Algunas cosas que sólo quien ha crecido entre hermanas entenderá.

Seis Hermanas

Foto: Momentos antes de la boda de Laura. Hace ya algunos añitos… 😉

 

El otro día, mi hermana Andrea compartía un artículo en Facebook etiquetándonos a todas las hermanas. Un artículo, buenísimo por cierto, que hablaba sobre las 20 cosas que sólo quien ha crecido con muchos hermanos entendería.

Eso nos hizo recordar la de cosas que nos pasaron a nosotras. 6 hermanas, todas mujeres, conviviendo bajo el mismo techo. Cuando una salía del pavo, entraba la siguiente. ¡Non stop, señores!. Pobre mi madre. Y pobre mi padre también pues si a 6 hijas le sumas a tu mujer y suegra podéis imaginar cómo estaba en casa, único varón entre tanta mujer. 😉

Bromas aparte, siempre estaré agradecida de haber crecido en una gran familia. No sé cómo es crecer con chicos – aunque sí empiezo a ver cómo es convivir con ellos – pero lo que sí sé es que crecer entre tanta mujer, aun con las discusiones propias de hermanos, ha tenido sus ventajas. He aquí unas cuantas:

1) Compartir el GRAN placer de ir de compras: ¿A qué mujer no le gusta ir de compras?. Es algo que no sólo nos resulta placentero, es que en días malos resulta hasta terapéutico! Y con tanta hermana podéis imaginar. Siempre había alguna disponible para acompañarte. No sólo eso. Estoy segura que mi marido, en época Navideña sobretodo, está más que agradecido de tener un gran ejército dispuesto a sustituirle – y sin pedir nada a cambio -. 😉

2) Tienes Zara entero – y la última moda – metido en casa. Otra ventaja maravillosa. Las seis somos de gustos similares – menos la pequeña cuando tuvo una época en la que la llamábamos gótica. Época que, gracias a Dios, terminó -. ¿Que tenías una cena y no sabías que ponerte?,  ¿o una boda y no querías repetir vestido? ¡La ropa no era problema!. Eso sí, lo de “tomar prestado” era más habitual que lo de “pedir permiso“. 😉

3) Asesoramiento a la carta: Sea el tema que sea, o tengas el problema que tengas, siempre habrá una hermana que de en el clavo.  Y si no, puedes acudir a otra. O a otra. O a otra….

4) Los chicos, esos grandes desconocidos. Si la época del pavo de una mujer ya es dura, sumadle a ello el “interés” por los chicos habiendo crecido en una familia en la que el único varón era tu padre. Ya os lo digo yo: ese pavo se multiplica por 100. Pobre madre. Y pobre “hermana de turno” a la que ibas con tus historias….

5) ¡Las juergas entre hermanas son divertidísimas! Y os lo dice una que, aun siendo – o pretendiendo ser – una madre respetable, la década de los 20 a los 30 años he sabido cómo pasármelo bien. Por edad he salido mucho con mis hermanas Laura y Mónica y os puedo asegurar que esas noches han sido divertidas no, lo siguiente.

6) Pasar muchas tardes jugando a princesas – sin príncipes -. Por mi casa han pasado todos los disfraces de princesas habidos y por haber. No han sido pocas las tardes de domingo en que nos disfrazábamos y jugábamos a tomar el té como en la realeza. ¡Con guantes y todo, oigan! ¡Qué tardes tan divertidas y qué buenos recuerdos tengo!.

