Normativa para llevar niños en coche.

  
Como abogada que soy, me paso el día leyendo, estudiando e interpretando normativa. Bien es cierto que, por mi especialidad, poco o nada leo en relación a cómo afecta al llevar niños a bordo de un coche. Aunque tampoco hace falta ser abogado para enterarse de ciertas modificaciones legislativas que nos afectan como madres. Cada vez son más los medios que nos ayudan a estar al día en estas cuestiones. De hecho, yo misma, tenía el post pensado desde que oí el rumor de ciertas modificaciones en el Reglamento General de Circulación pero no ha sido hasta hoy que me han saltado las alarmas. Y es que, amigos, ¡mañana mismo entran en vigor!. Yo ya me puedo poner las pilas. 😉

Como bien dice el refrán: “En casa del herrero, cuchillo de palo“. Hasta ahora, la compra de una silla para mis hijos o el simple hecho de colocarles en un asiento u otro, de una forma u otra, lo he hecho basándome en la practicidad, en unos casos, o lo que yo consideraba más seguro para ellos sin reparar en que lo que yo consideraba hasta ahora, va a cambiar.
Así, por ejemplo, durante todos estos meses, cada vez que iba con Carlota al médico, al Centro Comercial o a algún que otro recado, colocaba la maxicosi en el asiento delantero del coche, el del copiloto – airbag en off, por supuesto-. Esta práctica está muy extendida en madres. Seguro que más de una lo ha hecho en alguna que otra ocasión. Y es que, cuando vas sola, es muy cómodo. Ellos te ven, sonríen y se sienten tranquilos. Si lloran, les haces mimos o les colocas, sin hacer malabarismos, el chupete. Ahora, esa práctica se acabó. Con la entrada en vigor de las modificaciones, a partir de mañana, 1 de octubre, estará terminantemente prohibido el llevar a menores de 18 años o, en su caso, de 135cm de altura, en el asiento del copiloto. Aunque, como en todo, existen excepciones: que los demás asientos traseros se encuentren ocupados por sillas de menores, que el coche sea biplaza o que no sea posible instalar todas las sillitas necesarias. Sólo en estos últimos casos, podrá sentarse un menor en el asiento delantero siempre y cuando lo haga en una silla homologada y adecuada para su altura/peso. No es nuestro caso así que no me queda más remedio que cambiar el chip.
Otra de las modificaciones que considero relevantes, y aquí es donde han apostado por los fabricantes de sillas, es que cada silla debe montarse según sus instrucciones. ¡Obvio!, pensaréis. Bien, pues yo lo hago fatal. La silla donde va Álvaro en mi coche, es una Cybex Sirona. Cuando la compramos corría el rumor de que una de las modificaciones del Reglamento General de Circulación, que finalmente no ha sido así, iba a ser la obligatoriedad de llevar a los menores de 2 años en contra de la marcha. Así que compramos esa silla que tiene para ambas opciones. Y aunque Álvaro tiene ya 29 meses, en trayectos largos sigue yendo en contra de la marcha. Considero que es más seguro para ellos. 
Ahora bien, el sistema homologado para ir en contra de la marcha es diferente al orientado al sentido de la marcha. Es decir, en la Cybex Sirona, cuando colocas al niño en sentido opuesto a la marcha, tiene unos arneses para sujetar al bebé. Y cuando se trata de ir en sentido de la marcha, tiene una especie de “flotador” para sujetarle bien. ¿Cómo lo hacemos nosotros? Le colocamos el flotador vaya en el sentido que vaya. Primero, porque los arneses ya están quitados-desmontados y segundo, y he aquí la razón principal, porque Álvaro se quita los arneses antes de que nos haya dado tiempo a cerrarle la puerta. Es veloz, veloz. Como comprenderéis, así cero confianza.

  
Me temo que en esta última modificación, seguiré incumpliéndola. Pero es que me parece mil veces más seguro el flotador que unos arneses que, en el caso de Álvaro, poca función cumplen . Que me multen si quieren pero ante un accidente, Dios no lo quiera, creo que el flotador le frenará más. 
¿Cómo lo hacéis vosotros? ¿Os afectan en algo estas modificaciones?.

Cómo combatir las náuseas en el embarazo.

