloré de la risa.
Cuando nos mudamos de casa, le compramos una súper cama, de esas de Ikea y que medio planeta tiene, para cuando llegara el momento. Lo que no imaginamos es que iba a llegar tan pronto. Nuestra idea era esperar a Agosto, aprox., cuando Carlota – con 4 meses – pasaría de dormir con nosotros en el moisés a su habitación en una señora cuna. Pero, como os he dicho, el paso de la cuna a la cama de Álvaro ha tenido que ser antes.
Recordaréis – y si no ya me encargo yo de hacerlo – el tortazo que se pegó desde la cuna al suelo hace unos 6 meses. Mi marido y yo estábamos listos para salir al cine cuando oímos un golpetazo seguido de un fuerte lloro. Fuimos corriendo a su habitación y nos lo encontramos tirado en el suelo. 
Cuando pregunto por ahí cómo saber si tu hijo está preparado para pasar de cuna a cama, la mayoría de gente me contesta con un: “cuando le veas que es capaz de salirse solo – y reiteradamente – de la cuna”. No sé cómo serán sus hijos. Al mío, desde luego, no le dejo que lo intente pues temo que – lejos de hacerlo con soltura – se repita el golpetazo de diciembre.  
Así que estos últimos días, viendo cómo eran cada vez más las noches que – con mirada de pillo – hacía amago de saltar (o más bien repetir lo de tirarse al vacío), decidimos cambiarle a la cama.
Un sábado cualquiera, mi marido y yo, fuimos a comprarle una barra protectora y preparamos, junto con él, su camita con sábanas de Mickey. Él poco colaboró pues estaba tan emocionado que sólo quería subirse a la cama sin esperar a tener las sábanas correctamente colocadas. Una vez terminamos le expliqué que la siesta la iba a hacer ahí, como los niños mayores. Le encantó la idea.
¿Cómo fue la siesta? Para nuestra sorpresa, fenomenal. Durmió sus 3 horas reglamentarias sin problemas y se despertó como cualquier día normal. Hablando y cantando esperando a que apareciéramos por la puerta.
La prueba de fuego vino por la noche. Estaba tan emocionado que cenó en cinco minutos bajo el son de: “a la cama de Mickey”. 
Así que tras lavarse los dientes fue directo a la cama. Como es alta, necesita ayuda para subir (aunque para bajar se las ingenia mejor que bien). 😉
Hicimos todo el ritual diario. Primero rezamos el “Jesusito de mi vida” y el “Ángel de la guarda” (que ya se lo sabe de memoria) y después pasamos a leer un cuento, dos cuentos, tres cuentos y ¡cuatro cuentos!. Sí señores. En cuanto ve que estoy terminando uno ya empieza a citar el próximo. Como me torea…. 😉
Le puse su musiquita para dormirse y el di un beso de buenas noches.
Todo en orden – o eso parecía -. 😉 
A los 15 minutos, mi marido y yo estábamos preparando la cena en la cocina cuando oigo una voz bajita. Me asomé al recibidor y ¡ahí estaba él! 
Al verme se fue pitando a la habitación a esconderse detrás de la cuna con una risa traviesa.
Y es que ¡tenía autonomía! ¿Qué niño de 2 años no le saca partido a eso? El mío, desde luego, siempre que puede. 😉
Yo me metí en la cocina a troncharme. Se me caía la baba al verle así pero, claro, no podía verme reir. ¡Perdería toda autoridad!. Así que volví a su habitación – el seguía escondido – y le “amenacé” con meterle en la cuna. Le expliqué que si se volvía a bajar de la cama dormiría esa noche en la cuna. 
Que poco serio le debió sonar. Claro, yo seguía mordiéndome los carrillos así que muy seria no pude ponerme. 
Le entorné la puerta y me fui. 
Al rato oigo ruidos en su habitación. El pobre no se debió atrever a salir para que yo no me enterara y se puso a jugar por toda la habitación. Que si a quitar el intercomunicador del enchufe, que si a meter peluches en la cuna, etc.
Así que volví. Esta vez más seria. Prometo que tuve que contenerme, de nuevo, la risa pues al entrar fue corriendo a esconderse, otra vez, detrás de la cuna con su risa gamberra. Yo me moría de ganas de soltar una carcajada pero me contuve.
Le cogí en brazos y le metí en la cuna. Él empezó a medio protestar de pena mientras yo le explicaba que la cama era para dormir y que no se podía bajar. Si no, volvería a dormir en la cuna como los niños pequeños. Así que él, puso sus manitas en mi cara y me dijo, con voz bajita, ” a dormir a la cama”. Se me caía la baba. Sonó como una promesa. Y esta vez fue en serio. 
Le metí de nuevo en su cama. Le dejé todos sus peluches favoritos (a saber: Pocoyó, Mickey, “bebe” que le llama él al muñeco de BabyYo y “conejito”, el peluche que le regaló mi amiga Belén), y ahí se quedó.
Reconozco que no las tenía todas conmigo pero así llevamos unos días en que ya no se baja de la cama. Eso sí, ponerse de pie, ir de un lado para otro (algún día tendremos un disgusto) y toquetear todos los cuentos que están sobre la cómoda hasta caer rendido….es ya todo un clásico.
Por las mañanas – y en las siestas – sigue despertándose con sus cánticos y hablando pero no se baja de la cama hasta que no vamos a por él.
Había una cosa que me daba miedo de este gran paso a “niño mayor”. Y es que, al tener autonomía y nosotros dormir en el piso de arriba, ¿cómo hacer para evitar “daños” si le daba por salir de la habitación de noche? Así que mi hermana Victoria nos recomendó ponerle una puerta de seguridad en la entrada de su habitación. Así lo hemos hecho. Ahora yo duermo más tranquila. ¡Y el ya es todo un niño mayor!
Lejos de ser un momento traumático, fue tronchante. A ver cómo nos va con el siguiente paso, a saber, “adiós pañal”. Intentaré hacerlo en Agosto. Ya os contaré qué tal. De momento ya avisa – no siempre – cuando tiene pipí u otra cosa. 😉
¿Qué tal vuestras experiencias en el cambio de la cuna a la cama? 