7) ¿RoboCop? ¿Darth Vader? ¿Quiénes son esos? Una de las películas por excelencia en nuestra casa era Sissi Emperatriz. Siempre soñé ser como ella. Qué guapa era Romy Schneider. Creo que ahora todas las hermanas  – menos las pequeñas, ellas son de otra época – tenemos la colección completa en cada una de nuestras casas aunque en mi caso todavía no he logrado “engañar” a mi marido para verlas… 😉

8) Fútbol? Qué es eso?: Quien entra en mi casa sabe que nunca habrá peleas entre ver un partido de fútbol o una película “femenina”. Gana lo último por goleada y eso mi padre lo tiene más que asumido. Es más, hace pocos años compró una TV plasma de 52 pulgadas que colocó en la buhardilla de casa para ver el fútbol con los “hombres” – sus yernos -. El primer día, hombres arriba viendo partidazo y mujeres abajo viendo peliculón, no tardó ni una primera parte en bajarse con nosotras.  Ahora la TV de 52 pulgadas está en el salón. Se le saca mayor partido. 😉

9) Adiós al turno del baño….¡hasta dentro de 3 horas! Si en una gran familia ya cuesta evitar que te roben tu turno para el baño, imagínate si en esa gran familia, todo son mujeres. Mujeres que tienen que maquillarse, secarse el pelo, depilarse, cambiarse de ropa 7 veces… La solución en mi casa pasó por hacer un cuarto de baño para cada una de las 6 hijas. Ahora, en la casa nueva de mis padres, tenemos cada una nuestro espacio.

10)  No soportas la soledad: Esto es algo que ocurre en todas las grandes familias pero tenía que ponerlo. Cuando abandoné el nido reconozco que me encendía la TV para no sentirme sola.  Ahora también os reconozco que con peques de por medio agradezco momentos de soledad…. 😉

11) Cuando tu madre quiere llamarte nunca acertará tu nombre a la primera: No es tópico, es pura realidad. Otra de las cosas que suceden en cualquier familia. Y ya si a ello le sumas un parecido extremo con algún hermano, ya podrás tener 50 años que seguirán confundiendo tu nombre. Esto nos pasa a mi hermana Andrea y a mí. Somos tan parecidas (en gustos sobretodo) que rara es la vez que se acierta con nuestros nombres. Tranquilos, está más que asumido. 😉

12) Fiesta de pijamas noche sí noche también: Al nacer en una familia de todo mujeres, compartir habitación se convertía en algo ineludible. Así, las noches en las que no se discutía se convertían en conversaciones hasta bien entrada la noche… o en jugar al zapatillazo – ¿eh Moni? -. 😉

13) No te basta con tener sólo una madre: No sé lo que es tener un hermano que te “zurre” o se las dé de “machote” pero sí sé lo que es tener una hermana que se las da de “madre” cuando tus padres están de cena.

14) 6 rosas para Sant Jordi: El 23 de Abril nunca te quedabas sin tu rosa. Aun estando soltera, ese día siempre había una rosa para ti.

15) Y 6 rosas en cada boda: Cuatro son ya las bodas que ha habido en mi familia y en todas se impuso como tradición el entregar una rosa a cada hermana. Siendo 6, y mujeres todas, podéis imaginar el momento de emoción.

Y hasta aquí mi repertorio. Como veis, crecer entre tanta mujer ha resultado muy divertido. Evidentemente hace ya tiempo de ello. Cuatro ya somos madres y nuestras prioridades ahora son otras pero, aun estando lejos, seguimos acudiendo unas a otras para buscar apoyo sisteril.

Adiós al reflujo.

Prometí que no iba a dar más la murga con este tema y así va a ser pero creo que, sin caer en la pesadez, se merece un buen cierre. Y además, de verdad. 😉

 

Este post no pretende ser más que un hilo de esperanza para aquellos padres que tienen bebés con reflujo y que, muchos de vosotros, ante la desesperación, me habéis escrito contándome vuestro caso. Bien, pues sólo deciros que de esta se sale.

 

Por muy negro que lo veáis, y no es para menos, creedme si os digo que más pronto que tarde, se acaba.

 

Al principio es muy duro, sobretodo – y aplico mi caso – cuando el pediatra os dice que del reflujo empiezan a remitir a los 6 meses y que al año, en la mayoría de los casos, desaparece. Tú, como madre recién dada a luz, piensas: ¿6 meses?. En mi caso pensé que no aguantaría tanto. Sobre todo, teniendo en cuenta que esas dos primeras semanas habían sido todo un infierno.