  
No, no vuelvo a estar embarazada. Sé que este post debería haberlo escrito hace ya algunos meses pero creedme, lo último que quería en ese momento era pensar en más náuseas. Ya tenía suficiente. 😉
Tengo varias amigas que están embarazadas del primer hijo y, algunas de ellas, lo están pasando realmente mal con los malestares típicos del comienzo del embarazo. Léase: “con las náuseas”. 
Cuando en tus planes está el ser madre esperas con ansias el positivo del test y, cuándo éste llega, te imaginas 9 maravillosos meses y toda una vida perfecta al cuidado de tu chiquitín. Sí, hemos oído hablar de las náuseas, la somnolencia y los pinchazos pero ¿qué más da?. ¡Estamos embarazadas y eso es lo único que importa!.
Con el positivo en mano corres a contárselo, toda emocionada, a la familia más íntima. Ellos te preguntan: “¿Cómo te encuentras?“. Y tú, toda ilusa, respondes: “Me encuentro fenomenal“. Y creedme, pasa en el comienzo de todos los embarazos. Recuerdo que con Carlota me encontraba tan bien que pensaba: “¡Jolín. Qué bien me encuentro! ¡Qué gozada!. Seguro que este embarazo es muchísimo mejor que el de Álvaro“. Qué ilusa. Estuve así semana y media. 
¡Ay, amigos!. Qué poco dura, en ocasiones, esa “paz corporal” – por llamarlo de alguna manera -. Claro que hay gente que se encuentra fenomenal desde la primera semana hasta la última, pero no suele ser lo normal. Quien más y quien menos tiene alguna molestia durante el embarazo.
Yo misma, que he tenido un niño y una niña, aun siendo muy diferentes los dos embarazos, he tenido molestias varias en ambos. Eso sí, tras estar en el segundo con náuseas hasta el 6 mes, debería estarme prohibido quejarme del de Álvaro. Cláramente el embarazo de un niño y el de una niña fueron muy diferentes. Con Álvaro poco más y estuve como una rosa. Con Carlota ya fue otro cantar. 😉
Así que hoy me voy a centrar en cómo combatir las náuseas “matutinas“. ¿Por qué las llamarán matutinas cuando, por lo menos en mí, fueron durante todo el día?. Quien las “bautizó” como tal o era hombre o una mujer con suerte. 😉
Ahí van los remedios que yo usé y que, quiero pensar, mejoraron algo la sensación constante de estómago revuelto y ganas de …. (imaginaos). 😉
1) A la sexta semana de embarazo, sin pensármelo dos veces, empecé con el, ya conocido por todas, Cariban. ¿Mano de santo? No sé qué deciros. Aunque, según mi ginecólogo, si con Cariban estaba como estaba (por los suelos) sin él sería poco más que un trapo sucio. 
Avanzaban las semanas (mejor dicho, los días) y no encontraba mejoría así que empecé a añadir más “remedios” al asunto.
2) Jarabe Emenea. O lo que es lo mismo: un chute de glucosa para el cuerpo. Recuerdo que con Álvaro también lo tomé. Hay de dos sabores: Lima y Cereza. Con Álvaro me dió por tomar este último. Con Carlota, en cambio, el de Lima. Qué curioso es el gusto cuando estamos embarazadas. 😉
Seguía con mucha náusea….

Busqué más remedios….
3) Beber Coca Cola sin gas. De pequeña me gustaba mucho. Odiaba el gas. ¿Ahora? Ahora no soporto una Coca Cola sin gas. Pero oye, en el embarazo me volvió a gustar. ¡Qué raras nos volvemos! Pobres maridos nuestros que tienen que aguantarnos todo y, además, nuestras rarezas “temporales”. 😉
4) Comer, comer y comer. Sí, lo sé. Cuando estás todo el día con náuseas lo último que te apetece es comer. Durante las primeras semanas, cada vez que iba a ver a mi ginecólgo, este me preguntaba: “¿Has desayunado?“. A lo que yo contestaba: “No. Tengo el estómago cerrado. Es pensar en comida y empeorar“. Pero él, con toda la razón del mundo, me dijo que las náuseas se producían, entre otras cosas, por tener el estómago vacío. Es como un pez que se muerde la cola. No como porque tengo náuseas. Tengo náuseas porque no como. Así que, haciéndo caso de su sabio consejo, empecé a ingerir pequeñas dosis de alimento. 
5) Evitar grandes atracones de comida. En relación con el remedio anterior, una cosa es comer algo y otra muy distinta es meterte un Cordero Lechal entre pecho y espalda. Yo lo hice. “¡Venga!. ¡Fiesta en la barriga!“, pensé. El resto de la historia ya os la podéis imaginar. 😉
Hasta aquí mis remedios. Si ninguno hiciera efecto, no me queda otra más que recomendaros paciencia. Tarde o temprano acabarán desapareciendo. Como mucho, como mucho, os durarán sólo 9 meses. 😉
Espero que alguno de ellos os sirva. Y, por favor, estoy abierta a recibir vuestros remedios, caseros o no, para combatir las náuseas. Seguro que entre todas nos ayudaremos así que ¡contadnos!.