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Bautizo de Carlota.

  

 El pasado sábado, 20 de Junio, fue un día muy especial para toda la familia. Pero aún lo fue más para nuestra pequeña Carlota. Y es que recibió su primer sacramento: el Bautismo.

Fue una buena ocasión para reunir a “casi” toda la familia. Y ya sabéis que lo tenemos difícil pues la tenemos repartida entre Lleida, Barcelona, Pamplona y Bilbao. Las únicas bajas fueron mi hermana Helena, que tenía su último exámen del curso el lunes siguiente, y mi hermana Mónica que tenía a su hija Carolina enfermita. 
Aprovechando que mi prima Carol bautizaba a su hijo el mismo día, decidimos juntar ambas ceremonias así que fue un bautizo súper numeroso. Las celebraciones ya sí que las hicimos por separado. Nuestra familia con Carlota y la suya con Pol.
Al igual que con Álvaro, la ceremonia se celebró en la misma Iglesia y, posteriorimente, la celebración tuvo lugar en la sala comunitaria de nuestra urbanización. El cátering, como no, de “José Luís” y la decoración más rosa no podía ser. 😉
Nos lo pasamos muy bien. La sala era tan espaciosa que nos dió para mantener tranquilamente conversaciones entre los adultos mientras los más peques disfrutaban en “su zona”. 
He de reconocer que la cosa cambia cuando el que se bautiza no es tu primer hijo si no el segundo. Y es que teníamos que estar pendientes de uno y de otro. Y eso que Álvaro es un niño muy independiente pero que encuentra la salida de escape pronto. Aun teniendo 20 ojos vigilándole, y todas las puertas cerradas, he de reconocer que se nos escapó una vez de la sala comunitaria. Diego se lo encontró, con una moto que no era suya (a saber de quién), correteando sólo por las zonas comunes de un lado para otro…. 😉 Y es que con dos parques y jardín para aburrir, ¿Qué niño quiere estar “encerrado” más de media hora? Además, recordad, Álvaro estaba en su ambiente. Era su casa y se conoce todos los rincones a la perfección. También ese día abrían la piscina. Un blanco muy fácil para los más peques.
Se me pasó volando y eso, en cierta manera, me dio pena. Los bautizos deberían ser como las bodas gitanas. De 4 días mínimo. Al estar prácticamente solos en Madrid se agradece mucho cuando es tu familia la que viene a pasar unos días de visita. Pero esta vez duró poco. Al día siguiente todos tenían que volver a sus respectivas ciudades. Por la noche ya se les echaba de menos….
Pero me quedo con lo bueno: fueron 4horas en las que pudimos estar todos juntos y, sobretodo, mi niña, la protagonista de todo este evento, ya forma parte de la Comunidad Católica.
Ahora nos toca a los padres y padrinos – comprometidos con ello – seguir educándola en la fe Católica. 
Además de todo, Carlota tiene un segundo nombre: Fátima. Y es que fue una promesa que le hice a la Virgen cuando me enteré que estaba embarazada. Viendo los antecedentes de mi hermana y que – por riesgo – me pasé todo el embarazo con Heparina, le pedí que saliera todo bien y que fuera un embarazo a término. Y así fue. No tuve ninguna complicación y todo fue rodado. Menos mal que fue niña, si hubiera sido niño no hubiéramos sabido cómo encauzar la promesa ;-).
Ahora, como me dice mi tío Víctor, es su protegida. 😉
Espero que nos ayude a pasar lo mejor posible este reflujo que la tiene sufriendo – aun con cierta mejoría – día sí, día también.
Eso sí, que mantenga las noches, por favor. Ya nos duerme toda la noche entera! Mis ojeras empiezan a desaparecer. 😉
 

