Baja por maternidad y vacaciones: dos conceptos muy distintos.

  
Hay mucha gente, varones sobretodo y mujeres que no son madres, que – por pura ignorancia – tienden a darle un toque vacacional a la baja por maternidad. En ese caso, resulta que estoy de vacaciones y ¡no me he enterado, oigan!.

Que yo sepa, las vacaciones son relajación, desconexión, pasar unos días en familia y, sobretodo, disfrutar todos juntos. ¡Ojo! Que yo no digo que la baja por maternidad no se disfrute pero es otro estilo. Y ya, si el bebé viene con algún tipo de enfermedad, como Carlota, puede resultar – en ocasiones – estresante. 
Cuando un bebé nace, necesita un tiempo de adaptación. Y la madre otro tanto. Deben conocerse. Por no hablar de los múltiples cuidados que requiere ese pequeño ser indefenso. Un bebé que, tras estar 9 meses dentro del vientre materno, calentito, comiendo sin esfuerzo, necesita aprender a respirar solo, a comer solo, a interactuar con otras personas – su familia lo primero – y, sobretodo, necesita estar con su madre.
Hay bebés, como la mía, que nacen con el aparato digestivo inmaduro y tienen que pasar, mínimo, 3 meses para que vaya desarrollándose. Aparecen los gases – o cólicos -, y lo pasan fatal durante todo el día. Necesitan muchos mimos para calmarse. Tienen que aprender a evacuar solitos pero, hasta que lo logran, debes pasarte unas largas semanas ayudándole. Y ya, si a eso le sumas el reflujo, esa dichosa enfermedad que comienza a remitir al año, la baja por maternidad, sí, esas vacaciones, la veo hasta corta. 
Ser madre es maravilloso. Es lo mejor que le puede pasar a una mujer. Pero como todo lo bueno que merece la pena, y creedme, esto lo merece, requiere de un gran esfuerzo. Un esfuerzo que, lamentablemente, en esta sociedad en la que vivimos, y hablo de España, no está valorado. Por suerte, el esfuerzo que nace del corazón no es esfuerzo. Pero ello no quita para que no terminemos el día agotadas. ¿Sí o no, madres?. Un agotamiento con gusto y recompensado pero, al fin y al cabo, agotamiento. 
Yo, cuando trabajaba y no tenía hijos, llegaba a casa, fuera la hora que fuera, y me quedaban fuerzas para salir a cenar. Ahora, entre semana, ni me lo planteo. Prefiero agotar mis fuerzas con los peques y luego descansar bien porque al día siguiente volvemos a empezar y sé que ellos me necesitan con energía. 
En breve me incorporaré a trabajar. Y es ahora, tras casi cuatro meses, cuando puedo decir ¡por fin llegaron las tan ansiadas vacaciones! Porque ¡sí señores!, estar de vacaciones para mí es estar con mis hijos y mi marido, disfrutando de planes los 4 juntos y, a poder ser, fuera de nuestro entorno habitual. Y eso ocurrirá en escasos 4 días.
Soy consciente de que no serán unas vacaciones tranquilas. Con dos hijos pequeños, cada uno en su etapa (y os recuerdo que hemos empezado la “operación pañal con Álvaro) cambiaremos gustosamente leer un libro tranquilos por estar chapoteando en el agua con el mayor, o renunciaremos a tomar una copa relajados por “luchar” con un biberón. Pero ¿y la alegría que nos dan los hijos?. No lo cambio por nada del mundo. Prefiero caer rendida en la cama sabiendo que he agotado toda mi energía haciendo felices a mis hijos.
Eso sí, a finales de Agosto, tras haber pasado dos semanas y media los cuatro juntos, mi marido y yo nos vamos a escapar, cerquita de Madrid, para leer ese libro tranquilos y tomar esa copa con gran gusto. 😉
Así que señores, lejos de haberme tomado unas vacaciones, yo he estado trabajando estos meses como la que más. Y lo que necesito ahora es seguir trabajando, porque ser madre es un trabajo las 24h al día, pero con el apoyo físico de mi marido, en un entorno cero estresante y, aunque traslade mis quehaceres fuera de Madrid – porque es evidente que Carlota y Álvaro requieren de los mismos cuidados y atención que están recibiendo en casa – cambiamos de aires. Y lo más importante, mi marido – ese que trabaja mucho fuera de casa – estará con nosotros y podrá disfrutar de sus hijos.
Así que ahora sí. ¡Ahora me voy de vacaciones! A seguir disfrutando de las sonrisas y compañía de mis hijos y, por supuesto, también de mi marido.
Lo único que sí coincide es que mi baja por maternidad (que se me ha pasado volando) y las vacaciones, esas que empiezo ahora, tendrán la misma fecha de caducidad. A partir de septiembre empieza una nueva etapa. Con pena – porque supone que Carlota está creciendo demasiado rápido – pero, como siempre, con mucha ilusión.
Nos veremos a la vuelta con muchas más historias que contar.
¡Disfrutad vosotros también!

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