La extraña fiebre por las lavadoras.

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¿Qué tendrán los artilugios de limpieza que atraen tanto a los más pequeños?. No lo sé muy bien pero lo cierto es que jamás imaginé tener en casa dos fregonas, dos escobas y hasta ¡dos lavadoras, oigan!.

 

Primero llegó el set completo de limpieza de Viledacon su cubo y todo -. Las pasadas Navidades, los Reyes Magos tuvieron a bien dejarnos una súper cocinita ¡con lavadora y todo!. Más tarde llegaron, para quedarse, Doña Cafetera, Doña Lavadora y Doña Plancha! En fin, como veis no son pocos los artilugios de limpieza – y/o similares – que tenemos en esta casa aunque según Álvaro, todavía falta el Microondas. 😉

 

Y es que con todos se entretiene que da gusto. “Que si ahora te preparo una sopita”, o “meto ese calcetín en la lavadora”, “¿te apetece un café, mami?”, “¡Se ha caído un Chocokrispis al suelo! ¡Voy a pasar el aspirador, ¿vale mami?”… Imaginación, y excusas, no le faltan. 😉

 

¡Y yo encantada, oye!. Lo que me pregunto ahora es si sabrá mantener esta actitud tan servicial – por llamarlo de alguna manera – cuando sea adolescente y le toque de verdad contribuir con las tareas varias del hogar….. (risas irónicas).

 

Sin embargo, hoy quiero detenerme en la especial atraccióno fiebre extrema – que tiene Álvaro por las lavadoras. Le vuelven absolutamente L-O-C-O.

 

Cada vez que vamos a casa de alguien, sea de quien sea, no tarda ni diez minutos en localizar la lavadora y una vez hecho, es capaz de quedarse ahí sentado durante todo el tiempo que estamos de visita. Y ya como esté funcionando, olvídate de hijo durante un tiempo. Aunque visto así no está nada mal, ¿no? 😉

 

Cuando estamos en casa y desaparece momentáneamente, ya sabemos que está en la cocina viendo, a través del cristal de la puerta del cuartito, y de forma totalmente embobado, cómo da vueltas y vueltas la lavadora. ¡Le encanta, oye!.

 

Ir a casa de los abuelos mola cantidad. Y es que tienen hasta secadora. Un paraíso de máquinas rodantes, vamos.

 

Pero lo mejor de todo, y que nos tiene totalmente desconcertados, es que adora la tintorería que tenemos al lado de casa. No sabéis qué lavadora tiene. ¡Qué dimensiones!. Muchas son las veces que, yendo de paseo, se nos escapa y entra hasta donde está su amiga la lavadora. En la tintorería ya le conocen y se ríen cada vez que se cuela dentro. Mi cara ya es otra cosa y es que me muero de vergüenza cada vez que tengo que entrar a rescatarle. 😉

 

Ahora entendéis porqué como regalo por pasar a ser un niño mayor sin pañal, escogió entre todos los juguetes una lavadora. Le vuelven loco. ¡Hasta duerme con ella!

 

Los otros artilugios que empiezan a ganar terreno son la batidora que usamos para mezclar los biberones de Carlota y, cómo no, el aspirador de casa. Veremos quién gana la batalla pero por lo pronto ahí le tenemos, apoquinando con las tareas del hogar – aunque sean ficticias -.

 

Si esto me pasa con Álvaro, ¿qué puedo esperar de Carlota? 😉

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Pizarra Aquadoodle familiar.