 ¿Tus hijos se van de campamentos? Etiqueta sus pertenencias y no pierdas nada.

  

He de reconocer que, desde que tengo este blog, han sido varias las marcas infantiles que se han puesto en contacto conmigo para que colaborara con ellas probando sus productos y dando mi opinión. 
Sin embargo, como habréis comprobado, es algo que – hasta la fecha – no he hecho. No por nada en especial, símplemente porque el producto que ofertaban ya lo estaba usando de otra marca con la que ya estaba satisfecha y ¿para qué cambiar?. Soy muy perezosa en ese aspecto. Así que, agradeciéndoles el haberse puesto en contacto conmigo, declinaba la oferta.
Sin embargo, hace unas semanas me dieron la oportunidad de colaborar con “Petit Fernand“. Y ¿qué queréis que os diga? Acepté. Es una marca que ya conocía – por hermanas y amigas -, una marca de la que me habían hablado muy bien pero que no había tenido la oportunidad de probar. Así que me comprometí a vivir la experiencia de primera mano. Además – por lo que luego contaré – me vino como anillo al dedo.
Parte del éxito de una marca procede de la experiencia del que se lanza con ella. Pues bien, “Petit Fernand” fue creada por una madre parisina que vivió – de primera mano – cómo sus hijos perdían gran parte de sus pertenencias. Así que decidió crear esta pequeña empresa cuyos productos a ofertar no eran más que etiquetas personalizadas para – absolutamente – todo lo que un niño pudiera utilizar. Ya sea ropa, zapatos, mochila, biberones, cochecitos, chupetes, cremas solares, cepillos de dientes, gafas de sol…. en fin, ya os podéis hacer una idea.
Colaborar con esta marca, como he dicho antes, me ha venido como anillo al dedo. Y es que, en septiembre, Álvaro empieza el cole. ¡Qué mayor! Ya irá con su uniforme y mochilita todos los días. ¡Qué ganas de verle en esa faceta nueva!
Sin embargo, y a fin de que se vaya familiarizando con la que será su “segunda casa” durante los próximos 18 años, hemos decidido no esperar a Septiembre y apuntarle al “English Camp” que organiza su mismo colegio durante todo el mes de Julio. Vamos, que la semana que viene le tenemos “en el cole”. 😉
Al ser la primera vez que va a “campamentos de verano” la cosa me pilla un poco de nuevas. Soy totalmente novata para esto. No sé qué ha de llevar, qué no, cómo ir vestido, etc. 
Y con otros 40 niños como él, ¿cómo hacer para que sus monitoras sepan siempre cuál es su ropa y no se pierda? La solución es bien fácil: ¡etiquetarlo absolutamente todo! 
Sin embargo, sólo de pensar que tenía que ponerme a etiquetar todas las pertenencias de Álvaro me eché a temblar. ¿Coser todas sus prendas con etiquetas? ¿Cuánto me va a costar esto en la mercería? (Obviamente no lo iba a hacer yo) ¿Cómo lo hacían nuestras madres y abuelas cuando bordaban nuestros nombres?
Pero entonces apareció “Petit Fernand“. 😉
Sus etiquetas, personalizables todas, son de lo más “molón” para los peques y “facilísimas” para madres que, como yo, carecen de maña para coser. Tienen infinidad de diseños – lo que las hace muy divertidas para los peques – ilustraciones y tamaños – para que las pongas donde las pongas, siempre queden bien -. Y todas, absolutamente todas, son o termoadhesivas o autoadhesivas. En fin, madres como yo: ya no tenemos excusa. ¡Más fácil no se nos puede poner!.