 

¡Dios aprieta pero no ahoga, Señores! Y creedme si os digo que se sacan fuerzas desde donde, creíais, no había.

 

Ya sabéis que Carlota empezó con ranitidina y que, transcurridas 8 semanas, al dejarle de hacer efecto, le cambiamos a omeprazol. Le añadimos, además, Motilium para evitar los vómitos. En términos generales esto le hizo mejorar aunque, como es lógico, tuvo sus recaídas. Sobretodo días después de administrarle la vacuna del rotavirus. Fatal para los bebés con reflujo.

 

Aun con todo, empezó a mejorar con 4 meses. Con 5, iniciamos los purés y le quitamos la medicación. Y con 6 ya estaba perfecta.

 

Ahora, gracias a Dios, puedo decir que Carlota está fenomenal. Han tenido que pasar 6 meses, sí, pero no han sido, ni de lejos, tan crudos como me lo había imaginado. ¿Ha sido duro? Muchísimo, pero la medicación y el apoyo de mi marido y la pediatra han hecho que este camino fuera más llevadero.

 

Ahora es una bebé muy buena. Capaz de estar en una sala sin decir nada entretenida sólo con mirar qué pasa a su alrededor. Y si a ello le sumas que cerca está su hermano Álvaro, a quien adora, no son pocas las carcajadas que regala “sin venir a cuento“.

 

Padres con bebés con reflujo: ¡se pasa! ¡Hay luz al final del túnel! Y lo mejor de todo: ¡se olvida! Si señores, ¡se olvida!

 

Lo más importante es tener paciencia y contar con un buen apoyo: marido y doctor, los primeros.

 

Y aquí estoy para lo que queráis. Aunque sea para desahogaros o escucharos.

Os dejo una foto de la peque de la casa, tan feliz y tan risueña.

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Cuando la bronquiolitis se adueña de los más pequeños.

  
Os contaba en en post anterior que habíamos tenido una visita inesperada, cero deseada y, por qué no decirlo, bastante engorrosa. Y todavía sigue aquí. Sin irse. Dichosa bronquiolitis. Junto con fiebre, tos, mocos, conjuntivitis, inapetencia y vomitos incluidos. ¡Una joya, oigan!.
Empezó Álvaro, la semana pasada. Al principio parecía un resfriado inofensivo hasta que el miércoles la tos empeoró. Me metí en la cama con él y apenas dormimos ninguno de los dos. A primera hora de la mañana me lo llevé a urgencias y nos confirmaron las sospechas: bronquiolitis. 
Empezamos con ventolin. 2 / 3 pufs cada 4h. Además, y en aras de evitar un, casi asegurado, contagio en Carlota, me fui a la farmacia a comprar un Aerosol Nebulizador para ponérselo a ambos cada día, 15 minutos, con suero. Con Álvaro fue fácil. Como en urgencias ya le tuvieron “enchufado”, sabía que tenía que estarse quieto durante unos minutos. Eso sí, le dejé el iPad para que viera dibujos y estuviera entretenido. 😉
Carlota ya fue otro cantar. Odia el Aerosol. Pero es que, además, emite un lloro que apena a cualquiera así que casi no he podido usarlo con ella. Lo único que sí tolera, y no hay más remedio, es la cámara ProChamber con ventolín. Pero claro, son 10 segundos por cada puf. Nada que ver con los 15 minutos que implica el Aerosol.
Con lo expuesto deducís que, después de Álvaro, empezó Carlota. En su caso ha sido – y está siendo -peor. No sólo tiene una tos engorrosa sino que además vomita absolutamente todo lo poco que ingiere. 
El lunes volví, esta vez con ella, a urgencias. La chica de admisiones, que era la misma que estuvo el jueves cuando fui con Álvaro, ya me reconoció. Tras esperar un tiempo aceptable nos atendieron. ¿Pronóstico? La bronquiolitis se había adueñado de Carlota. Aunque como he dicho antes, su caso está siendo peor. 😦
Normalmente la bronquiolitis, y siempre y cuando sea recetado por el pediatra, se trata con ventolin. Además de realizar lavados nasales continuos con suero y mucha, mucha paciencia.
Sin embargo, la tos de Carlota empeoró hasta tal punto que se ha pasado 3 días vomitando una media de 15 veces al día. Y no solo eso. La garganta está tan irritada que durante el día de ayer no quiso comer absolutamente nada. Ni beber suero. Nada. 
Así que volvimos a urgencias y, entre otras pruebas, le midieron la glucosa. Estaba algo baja pero dentro de la normalidad. Nos mandaron a casa a seguir el mismo tratamiento añadiendo un antibiótico y más suero oral.
Con esto confío en que empiece a mejorar. Siendo, como es, una niña tan risueña, la verdad es que da mucha pena verla tan decaída aunque he de decir que esta mañana se ha despertado hambrienta y, de momento, no ha rechazado el biberón. Poco a poco…
Por cierto, aquellos que hayáis probado el ventolin. ¿Habéis notado los efectos secundarios?. Álvaro se puso como una moto. Bien podría haber hecho el mismo efecto en Carlota. 😉