  Como ya sabéis, por posts varios y alguna que otra foto en Instagramque, por cierto, le he empezado yo a coger gustillo a esto de colgar fotos -, en casa estamos viviendo la fiebre Patrulla Canina. Tan es así que la semana pasada se sumó a nuestro arsenal de juguetes, otro más de estos encantadores cachorros.
El pasado viernes fue el Santo de Álvarohago un inciso para reconocer, públicamente, que quien tuvo que recordarme tal festividad fue mi amado móvil– y como en esta casa somos de celebrar no sólo los cumpleaños sino, también, los santos, suele caer algún detallín – algo más sobrio que en los cumples pero detallín al fin y al cabo-. 
Pero ¿qué haces cuando es tu móvil quien te avisa, el mismo día, de ese santo?. Obviamente no tenía nada preparado para Álvaro así que pensé en escaparme en algún momento del día a por algo y dárselo a modo de sorpresa – camuflándome en esa madre perfecta que siempre se acuerda de todo -. 
No me salió bien
El día del santo me tocó llevar a Álvaro al cole. Luego me fui a trabajar. Después me fui a la pelu – momento de relax máximo – y al salir, que ya eran las 17h, me tomé una tosta de bonito como comida – un poco tarde – y me fui pitando al cole a recogerle -. Llegué de las últimas. 
Vista mi mala organización – y que no perdoné el momento pelu – tenía dos opciones. O le dejaba en casa y me iba a comprar el regalo “sorpresa” o me lo llevaba conmigo – adiós sorpresa-. Opté por ser práctica. Me lo llevé conmigo. 
Álvaro no se entera muy bien qué es el santo. El oye “felicidades” y piensa que es su cumple. Lo deduje cuando al felicitarle por la mañana me dijo: “a poner corona a Álvaro”. Lo deduje, también, cuando al llegar a casa con su regalo me dice: “ahora a soplar velas“. Y lo deduje también cuando, sentado en la mesa para cenar, me dijo: “vamos a comer tarta“. Obviamente ni corona, ni velas, ni tarta tuvo. Pero sí regalo.
Una vez en el Centro Comercial, fuimos a la sección de juguetes. Tuvimos que pasar por una zona exageradamente sobredimensionada de productos Frozen, bordeando otra similar de Disney, hasta que llegamos a LA ZONA – entiéndase por tal, la de productos de Patrulla Canina-. 
Se le encendieron los ojos al ver a Marshall con su inmenso camión de bomberos. Sin embargo, al tener ya – en miniatura – todos los muñecos de Patrulla Canina tuve que lidiar con él para intentar convencerle de que a Marshall ya le tenía. Al principio no coló. ¡Cómo íbamos a comparar su diminuto perrito con semejante ostentosidad!. Sin embargo, no cesé en mi intento y finalmente lo logré. 
Yo buscaba una pizarra o similar y encontré la Aquadoodle. La idea en sí me encantó. Es una pizarra que funciona con un rotulador recargable con agua. Es decir, no usa tintas por lo que no mancha nada. Únicamente funciona sobre la pizarra y lo dibujado desaparece al secarse. La pizarra se coloca donde queráis aunque, por comodidad, el suelo es el lugar idóneo.
Nos pasamos toda esa tarde, y la sucesivas hasta hoy, jugando con la pizarra. ¡Nunca imaginé que le divirtiera tanto!. Y no sólo a el. Carlota ve la pizarra extendida en el suelo y, arrastrándose con su culete, logra llegar a ella en un pispás. 
A ver lo que nos dura el efecto “juguete nuevo“. 😉

La especial fijación de los niños (que no niñas) por los coches de muñecas. 

  

Hace aproximadamente un año, cuando Álvaro tenía 18 meses y yo estaba embarazada de Carlota, empezamos a ver cómo nuestro hijo mayor comenzaba a mostrar un especial interés por los coches de muñecas. Juguete, molón donde los haya, que descubrió no precisamente en casa sino en la urbanización. 

Él salía al parque con su moto de dos ruedas y a la que veía una niña pasear a su muñeco en un súper cochecito, rosa a más no poder, la aparcaba – si por aparcar puede entenderse dejarla tirada donde pillara – e iba corriendo con la niña. Con sonrisa sutil, haciéndose el remolón y a la misma velocidad con la que cae un rayo, se hacía con el cochecito. 
Esa especial fijación pasó ante mis ojos por tres fases: 

Primera, y echándole la culpa a las temidas hormonas del embarazo, ese gesto me parecía adorable. ¡Qué mono! – pensaba para mis adentros-. ¡Dice bebé. Sabe que va a tener una hermanita!. 
Segunda fase: Volviendo a echar mano de las hormonas empecé a extrañarme. ¡Le gustan los cochecitos ROSAS!. Todos los niños con motos o coches y el mío sólo echaba mano de los cochecitos de muñecas. ¿Debemos preocuparnos? – le preguntaba bromeando a mi marido -. 😉
Tercera fase: Recuperando la cordura y dejando de lado mi afectación “preñil”, llegamos a la siguiente conclusión: ¡es un chicazo!.
¿Qué hace una niña con un carrito de muñecas? Lo pasea de arriba a abajo, meciendo a su “bebé” con – casi – el mismo cariño con que una madre mece a su hijo.
¿Qué hace Álvaro con un carrito – robado – de muñecas?. Primero, localiza la rampa más cercana y empinada que tiene cerca para, acto seguido, subirla y – aquí viene la diversión – ¡¡lanzar el cochecito!!. Por supuesto él va corriendo detrás a ver quién llega antes. ¡Cero delicadeza oigan!.
En fin señores, lo que antes se consideraba un juguete para niñas hoy en día mi hijo ha sabido cómo encontrarle su particular diversión. Y es que ese artilugio empieza a ganar terreno y a posicionarse, casi casi, como un balón. 😉 

¿Vendrán los RRMM con un cochecito bajo el brazo?. 😉

Madres de varones, ¿les pasa esto a vuestros hijos?.