  
Así que entré en su web y me hice con unas etiquetas especiales para “Campamentos de verano“. Diseñé – hasta 6 tipos diferentes – con varios colores, ilustraciones, tamaños y dibujos. Le di al “OK” y en tan sólo 48h estaban en mi casa: Un total de 60 etiquetas de distintos diseños, tamaños y colores para colocarlas en función del objeto a etiquetar.  

  
Me encantaron. Pude comprobar de primera mano la calidad de las mismas. Y a Álvaro no le pudo emocionar más. 😉

   
   Ahora mi niño irá bien “etiquetado” a sus campamentos. Si pierde algo ya no será por mi empeño en que ocurra lo contrario.
En fin, como véis, estoy encantada. Así que si vuestros peques tienen intención de ir de Campamentos, no os lo penséis dos veces. Entrad en la página web de Petit Fernand y probad. No sólo tienen etiquetas para campamentos sino que también tienen para “Parvulario – Cole” (serán las próximas con las que me haga) – “Nacimiento – Guardería“, “Bautizo y Comunión“, etc. 
Y para aquellas a las que, como a mí, les gusta estar al día de las novedades, también tienen página en facebook.
Esta sí es una marca que recomiendo totalmente. No sólo por su imaginación y calidad sino por el buen trato que he recibido desde “Petit Fernand”.

Una lectora muy especial

  