Zumba family.

  

Primero de todo os pido disculpas por no haber publicado esta semana nada. No me ha dado la vida. 
Reconozco que entre el trabajo y dos niños cada vez me cuesta más pero intento que no pase una semana sin publicar. Además de todo, esta semana ha sido, quizá, más ajetreada de lo normal. Empezando por el lunes, que fue mi cumpleaños. Sí, servidora cumplió 33 añitos ya y con ello el inicio de un nuevo propósito: hacer deporte. ¡Yo, que llevo más de 10 años sin hacer!. Miento, creo que serán 15 años ya. 
En mi época adolescente jugaba en el equipo de baloncesto del colegio. Por mi altura siempre fui pivot. Y, aunque mi padre no perdía la esperanza de verme jugar en el equipo de la universidad, lo cierto es que en cuanto cumplí los 18, dejé de lado ese mundo. ¿Me gustaba? Mucho, pero no era precisamente un Pau Gasol. 😉
Hace 10 años, y con el mismo propósito que ahora, lo único que hice fue ir al Decathlon de L’Illa – por aquél entonces vivía en Barcelona – y, emocionada, me compré todo el equipo de running. ¿Para qué? Para salir un día, sí uno, a correr por Diagonal con dos amigas. ¡0 éxito, oigan!. Y, desde entonces, hasta hoy.
Hace unas semanas, mientras los peques jugaban en el parque de la urbanización, una vecina – y gran amiga – me comentó que habían abierto un local cerca de casa en el que se podía ir a hacer zumba family. El concepto en sí es una pasada. Viendo mis ganas de retomar el deporte, y que el zumba se ha puesto tan de moda, no dudé en apuntarme. ¿Y qué mejor día para empezar que el día de mi cumpleaños?.
Eso sí, tuve que hacer otra visita a Decathlon pues desde aquél arrebato que tuve hace 10 años hasta hoy han sido 6 los traslados que he realizado y, salvo las zapatillas de deporte – completamente nuevas – el resto a saber dónde está. 😉
Zumba family consiste en hacer zumba – obvio – mientras los más peques juegan en un parque de bolas dentro de la propia sala. ¿Qué queréis que os diga? ¡Me encantó!. ¡Con lo que le gustan a Álvaro los parques de bolas!. No paraba de repetir: “Álvaro a parque de bolas y mami a bailar“. 😉 
Yo estoy ilusionadísima. Eso sí, acabo de empezar. A ver si soy capaz de aguantar. 😉
Y hasta aquí, el post de hoy. Mis obligaciones como madre hacen que vuelva junto a mis cachorrillos. Hemos tenido una visita inesperada y cero deseada: la bronquiolitis. Ya os contaré otro día la experiencia (efectos secundarios del ventolin y visita a urgencias incluida). Como veis, el ajetreo no para. 😉

¡Buen fin de semana!