Cuando un bebé nace con distrés pulmonar, entre otras cosas.

 

Mi gordita durmiendo plácidamente

 
Esta entrada viene con mucho retraso. Tanto como meses tiene Carlota. Era un post que o lo escribía en el momento – y con tantas emociones era complicado (aunque algo ya os adelanté) – o buscaba tiempo para redactarlo. Y buscando, buscando … hasta ahora. 😉
Recuerdo el momento del parto con la misma exactitud a cómo recuerdo el de Álvaro. Son momentos únicos e inolvidables. Ambos partos fueron rápidos e indoloros (bendita epidural) y en ambos me acompañaba el mismo equipo de grandes profesionales del Hospital Ruber Internacional, con mi ginecólogo, el Dr. Odróñez, a la cabeza.
Álvaro nació en el segundo pujo “y medio”. Pongo “medio” porque cuando me disponía a iniciar el tercer pujo, vi su carita salir y de la emoción, dejé todas mis fuerzas y me puse a llorar. 
El parto de Carlota fue todavía más emocionante y es que, al verla salir, yo misma la pude coger en brazos mientras todavía quedaba parte de ella dentro de mí. Vamos, que terminé yo misma el trabajo del parto sacándola con mis propias manos. Recuerdo cómo el ginecólogo me dijo: “cógela tú misma”. No me lo pensé dos veces. Fué impactante. Un momento precioso. Junto con el de Álvaro, fueron los segundos más emocionantes de toda mi vida. 
Diego y yo la mirábamos sin dejar de repetir: “qué bonita es”.
Acto seguido le cortaron el cordón y se la llevaron para hacerle el correspondiente reconocimiento. A los 10 minutos, o menos, me la volvieron a traer para iniciar el piel con piel que tan necesario resulta en esos primeros momentos de vida. 
Sin embargo, al dejármela encima, Noemí – la pediatra de Neonatos que estuvo en todo momento cuidando de ella – me dijo que, como les suele pasar a algunos bebés, a Carlota le costaba respirar. Yo se lo noté. La pobre emitía un lloro flojito y constante. Había nacido con distrés pulmonar. O lo que es lo mismo, dificultad respiratoria grave. Suele darse en bebés prematuros – aunque no era el caso-. 
El distrés pulmonar derivó en apneas – cese en la respiración – así que se la llevaron rápidamente a la incubadora donde permaneció 30 horas bajo supervisión y control, 14 de las cuales con soporte respiratorio CPAP. 
He de reconocer que, así como con Álvaro, cuando le ingresaron por ictericia, lo pasé fatal, con Carlota – aun siendo mucho más grave su situación – estuve súper tranquila. Confiaba mucho en el equipo de profesionales de la Unidad de Neonatos. Los mismos profesionales que cuidaron de mi sobrina Naiara al venir a este mundo de forma muy prematura.
Teníamos enchufe. Maca, la enfermera que sigue en contacto con mi hermana para saber cómo evoluciona su niña (que está perfecta, por cierto), al enterarse que Carlota era la primita de Naiara, le dió un trato especial. ¡Hasta se encargó, personalmente, de ponerle los pendientes!. No podemos estar más que agradecidos.
También recibimos mucho apoyo por parte de mi ginecólogo quien acudía a vernos, cargado de ánimos, todos los días.
Aun con todo, la situación era rara. 9 meses de embarazo, das a luz y vuelves a la habitación con los brazos vacíos. Nos pasamos así dos días. Sin cunita rosa. 
Evidentemente dijimos a la gente que no viniera a hacer visitas pues no había bebé que ver. 😦
Lo bueno que tiene ese Hospital es que podíamos ir a ver a Carlota siempre que quisiéramos. En teoría, los horarios de visita – para los padres – eran de 12h a 18h pero ya os he dicho que tuvimos un trato especial. Así que todos los días, sin importar horarios, me recorría el pasillo varias veces para estar con mi pequeña. 
No os creáis. El verla tan intubada impone un poco pero en cuanto noté cómo me cogía el dedo con sus manitas, todos los males desaparecieron. 