Si es que ya os digo yo que esto de tener un blog hace que conozcas gente increíblemente maravillosa. 
Hoy toca hablar de Ana. Una lectora, tal y como titula el post, muy especial. Vamos, que es un “sol de primavera de Jerez” (frase que aprendí de mi amiga – jerezana ella – Inma). 😉
Todo empezó cuando publiqué el post en el que hacía referencia al nacimiento de mi sobrina Naiara que, recordaréis, fue una gran prematura.
Mucha gente dejó comentarios con mucho cariño hacia la familia, contando sus experiencias y dando ánimos. Entre esos comentarios hubo uno que me llamó la atención. Lo escribía Ana. Una lectora que, no sólo tuvo que pasar por ese mismo duro camino, si no que, además, lo hizo por duplicado.
La historia de Ana, madre de dos preciosísimas niñas, está llena de valentía, fuerza y mucho amor hacia sus pequeñas. Y es que, como podéis imaginar a estas alturas, las dos fueron prematuras. Pasar por un parto prematuro – y todo el proceso posterior que ello conlleva – no es fácil para nadie pero, si encima, cuando parece que os estáis recuperando, vuelve a repetirse…. Debe ser duro, muy duro.
Así que cuando leí su comentario, me llegó al alma y, sobretodo, me alegré de que ambas niñas, pese a su prematuridad, tuvieran un final mejor que feliz.
Al tener similitud con el caso de mi sobrina Naiara, le reenvié el comentario a mi hermana Laura. Ahora ellas dos mantienen el contacto. Y es que una experiencia así une mucho a los que la sufren.
Como he dicho, ambos partos fueron prematuros pero fue la pequeña la que, quizá, nació con menor peso. Tan sólo 780 gramos. 
Sin duda fueron momentos muy duros para ella – y toda su familia – pero, tal y como relata ella misma en el comentario, “tener a la mayor fue mi mejor ayuda. Era mi quitapenas”.
Hoy, gracias a Dios, son dos niñas preciosas y sanas. Dos niñas que cada vez que las ve, se emociona y da gracias por esos dos regalazos que ha tenido.
¡Cuánto nos alegramos, Ana!
Y, al hilo del post anterior, Ana es otra de las grandes personas que una conoce a través de este maravilloso mundo 2.0. 
Desde entonces, se ha convertido en una lectora – y comentarista – asidua al blog. Se ha alegrado cuando mi historia lo merecía y he recibido ánimos – cantidad de ánimos – cuando más lo necesitaba. Sobretodo con la situación que estamos atravesando con Carlota, he recibido emails cariñosísimos que me han emocionado. 
Pero es que además, la cosa no queda ahí. El otro día recibí un preciosísimo detalle “Pilarico” para la peque de la casa. Juzgad vosotros mismos. ¿No es ideal?. Tardé medio segundo en ponérselo a Carlota en el capazo. En un principio pensé en colocarlo en su cunita pero es tan bonito que hay que lucirlo. Además así la Virgencita le acompaña siempre de paseo. 
Además de todo, a la Virgen del Pilar le tenemos gran devoción. En los coches no falla la medida de la Virgen y cada vez que viajamos le rezamos a Ella. Por no hablar que – y esto es tradición familiar – cada vez que pasamos por Zaragoza camino de Lleida, a la altura en que se ven las torres de la Basilica del Pilar, le rezamos una Salve.
Ha sido un detalle con muchísimo cariño. Ana, te mereces lo mejor. A la gente buena como tú – aun con episodios que nunca entenderemos – siempre le pasarán más cosas buenas que malas. 
En fin, no podía dejar de agradecerte públicamente tu muestra de cariño con esta familia. Me ha emocionado. Sólo decirte que si algún día os animáis a venir a Madrid, aquí estaremos. Me encantará conocerte y a tus luchadoras niñas también.
Un besazo muy fuerte para esa preciosa familia que tienes y mil gracias de nuevo. Cuando Carlota sea mayor le contaré con mucho cariño tu muestra de detalle.

Piezecitos iShop

  

