Volviendo a los inicios: Barcelona.

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El martes publicaba una foto en Instagram desde el Port Vell de Barcelona y aunque sólo estuve unas pocas horas en esa ciudad – y por trabajo -, fueron suficientes para que todos los buenos recuerdos volvieran a mí.

 

Fue una sensación contradictoria pues, quitando la fugaz visita que hicimos cuando Carlota tenía 21 días de vida por la 1ª Comunión de mi sobrino Pablo, y que además no fue a Barcelona ciudad sino a San Cugat del Vallés, lo cierto que es la última vez que pisé esa ciudad fue antes de tener hijos. Así que, por un momento, dejé de ser madre para volver a mis tiempos mozos, a mis tiempos de motera, a mis tiempos solteriles.

 

Apenas tuve tiempo para nada pero el pasar en taxi por la escuela de negocios donde hice el Master, tener la reunión en pleno centro turístico y bajar paseando por las Ramblas hasta terminar en el Port Vell, fue suficiente para que los recuerdos volvieran. Viví allí durante 4 años y, aunque lo hice entre Sant Gervasi y Sarrià, no eran pocas las veces que bajábamos al Borne o al Port Olimpic, a pasar el día.

 

La vida tiene etapas y sin duda esta, al igual que me sucede con la del cole o la de Pamplona, la recuerdo con mucho cariño. Conocí a bellísimas personas y me reencontré con otras. Y sí, fue viviendo en Barcelona cuando por un viaje que hice a Madrid por ocio, conocí a mi marido. Bendito viaje. 😉

 

Desde entonces fueron casi 2 años de noviazgo a distancia. 2 años de AVEs entre Madrid y Barcelona. Unas veces venía él, otras iba yo. Y cuando el venía, pateábamos la ciudad de arriba a abajo. Así que podéis imaginar cómo recuerdo esa etapa, la del noviazgo, y los sentimientos que volvieron a mi ayer mismo al pisar, de nuevo, la ciudad Condal.

 

Madrid siempre será nuestra ciudad. Aquí nos conocimos y aquí estamos formado nuestro proyecto juntos, una preciosa familia. Es evidente que aquí somos muy felices, pero no os negaré que de vez en cuando imitamos en estilo cutre a Humphrey Bogart con un: “Siempre nos quedará Barcelona”. Y es que 2 años compartiendo recuerdos en esa ciudad, nuestros recueros iniciales, dan para mucho. 😉

 

El día que dejé de vivir allí nos prometimos Diego y yo que volveríamos cada año. Fue una promesa que no cumplimos. Circunstancias de la vida – el trabajo, vienen los niños, nos hacemos mayores – y que en Madrid también se está muy bien. 😉

 

Sin embargo, ya tenemos fecha de vuelta. En Mayo se casa mi amiga María y ahí que iremos. Y esta vez a modo romanticón. O sea sé, ¡sin niños!.

 

No descarto volver pronto con ellos. Es más, me haría muchísima ilusión. El tiempo lo dirá…. 😉

 

Mucha gente se empeña en comparar Madrid con Barcelona. A mí me encantan las dos ciudades. Cada una tiene su encanto y en cada una encuentras a bellísimas personas. Yo he vivido en ambas y me quedaría con las dos. Eso sí, en Barcelona está la casa de mis sueños – Avinguda Tibidabo 36 – pero como es prohibitiva, me quedaré en Madrid que además es donde está el mayor – y mejor – recuerdo de mi vida. 😉

Técnicas de gateo.

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Después del vídeo que he publicado esta mañana en Instagram donde, por cierto, habréis comprobado que la técnica es más que mejorable, y con 11 meses que tiene ya la reinona de la casa, por fin se ha lanzado a gatear.

 

Reconozco que tiré la toalla, hará un mes, cuando os contaba cómo había aprendido a moverse por casa – pierna delante y otra detrás – y es que, sinceramente, el hecho de que gateara o no me traía sin cuidado. Lo importante era que tuviera inquietud por moverse y que, a su modo particular, lo hiciera. Y eso, lo hacía. Así que dejé de probar técnicas y más técnicas y me centré en otras cosas: jugar y pasárnoslo bien, básicamente.

 

Además de todo, al tratarse de la segunda y al haber vivido con Álvaro cómo cambió mi vida – y mi tranquilidad – cuando empezó a ser independiente, no tenía prisa. De igual modo que no tengo prisa por que camine. Todavía recuerdo cuándo empezó Álvaro. Estaba embarazada de un mes, con nauseas constantes y yo yendo de aquí para allá detrás de nuestro pequeño kamikaze. Fue horrible. Así que cariño, tómate tu tiempo.

 

Sin embargo, cuando ya creía que no iba a ver gatear a mi segunda hija, me sorprendió. Una tarde corriente, en la que nos pasamos la mayor parte del tiempo tirados los tres en el suelo jugando, la desatendí un segundo – o varios – para dibujar en la pizarra con Álvaro. Y cuál fue mi sorpresa al girarme y verla gatear.

 

Ya os conté en uno de los posts del comienzo de este blog, que Álvaro aprendió a gatear con la foto de su padre delante. Carlota no. Carlota nos ha salido taurina, y es que un libro sobre Morante de la Puebla ha sido el que le ha animado a que lo hiciera.

