¿Cuándo quitar el pañal de noche?

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Ante todo pido disculpas pues no estoy publicando tanto como me gustaría pero, sinceramente, empiezo a no llegar a todo. En Instagram sí soy más constante – y es que no me puede gustar más esa red social – pero en lo que a escribir respecta lo iré haciendo a medida que encuentre hueco y ganas – que a veces me faltan por puro agotamiento -. La astenia primaveral me está durando demasiado…. 😉

Hace poco menos de un mes os contaba cómo había sido la operación pañaldiurno –  para Álvaro y hasta me permitía dejaros algunos consejos para aquellos que se encontraran en esa fase. Hoy quiero hablar de lo que se supone que es normal vs. la realidad cuando iniciáis la segunda fase de dicha operación – el abandono del pañal nocturno –.

Empezaré diciendo que, al igual que sucediera con el diurno, el momento idóneo para decir adiós al pañal nocturno debe ser cuando veamos que ellos estén preparados. ¿Y cómo lo sabemos?. Pues cuando se levantan por las mañanas, y durante varios días seguidos, con el pañal seco. Sólo así sabremos que son capaces de controlar aun estando dormidos. Algo esencial por otro lado pues de nada servirá que nos empeñemos en quitárselo en una fecha determinada si vamos a tener que cambiar las sábanas cada noche – y varias veces -.

¿Por qué digo esto? Porque al igual que existen estudios sobre cuándo dejar el pañal diurno, existen otros muchos que indican que el pañal nocturno debe quitarse al mes – mes y medio de haber abandonado el diurno. Eso será lo que se considere normal pero ¿es así la realidad?, ¿debe agobiarnos el hecho de que al mes – mes y medio – nuestro hijo no controle de noche?. Para nada. Esta segunda fase de la operación dependerá, como siempre, de cada niño. Os lo dice una que dejó el pañal casi a – lo que hoy se considerarían – las puertas de la pubertad.

Cierto es que con Álvaro han coincidido los estudios con la realidad pues llevamos ya seis noches sin pañal, un mes y medio después de habérselo quitado de día, y no ha habido escapeshasta la fecha –. Sin embargo, la coincidencia del mes y medio no ha sido más que eso, pura coincidencia. Y es que Álvaro se ha levantado seco desde el primer día que le quitamos el pañal diurno pero no ha sido hasta ahora que hemos decidido quitarle también el nocturno. ¿La razón? El pijama que usaba, entero de pies a cuello, muy típico de bebé. Un pijama bastante incómodo si decidía ir al baño de noche. Con estos calores que de repente han invadido Madrid – aunque hoy hemos vuelto al abrigo -, ya ha empezado a usar pijama de verano y de dos piezas. Algo fundamental. Fue ese mismo día cuando decidimos probar una noche sin pañal. Y nos sorprendió más que gratamente. Además, el lo tiene muy interiorizado pues desde entonces se levanta todas las mañanas contentísimo con un “¡Mami, mami! No me he hecho pipí en la cama”. Y como el refuerzo positivo es esencial, en esta casa estamos de fiesta cada día. 😉

Hay otros estudios que indican que entre los cinco y siete años de edad el uso del pañal nocturno ya se considera un problema – aunque yo no lo llamaría así -. En todo caso, y al ser un tema particular de cada niño, quien mejor que el pediatra para que sea él quien nos oriente.

 

Nosotros hemos tenido suerte, sí, pero yo siempre he tenido claro que no iba a dramatizar sobre este tema y, por tanto, si se producían escapes nocturnos volvería a enfundarle en su pañal. De momento no lo hemos necesitado aunque nunca se sabe, 6 días no son decisivos y con tres años que tiene me parece hasta un gran logro. Pero como digo, nunca se sabe y si le diera por no controlar volveremos al pañal nocturno hasta que él esté preparado.

 

De momento, como os he dicho, en casa estamos de fiesta todo el día y es que no son pocos los avances que estamos haciendo lo que me lleva a pensar que mi niño se está haciendo muy mayor…. 😉

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La extraña fiebre por las lavadoras.

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¿Qué tendrán los artilugios de limpieza que atraen tanto a los más pequeños?. No lo sé muy bien pero lo cierto es que jamás imaginé tener en casa dos fregonas, dos escobas y hasta ¡dos lavadoras, oigan!.

 

Primero llegó el set completo de limpieza de Viledacon su cubo y todo -. Las pasadas Navidades, los Reyes Magos tuvieron a bien dejarnos una súper cocinita ¡con lavadora y todo!. Más tarde llegaron, para quedarse, Doña Cafetera, Doña Lavadora y Doña Plancha! En fin, como veis no son pocos los artilugios de limpieza – y/o similares – que tenemos en esta casa aunque según Álvaro, todavía falta el Microondas. 😉

 

Y es que con todos se entretiene que da gusto. “Que si ahora te preparo una sopita”, o “meto ese calcetín en la lavadora”, “¿te apetece un café, mami?”, “¡Se ha caído un Chocokrispis al suelo! ¡Voy a pasar el aspirador, ¿vale mami?”… Imaginación, y excusas, no le faltan. 😉

 

¡Y yo encantada, oye!. Lo que me pregunto ahora es si sabrá mantener esta actitud tan servicial – por llamarlo de alguna manera – cuando sea adolescente y le toque de verdad contribuir con las tareas varias del hogar….. (risas irónicas).

 

Sin embargo, hoy quiero detenerme en la especial atraccióno fiebre extrema – que tiene Álvaro por las lavadoras. Le vuelven absolutamente L-O-C-O.

 

Cada vez que vamos a casa de alguien, sea de quien sea, no tarda ni diez minutos en localizar la lavadora y una vez hecho, es capaz de quedarse ahí sentado durante todo el tiempo que estamos de visita. Y ya como esté funcionando, olvídate de hijo durante un tiempo. Aunque visto así no está nada mal, ¿no? 😉

 

Cuando estamos en casa y desaparece momentáneamente, ya sabemos que está en la cocina viendo, a través del cristal de la puerta del cuartito, y de forma totalmente embobado, cómo da vueltas y vueltas la lavadora. ¡Le encanta, oye!.

 

Ir a casa de los abuelos mola cantidad. Y es que tienen hasta secadora. Un paraíso de máquinas rodantes, vamos.

 

Pero lo mejor de todo, y que nos tiene totalmente desconcertados, es que adora la tintorería que tenemos al lado de casa. No sabéis qué lavadora tiene. ¡Qué dimensiones!. Muchas son las veces que, yendo de paseo, se nos escapa y entra hasta donde está su amiga la lavadora. En la tintorería ya le conocen y se ríen cada vez que se cuela dentro. Mi cara ya es otra cosa y es que me muero de vergüenza cada vez que tengo que entrar a rescatarle. 😉

 

Ahora entendéis porqué como regalo por pasar a ser un niño mayor sin pañal, escogió entre todos los juguetes una lavadora. Le vuelven loco. ¡Hasta duerme con ella!

 

Los otros artilugios que empiezan a ganar terreno son la batidora que usamos para mezclar los biberones de Carlota y, cómo no, el aspirador de casa. Veremos quién gana la batalla pero por lo pronto ahí le tenemos, apoquinando con las tareas del hogar – aunque sean ficticias -.

 

Si esto me pasa con Álvaro, ¿qué puedo esperar de Carlota? 😉