Informo que es este post va con retraso – mucho retraso -. Dos meses para ser exactos. Y es que fue cuando recibí el precioso detalle que una mamá bloguera me mandó con motivo del nacimiento de Carlota.
Una de las cosas que más me gustan del mundo 2.0 es la cantidad de gente maravillosa que estoy conociendo. Cada una vivimos en sitios diferentes (las hay al otro lado del charco) y dudo que algún día – aunque nunca se sabe – lleguemos a conocernos pero, sin duda, la experiencia está siendo increíble. No sólo intercambiamos opiniones sino que, además, gracias a ellas – algunas son mamás blogueras como yo – , recibo muy buenos consejos. De hecho, en los últimos post he recibido más apoyo del que jamás hubiera imaginado. Desde aquí, ¡muchas gracias a todas!
Una de las personas que he conocido a través de este mundo 2.0. es Ainara. Una chica de Barcelona – catalana como yo – que actualmente reside en Italia con su hija Chloe y el padre de ésta – italiano él-. Al igual que muchas madres blogueras, en sus posts cuenta su experiencia como madre. ¡Qué puedo decir de ella!. Es un amor. Siempre sus comentarios están llenos de cariño y buenos deseos. 
Pero la cosa no queda ahí. A parte de mantener actualizado su blog –Piezecitos -, de organizar actividades para la guardería de Chloe, de gestionar su pequeña empresa y cuidar maravillosamente de su pícola, resulta que todo esto no le es suficiente. Y es que Ainara es un “culo inquieto” (lo digo con todo el cariño del mundo. ;-)). No hace muchos meses creó un nuevo apartado en forma de iShop. Una tienda en la que podréis encontrar – de momento, no sabemos cuánto tardará en ampliar la oferta. – unas láminas preciosas para tener en casa. Ya sea para los más peques o para los adultos.
¿Y por qué os cuento esto? A parte de porque me parece tan ideal que quiero comparirlo con vosotros, os lo cuento porque, como he adelantado al comienzo de este post, el segundo día después de haber dado a luz, recibí un email suyo solicitándome la dirección de casa para enviarme una de sus ideales láminas. No sabéis la ilusión que me hizo que tuviera ese detalle. Me moría de ganas de recibirla.
Un lunes, cuando volvía de dar un paseo con Carlota, al recoger el correo vi un sobre grande y pensé: ¿Será la lámina? Así que nada más entrar en casa lo abrí. ¿Cuál fue mi sorpresa? Que no solo era una lámina ideal y preciosa sino que, además, estaba relacionada con la canción favorita de Álvaro. Una canción que le ha gustado desde chiquitín y sigue disfrutando con ella. Una canción que también parece gustarle a Carlota pues cuando se la canto se queda tranquila.
“¡Mejor no podías haber acertado!. Aunque ya te agradecí infinítamente el detallazo por email, lo vuelvo a hacer públicamente. Eres una crack diseñando láminas y detalles para los más peques (y no tan peques).”
Además de todo, ese mismo día, leía un post de María – Mama Puede – agradeciéndole el mismo detalle. Y días más tarde, Carmen –No soy una drama mamá – hacía lo propio en su blog. Si es que es un sol. ¡Qué bien nos cuidas a tus amigas 2.0. 😉
Os animo a que echéis un vistazo. Os encantará. Yo ya estoy buscando un marco digno de lucir tal preciosidad.

La cadena de rezos de las katiuskas

Yo me apunto a esta iniciativa de cadena de rezos de las katiuskas. Siempre todos tenemos por algo por lo que rezar y cuántos más seamos, mejor.

7 pares de katiuskas

Ayer nos despertamos con una noticia muy triste invadiendo mi whatsapp. Algunas de las personas que leéis este blog sabéis a qué me refiero. Se me cayeron inevitablemente unas lágrimas, de esas que reflejan la tristeza, el malestar por no entender estos planes que tiene Dios a veces pero que algún día encajaremos dentro del puzzle, y la admiración por unos padres fuertes, serenos, que han sido un ejemplo en estos meses y que a pesar de eso ahora mismo estarán indudablemente destrozados.

Esta intención ha estado en las primeras filas de nuestra lista de rezos durante unos meses y a veces cuesta entender que no haya acabado como queríamos. Espero de verdad, que toda la energía de esos rezos esté ahora proyectada en su familia. Nuestra fuerza y nuestro cariño van para vosotros en estos momentos.

Ayer por la noche cuando me puse a escribir el post, no era…

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Como en casa en ningún sitio. 

  

Y no, no me estoy refiriendo a la nuestra, sino a la de mis padres.

El fin de semana pasado, Diego tenía despedida de soltero en Barcelona y yo me quedaba “de Rodríguez”!! Solo que, a diferencia de otras veces, iba a estar “de Rodríguez con el plus de dos niños a cuestas”. 😉

El destino de la despedida mejor no podía haberse planeado: Barcelona. Y digo mejor porque, por un lado, Álvaro, Carlota y yo podíamos quedarnos en Lleida – muy cerquita de Barcelona – con mis padres y hermanas. Ayuda y canguros más que suficientes-. 😉 

Y por otro lado, porque mi marido, como buen Bilbaíno que es – y uno de los mayores aficionados del Athletic Club-, iba a pasar la final de la Copa del Rey en la ciudad donde tendría lugar esa celebración. 

Así que el viernes por la mañana pusimos rumbo a Lleida. Intentamos salir lo más pronto posible teniendo en cuenta la logística viajando con niños – uno de ellos un bebé de mes y medio – y que teníamos que llegar, sí o sí, antes de las 18h que era cuando Diego cogía el tren que le llevaba a la Ciudad Condal. No podía perderlo. ¡Le esperaba un súper fin de semana! 😉

He de decir que hicimos un viaje mejor que bien. Parada de rigor para comer y proseguimos. 