 

Por lo demás, pido disculpas por la mala calidad del vídeo pero no nos ha vuelto a regalar muchos más momentos como ese así que fui lo más veloz que pude para capturar “el instante”. Ella prefiere volver a su técnica comodona.

Y como os prometí en otro post, para aquellas que interese, aquí van algunas técnicas que pueden ayudarles a iniciarles en esto del gateo:

 

1) Primero de todo, y después de asegurarnos que están listos para gatear, hay que encontrar un lugar cómodo y colocar al bebé boca abajo, con algún juguete fuera de su alcance, para ver si logramos despertar en él cierta inquietud y curiosidad por alcanzarlo.

 

2) Gatear a su lado. Dicen que viendo a otras personas gatear a su alrededor hace que algunos se animen.

 

3) Colocarles boca abajo, presionar suavemente las plantas de sus pies y empujarles poco a poco. Ojo con esta técnica, podéis provocar el efecto contrario. Aquél en el que mami me empuja y yo, cómodamente, llego a la meta con cero esfuerzo. ¡Qué lujo, oigan!.

 

4) Una de las cosas que más les cuesta a los bebés a la hora de aprender a gatear es levantar la barriga del suelo. Para acostumbrarlo a la posición de gateo, podemos sentarnos en el suelo, con nuestras piernas estiradas y colocar a tu bebé de manera que su barriga quede encima de uno de nuestros muslos con sus manos y rodillas apoyadas en el suelo.

 

5) La toalla mágica: Este método me lo enseñó mi tío Julián con Álvaro. Sirve también para iniciarles en el andar. Consiste en enrollar una toalla en forma de rodillo y colocársela en su tripita mientras le levantamos suavemente.

 

6) Zapatos de gateo. Existen unos zapatos especiales para que les resulte más fácil el gatear. Los nuestros son de Decathlon y son horrorosos, lo sé, pero también muy prácticos pues Carlota se resbalaba constantemente con el parqué de casa y estos le ayudan a obtener mayor fijación. Se ven en el vídeo aunque le van grandes y se le caen todo el rato. Es lo que tiene heredar. 😉

 

Y lo más importante, no forzar. Recordemos que no todos los bebés gatean así que si vemos que nuestro hijo no está preparado, le dejaremos que siga jugando y disfrutando de su desarrollo evolutivo. Y nosotros con él. 😉

Ser madre es ser mujer trabajadora.

 
Detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”. Qué sabio el que dijo esas palabras. 😉
Y es que el mundo está plagado de grandes mujeres. No me refiero sólo a las que resaltan en los medios, a las primeras damas o a las que son grandes ejecutivas. No. Me estoy refiriendo a ese gran colectivo que lleva su grandeza, su heroicidad, en silencio. Esa mujer que se levanta todos los días dispuesta a darlo todo de la mejor manera que sabe. Y de estas, señores, hay unas cuantas
Hoy, 8 de marzo, es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Un día que recuerda la lucha de la mujer por la igualdad – en todos los sentidos, no sólo en el profesional-. Una igualdad que, desgraciadamente, no acaba de cuajar. Pero hoy no vengo a reivindicar nada. No soy así. No va conmigo. Yo estoy muy agradecida con la vida y la familia que Dios me ha dado. Más que agradecida diría yo. 
Sin embargo, un día como hoy, en el que se resalta el papel de la mujer trabajadora, en el que se habla mucho de la conciliación, hace que reflexione sobre una cosa: ¿que hay del trabajo que, como madres, realizamos cada día?. En muchas ocasiones está infravalorado. La sociedad tiende a tildar de trabajadora a aquella mujer que lo hace fuera de casa. Pero ¿que hay de esas muchas mujeres que, por los motivos que fueren, no trabajan fuera de casa?. ¿Y que hay de esas tantas otras que sí lo hacen y al llegar a casa continúan su segunda jornada laboral?
Así que sí, hoy ¡felicidades a todas!
A las que son madres y a las que no.
A las que trabajáis dentro de casa y a las que lo hacéis fuera.
A las que tienen un hijo y a las que tienen 10.
A las que gritan y a las que callan.
A las que tienen la casa perfecta y a las que la tienen imperfecta.

A las que son pacientes y a las que pierden los nervios.

A las que son madrazas y a las que son todavía más madrazas.

A las que echan de menos a sus hijos cuando están acostados, y a las que están deseando que lleguen las 21h para tener un momento a solas para ellas.
A las que duermen sus 8 horas divinamente y a las que pasan noches toledanas.
A las que al mínimo llanto del bebé acuden a él para consolarle y a las que rezan confiando en que se volverá a dormir solo.
A las que trabajando fuera o dentro de casa hacen malabares para llegar, aunque sea tarde, a casi todo.
A las que, sencillamente, no llegan. 
A las que cocinan las tartas de cumpleaños y a las que optan por comprarlas.
A las que, habiendo dormido la noche a trompicones, se levantan por la mañana con una gran sonrisa.
A las que se levantan de mal humor.
A las que trabajan día a día por los grandes hombres y grandes mujeres del mañana.
A todas vosotras, que lo hacéis lo mejor que sabéis, felicidades. Y como siempre digo, no os quepa duda, sois las mejores madres a los ojos de vuestros hijos – aunque a veces no se os reconozca-. Madre hay solo una. 😉
Espero que hayáis pasado un gran día y si no, todavía quedan 364 para disfrutarlos. 😉