Cuando un bebé nace con distrés pulmonar, entre otras cosas.

 

Mi gordita durmiendo plácidamente

 
Esta entrada viene con mucho retraso. Tanto como meses tiene Carlota. Era un post que o lo escribía en el momento – y con tantas emociones era complicado (aunque algo ya os adelanté) – o buscaba tiempo para redactarlo. Y buscando, buscando … hasta ahora. 😉
Recuerdo el momento del parto con la misma exactitud a cómo recuerdo el de Álvaro. Son momentos únicos e inolvidables. Ambos partos fueron rápidos e indoloros (bendita epidural) y en ambos me acompañaba el mismo equipo de grandes profesionales del Hospital Ruber Internacional, con mi ginecólogo, el Dr. Odróñez, a la cabeza.
Álvaro nació en el segundo pujo “y medio”. Pongo “medio” porque cuando me disponía a iniciar el tercer pujo, vi su carita salir y de la emoción, dejé todas mis fuerzas y me puse a llorar. 
El parto de Carlota fue todavía más emocionante y es que, al verla salir, yo misma la pude coger en brazos mientras todavía quedaba parte de ella dentro de mí. Vamos, que terminé yo misma el trabajo del parto sacándola con mis propias manos. Recuerdo cómo el ginecólogo me dijo: “cógela tú misma”. No me lo pensé dos veces. Fué impactante. Un momento precioso. Junto con el de Álvaro, fueron los segundos más emocionantes de toda mi vida. 
Diego y yo la mirábamos sin dejar de repetir: “qué bonita es”.
Acto seguido le cortaron el cordón y se la llevaron para hacerle el correspondiente reconocimiento. A los 10 minutos, o menos, me la volvieron a traer para iniciar el piel con piel que tan necesario resulta en esos primeros momentos de vida. 
Sin embargo, al dejármela encima, Noemí – la pediatra de Neonatos que estuvo en todo momento cuidando de ella – me dijo que, como les suele pasar a algunos bebés, a Carlota le costaba respirar. Yo se lo noté. La pobre emitía un lloro flojito y constante. Había nacido con distrés pulmonar. O lo que es lo mismo, dificultad respiratoria grave. Suele darse en bebés prematuros – aunque no era el caso-. 
El distrés pulmonar derivó en apneas – cese en la respiración – así que se la llevaron rápidamente a la incubadora donde permaneció 30 horas bajo supervisión y control, 14 de las cuales con soporte respiratorio CPAP. 
He de reconocer que, así como con Álvaro, cuando le ingresaron por ictericia, lo pasé fatal, con Carlota – aun siendo mucho más grave su situación – estuve súper tranquila. Confiaba mucho en el equipo de profesionales de la Unidad de Neonatos. Los mismos profesionales que cuidaron de mi sobrina Naiara al venir a este mundo de forma muy prematura.
Teníamos enchufe. Maca, la enfermera que sigue en contacto con mi hermana para saber cómo evoluciona su niña (que está perfecta, por cierto), al enterarse que Carlota era la primita de Naiara, le dió un trato especial. ¡Hasta se encargó, personalmente, de ponerle los pendientes!. No podemos estar más que agradecidos.
También recibimos mucho apoyo por parte de mi ginecólogo quien acudía a vernos, cargado de ánimos, todos los días.
Aun con todo, la situación era rara. 9 meses de embarazo, das a luz y vuelves a la habitación con los brazos vacíos. Nos pasamos así dos días. Sin cunita rosa. 
Evidentemente dijimos a la gente que no viniera a hacer visitas pues no había bebé que ver. 😦
Lo bueno que tiene ese Hospital es que podíamos ir a ver a Carlota siempre que quisiéramos. En teoría, los horarios de visita – para los padres – eran de 12h a 18h pero ya os he dicho que tuvimos un trato especial. Así que todos los días, sin importar horarios, me recorría el pasillo varias veces para estar con mi pequeña. 
No os creáis. El verla tan intubada impone un poco pero en cuanto noté cómo me cogía el dedo con sus manitas, todos los males desaparecieron. 