  
Las visitas para la familia eran de 14h a 14:15h. Las únicas “suertudas” que pudieron conocer a Carlota en Neonatos fueron las abuelas. 😉
Pasado el distrés pulmonar, gracias a Dios, trajeron a nuestra pequeña con nosotros. Todavía recuerdo el sonido de las rueditas de la cuna antes de abrir la puerta de la habitación. Después de 30 horas íbamos a poder disfrutar de ella. ¡Qué bonita era!.
Sin embargo la felicidad duró poco. Al igual que sucedió con Álvaro, Carlota empezaba a dar síntomas de ictericia. No me sorprendió en absoluto. Estando embarazada, y sabiendo que Álvaro la sufrió, le pregunté a mi ginecólogo si había algo que yo pudiera hacer para evitarlo. Me dijo que no. Es más, habiéndo tenido un hijo con ictericia, los demás hijos tenían más probabilidades de sufrirla. Así que en cuanto Noemí nos informó de ello, yo misma – haciendo caso a sus consejos – le dije que se la llevaran, de nuevo, a la incubadora sin esperar un segundo. Pues un bebé que ha sufrido apneas, lo último que necesita es deshidratarse y/o que la glucosa le baje. 
Volvíamos a estar solos en la habitación. 
Lo bueno de esta situación, a diferencia de con Álvaro, era que seguíamos ingresados en el Hospital. Mucho más cómodo para mi sobretodo a la hora de ir a darle de comer. La tenía a escasos 20 metros de mi habitación.
Teóricamente el alta me lo tenían que haber dado a las 48h de haber dado a luz. Yo estaba más que bien. También es cierto que en esos momentos te salen fuerzas de donde no las hay. Sin embargo, mi ginecólogo, sabiendo la situación en la que se encontraba Carlota, me dejó elegir. Me dijo que podía darme el alta ese mismo día o, a expensas de la evolución de Carlota, dármela al día siguiente. Evidentemente elegimos quedarnos un día más. La situación cambiaba considerablemente. O nos íbamos a casa ese día sin bebé o esperábamos otro más sabiendo que lo más probable es que para entonces podríamos irnos los 3. Y así fué. Al día siguiente nos trajeron mi alta junto con la suya y las 14h poníamos rumbo a casa los tres juntos. 
Como véis, esos “casi” 4 días no fueron fáciles pero lejos de haber estado desanimada y/o preocupada estuve muy feliz. Confiaba en todo el equipo del Ruber y, como no, del Jefe de arriba. Sabía que el mantenerla alejada de mí por unas horas era necesario y para bien. Y, gracias a Dios, así fué. 
Ahora es una niña súper risueña y, lo más importante, sana. 
En fin, esta es mi historia del parto de Carlota. Nunca dejaré de repetir lo mismo: ¡qué duro es ser madre!¡Cómo se sufre por los hijos!. Aun con todo, me siento la mujer más afortunada del mundo. Tengo un marido – el pilar de esta familia – y unos hijos maravillosos. Nunca dejaré de dar gracias a Dios por esta preciosa familia que me ha dado. Y que siga todo así de bien. 😉

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11 pensamientos en “Cuando un bebé nace con distrés pulmonar, entre otras cosas.

  1. Bueno que te voy a decir yo…aún lloro recordando mis partos y todo lo que vino despues.Yo creo que es algo que siempre me marcará.Gracias a Dios y a los médicos y a la fuerza de mis hijas ,todo salió bien.A día de hoy,si veo a un niño en un hospital me doy mi buen sofocón.Yo también pensé que todo saldría bien,nunca en lo contrario.Es muy duro irte a casa sin tu hijo.Encima,tú estás débil y sensible pero sacas fuerzas de donde sea.En fín,que están divinos y ya está pero yo nunca olvidaré esos momentos.

    • Nunca se olvidan. Forma parte del “proceso” pero gracias a Dios todo salió fenomenal y ahora puedes disfrutar de tus preciosas niñas, sanas y fuertes. ¡Cuánto me alegro! Ya tenemos historias que contarles cuando sean mayores (y tu historia todavía es más conmovedora) y tengamos que recordarles lo fuertes que fueron un día. Ahora podrán con todo ;-). Muchos besos Ana! A todas!

  2. Ayyyy, qué mal se tiene que pasar con un hijo ingresado!!!! no me lo quiero imaginar!!! siempre he tenido en mente ciertas situaciones de problemas de salud graves que he visto a lo largo de mi vida y por eso yo soy de las que sólo sufriré cuando sea estrictamente necesario, es decir, cuando mis hijos tengan algún problema de salud…todo lo demás es secundario!

    • Y haces muy bien! Sólo hay que preocuparse de lo realmente preocupable. A ver si yo seré capaz de hacerlo sólo en casos estrictamente necesarios o en cuanto Álvaro y Carlota crezcan un poco más seré híper protectora. Espero que no 😉

  3. Ufff, me has puesto los pelos de punta. Menos mal que al final todo acabó bien porque la verdad es que verla así, entubadita, impone un poco.
    Un beso y a seguir disfrutando de esa familia tan especial 😉

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