Por cierto, el área de servicio estaba atestada de aficionados del Athletic. Me encanta su afición, todo hay que decirlo. Hasta yo, declarada culé toda mi vida, algo empiezo a sentir por el equipo bilbaíno. De hecho, reconozco que esa noche iba con el Athletic. Soy del Barça, sí. ¡Y además soy catalana! pero este rollo del independentismo y politiqueo, inlcuso, en los Clubs de fútbol, está haciendo que me lo replantee.

A lo que iba. Llegamos bien de tiempo. Dejamos a Diego en la estación y pusimos rumbo a casa de mis padres. Al despedirme de él le dije cuánto le íbamos a echar de menos pero sobretodo – sobretodo- le insistí en que disfrutara al máximo de un finde entre amigos y sin niños. Este último, dato importante. 😉

Me consta que revivió sus años de juventud pues a parte de pasárselo en grande, volvió afónico, resacoso y agotado. 😉

Por nuestra parte, en casa de mis padres, estuvimos fenomenal. Y, una vez más, la súper abuela hizo gala de su nombre. No sólo cuidó de Carlota de maravilla sino que ese fin de semana mi niña empezó a engullir biberones de 120, a reirse estando despierta y a hacernos compañía sin llorar! ¿Cómo lo hará? Santa paciencia la de las madres (las nuestras claro. A mí todavía me falta mucho recorrido). 😉

De Álvaro qué os puedo contar. Es un niño que con un simple palo disfruta como un enano. Y si a ello le sumas la cantidad de jueguetes que decoran el jardín de mis padres, casita de Mickey y tobogán incluido, simplemente era un niño feliz. Se pasó todo el fin de semana jugando a sus anchas con su prima Carolina. ¡Hasta se pegaron varios baños!

Desde entonces yo he vuelto súper relajada. Han colaborado absolutamente todos. 

La súper abuela en su línea, para qué decir más. Le ofrecí un sueldo si se venía a vivir con nosotros pero me da a mi que no coló. 😉

Su abuelo llevándose a Álvaro al parque (se las vió y deseó a la hora de volver a casa. Y es que Álvaro engaña. Cuando parece que te sigue, se gira y echa a correr de nuevo hacia el parque). 😉

Su tía “Enena” (Helena para la familia), aun teniendo que estudiar para los exámenes que le quedaban, jugó y cuidó de él a la perfección. 

Y su tía Moni, una súper madraza, no tenía suficiente con cuidar de su hija Carola (como la llamamos cariñosamente) sino que tuvo tiempo de darle algún bibe a la peque y de cuidar de Álvaro también. ¡Qué crack!.

En fin, no sé si ha sido Lleida o que Carlota empieza a mejorar (y mucho), o que ya está a punto de cumplir los dos meses e interactúa más con nosotros… Pero lo cierto es que en esta casa, por fin, empieza a haber un poco de organización. Y yo, por supuesto, empiezo a estar mucho más contenta y a disfrutar de su maternidad. 

Sigue llorando en los bibes, y de gases va regular – aunque mejorando – del reflujo, lo mismo. Pero sus lloros ya los controlamos mejor y no hay bibe que no se termine. A veces, incluso se zampa 150! 

Sé que habrá días mejores y días peores pero cruzo dedos para no retroceder pues durante este pasado mes lo hemos pasado francamente mal. 

Hay luz al final del tunel y mi niña parece que es una niña buena. ¡Que siga así!

Esta noche, para celebrarlo, mi marido y yo nos vamos de cenita SOLOS. ¡Ya era hora! 😉

Muchísimas gracias a mi familia por ayudarme en todo. No sólo los que estuvieron en Lleida me ayudaron sino que también lo han hecho Victoria (la médico a quien he acudido a ella telefónicamente día sí, día también) y Laura y Andrea por estar ahí también. 

Y muchísimas gracias a todos vosotros por la cantidad de ánimos 2.0. que he recibido estas pasadas semanas. 

Espero que continúe, y para bien….