  
Las visitas para la familia eran de 14h a 14:15h. Las únicas “suertudas” que pudieron conocer a Carlota en Neonatos fueron las abuelas. 😉
Pasado el distrés pulmonar, gracias a Dios, trajeron a nuestra pequeña con nosotros. Todavía recuerdo el sonido de las rueditas de la cuna antes de abrir la puerta de la habitación. Después de 30 horas íbamos a poder disfrutar de ella. ¡Qué bonita era!.
Sin embargo la felicidad duró poco. Al igual que sucedió con Álvaro, Carlota empezaba a dar síntomas de ictericia. No me sorprendió en absoluto. Estando embarazada, y sabiendo que Álvaro la sufrió, le pregunté a mi ginecólogo si había algo que yo pudiera hacer para evitarlo. Me dijo que no. Es más, habiéndo tenido un hijo con ictericia, los demás hijos tenían más probabilidades de sufrirla. Así que en cuanto Noemí nos informó de ello, yo misma – haciendo caso a sus consejos – le dije que se la llevaran, de nuevo, a la incubadora sin esperar un segundo. Pues un bebé que ha sufrido apneas, lo último que necesita es deshidratarse y/o que la glucosa le baje. 
Volvíamos a estar solos en la habitación. 
Lo bueno de esta situación, a diferencia de con Álvaro, era que seguíamos ingresados en el Hospital. Mucho más cómodo para mi sobretodo a la hora de ir a darle de comer. La tenía a escasos 20 metros de mi habitación.
Teóricamente el alta me lo tenían que haber dado a las 48h de haber dado a luz. Yo estaba más que bien. También es cierto que en esos momentos te salen fuerzas de donde no las hay. Sin embargo, mi ginecólogo, sabiendo la situación en la que se encontraba Carlota, me dejó elegir. Me dijo que podía darme el alta ese mismo día o, a expensas de la evolución de Carlota, dármela al día siguiente. Evidentemente elegimos quedarnos un día más. La situación cambiaba considerablemente. O nos íbamos a casa ese día sin bebé o esperábamos otro más sabiendo que lo más probable es que para entonces podríamos irnos los 3. Y así fué. Al día siguiente nos trajeron mi alta junto con la suya y las 14h poníamos rumbo a casa los tres juntos. 
Como véis, esos “casi” 4 días no fueron fáciles pero lejos de haber estado desanimada y/o preocupada estuve muy feliz. Confiaba en todo el equipo del Ruber y, como no, del Jefe de arriba. Sabía que el mantenerla alejada de mí por unas horas era necesario y para bien. Y, gracias a Dios, así fué. 
Ahora es una niña súper risueña y, lo más importante, sana. 
En fin, esta es mi historia del parto de Carlota. Nunca dejaré de repetir lo mismo: ¡qué duro es ser madre!¡Cómo se sufre por los hijos!. Aun con todo, me siento la mujer más afortunada del mundo. Tengo un marido – el pilar de esta familia – y unos hijos maravillosos. Nunca dejaré de dar gracias a Dios por esta preciosa familia que me ha dado. Y que siga todo así de bien. 😉

¡Vuelta al cole!

  
Después de la experiencia que tuvimos llevando a Álvaro al “cole de verano” pensábamos que el comienzo de curso no iba a serle muy traumático. ¡Ay! Qué ilusos nosotros. 😉

Álvaro es un niño que se relaciona muy bien con todos y que necesita estar con otros niños. Cuando llegamos al parque de la urbanización se emociona y empieza a gritar: “¡Niños!¡ Niños!” y arranca corriendo hacia ellos. Hace buenas migas con todos – incluso con los más mayores -. El otro día, sin ir más lejos, estando en el columpio, se le acercó un grupo de 8 niñas como de 10 años. Y así, con su simpatía y desparpajo, se las metió en el bolsillo. Tengo vídeo del momento. 😉
La experiencia en el “cole de verano” fue magnífica. Ya os conté que, al preguntar cómo se lo pasaba Álvaro, todas las profes coincidían: “¡¿Este? Este se lo pasa fenonenal! ¡Es un juerguista!”. Y es que es cierto, gracias a Dios le encuentra diversión a todo. De ahí que, sin esperar a la escolarización “obligatoria”, decidimos apuntarle al curso de 2 añitos.
¿Cómo fue el primer día? Caótico. Un desastre. Llegamos tarde. Estuvimos 45 minutos atascados y tardamos cerca de una hora – cuando tenemos el cole a 10 minutos de casa en coche -. Me atrevería a decir que es uno de los peores días del año en Madrid en cuanto a tráfico se refiere.

Al ser el primer día, los pasillos del cole estaban abarrotados de padres. La clase de Álvaro cerrada, ya habían empezado.
El pobre iba con una cara de sueño tremenda. Le despertamos a las 8h y el día anterior no se durmió hasta las 22:30-23h. Recordemos que es un niño que duerme unas 14h diarias. Vamos, lo mismo que su madre antes de ser madre. 😉
Ya nos adviertieron en la reunión de padres, días antes al comienzo del curso escolar, que los primeros días la gran mayoría de niños lloraría. Bien desde inicio o por puro contagio. Álvaro no iba a ser diferente. Lloró. Y sigue llorando mañana tras mañana. 😦
El primer día iba tan contento…. hasta entrar en su clase. Ahí se refugió entre mis piernas, sin llorar, repitiendo: “mami, mami, mami”. Al haber comenzado las clases, y nosotros llegar tarde, no podíamos retrasar más la despedida así que saludamos a la profesora y, dándole un súper beso al pequeñín, nos fuimos. No le dió tiempo a llorar delante de nosotros pero no dudo en que lo hiciera segundos después de cerrar la puerta de clase.
Horas más tarde, fui a recogerle a la salida del cole. Se me caía la baba al verle salir con su uniforme. Su profesora me contó que se lo había pasado bomba, que el primer día había ido muy bien y que al salir al patio sólo repetía: “¡Parque!¡Parque!”. El primer día estaba superado.
Pero ¿cómo están siendo los demás días?. Se lo sigue pasando fenomenal pero se queda llorando todas las mañanas. 
He de reconocer que ese “mal trago” se lo lleva mi marido que es quien le lleva todos los días. Yo me llevo la mejor parte, la de ir a recogerle. 😉
En fin, todos los niños pasan por lo mismo y sé que terminará habituándose. Al fin y al cabo van a aprender y sobretodo, a estas edades, a divertirse y sé que Álvaro terminará teniendo una buena adaptación.
¿Qué tal están llevando los vuestros la vuelta al cole?

Ser madre, engancha.

  
¡Ya estamos de vuelta! En realidad llevamos ya una semanita al pié del cañón pero entre el comienzo de mi trabajo, reuniones varias en el cole, otras tantas enfermedades en casa y revisión pediátrica de Carlota, no he tenido ni un segundo. Así que, ante todo, pido disculpas por desaparecer más tiempo de lo normal. 😉

Gran parte de las vacaciones las hemos pasado en tierras Cántabras y he de decir que he vuelto enamorada. ¡Qué tierra, Señores! ¡Y qué gente!. 
He de reconocer que no las tenía todas conmigo. Normalmente optamos por otros destinos más calurosos pero este año mi marido tenía “morriña” por volver al que, durante varios años, fue su destino vacacional – pasó algunos veranos en Comillas, con los jesuítas -.
Yo era un poco reacia al destino por el tiempo. Ya el año pasado, tras estar varios días en Bilbao – en la semana grande (Aste Nagusia) -, tierra de mi marido, le dije que no volvía un Agosto. ¿14 grados? ¿Pero qué verano era ese?. Así que podéis imaginar el “temor” que tenía este año pues con el tiempo, en el norte, ya se sabe. ;-).
Sin embargo, tras pasar el peor Julio de mi vida – en cuanto a calor me refiero – no hizo falta mucho esfuerzo para convencerme. Así que para allí que nos fuimos.
Mi opinión ha cambiado. Adoro el tiempo del norte. Una media de 23 graditos. Lo suficiente como para ir a la playa o comer en una terracita, al sol, sin achicharrarse. ¡Qué suerte tienen!.
Y con ese tiempo que teníamos daba gusto hacer excursiones. Uno de los días, el menos caluroso quizá, nos fuimos al Parque Natural de Cabárceno. A Diego y a mí nos gustó muchísimo pero no puedo decir lo mismo de Álvaro y, por supuesto, de Carlota quien se pasó todo el trayecto dormida. A Álvaro, incumpliendo todas las normas sobre tráfico, le pusimos delante, en el asiendo del copiloto, conmigo. La lió parda en el coche. Todo menos mirar por la ventana a los animales. Intentamos parar para verles a todos pero él no se quería bajar. Le encontró más diversión a ir delante. Nosotros le decíamos: ¡Mira las jirafas! A lo que él miraba con poco interés y contestaba: “Adiós Jirafas”. Y así con todos los animales. Al final optamos por bajar en turnos. Primero mi marido y después yo. En parte lo agradecí pues mi hijo no le teme a nada. De hecho, las pocas veces que le bajamos, sin miedo al animal de turno, intentaba colarse por la valla. 😦
También dimos paseos en barco, visitamos pueblitos ideales, montamos en trenecitos turísticos, paseamos por la elegancia de Santander y comimos estupendamente.

Han sido unas magníficas vacaciones. Eso sí, al igual que digo esto he de decir que han sido, sin duda, las más agotadoras hasta la fecha – y me temo que esto va en aumento -. Y es que viajar con dos niños, ambos pequeños – de 2 años (sin temor a nada) y 4 meses – ha sido toda una odisea. Aun así, hemos pateado tierras Cántabras de arriba a abajo. Y los peques, aun con sus “achaques”, han aguantado bastante bien. 
Así que, amigos, hemos disfrutado cantidad.
Y tras pasar 20 días fuera de casa, de vacaciones, con los dos peques y un súper paciente marido, decidimos que ya era hora de pasar un par de noches los dos solos – por aquello de celebrar los 4 años de casados a solas. Sin pañales que cambiar ni biberones que dar-. 
Llegamos un martes de Cantabria y el miércoles pusimos rumbo a la costa Valenciana. Esta vez solos. ¿4 horas de viaje sin tener que pasar la mayor parte del tiempo en la parte trasera del coche, intentando dormir a una y jugar “a lo que sea” con el otro? ¿4 horas de viaje sin escuchar Cantajuegos, de forma exageradamente rallada, y en un asiento comodísimo sólo para mí? ¡Un paseo! Mi espalda lo agradeció. 😉
Sin embargo, hay que ver cómo somos las madres. Me pasé esos 3 días pegada al móvil, preguntando constantemente cómo estaban mis hijos. Mirando, de forma reiteradamente cansina, los diferentes vídeos que me mandaban de Álvaro y Carlota con una sonrisa tonta que cualquiera que me viera pensaría que iba “fumada”. 😉
Parque que veíamos, parque que sabíamos íba a encantar a nuestro hijo mayor. 
Y en cuanto a lo de dormir, dejando a un lado que, gracias a Dios, mi hijos duermen los dos muy bien, me desperté más veces que nunca. Que si a las 3, que si a las 5, a las 7. Empiezo a llegar a la conclusión de que dormir, aun con hijos, duermo muchísimo mejor en casa que fuera de ella.
Eso sí, hemos comido y cenado tranquilamente. Disfrutado de varios baños en el mar mediterráneo y de alguna que otra copa después de la cena. Nos ha venido muy bien, sobretodo después del ajetreo de las vacaciones en el norte. Sin embargo hay que ver cómo se les echa de menos a los “jodíos” – perdonad la expresión -. 
La misma tarde que llegábamos de Cantabria, después de un viaje muy amenizado entre los lloros de una por estar muerta de sueño y los gritos de alegría del otro – por cualquier excusa -, le repetía a mi marido: “Valencia, Valencia, Valencia”, como diciendo: ¡¡¡necesito relax ya!!!. 
Al día siguiente, no habíamos salido de casa y, viendo mi cara tristona, me pregunta mi marido: “¿Qué te pasa?”. A lo que yo contesto: “Que no nos hemos ido y ya les echo cantidad de menos”. Evidentemente él se reía pues entre la Mercedes del día anterior y la del siguiente había mucho cambio. 😉
En fin, no sé si os habrá pasado a vosotros o no. El caso es que una vez te conviertes en madre ya no puedes pasar un día sin ellos a no ser que sea a costa de echarles cantidad de menos. 
Soy partidaria de seguir haciendo este tipo de escapadas cada vez que podamos pero de una cosa sí estoy segura y es que ya no se disfrutan tanto como cuando los peques no existían. 
En fin, ya estamos de vuelta!. Casi al 100%. Yo ya empecé a trabajar y el lunes próximo Álvaro empieza el cole.
Bendita, y ansiada, rutina. 😉