Operación pañal.

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El día después de que Álvaro cumpliera los 3 años, iniciamos la operación pañal. Sé que muchos pueden pensar que ya era hora pues lo normal es quitárselo entre los 2 y 3 años de edad. Sin embargo lo normal no siempre es lo adecuado. Me explico. En algo tan importante como lo es decir adiós al pañal, es primordial que nuestros hijos estén preparados. Y por mucho que nos empeñemos, si ellos no lo están, lo único que lograremos será frustrarles.

 

Y sí, yo misma lo hice mal. Siguiendo mi instinto por lo que se consideraba normal, intenté quitarle el pañal a Álvaro con 27 meses – 2 años y 3 meses -. Era Agosto, época idónea – según mucha gente -. Nos lanzamos a la aventura sin reparar en que, quizá, nuestro hijo no estaba preparado. Y así fue. Tras una semana entera regando cada rincón de la casa y verle cómo se enfadaba cada vez que ocurría el desastre, decidimos que no, ese no era su momento. Así que le enfundamos de nuevo en su pañal y guardé todo el arsenal de calzoncillos que había comprado en el armario – nada más y nada menos que 30. Está claro que la motivada era yo -. El feliz, nosotros más.

 

Así que punto número uno: lo más importante antes de embarcarnos en esta arriesgada operación – que lo es – es que el niño esté preparado. Y que nadie se preocupe, ni se alarme, si ve que su hijo no lo está. Coincidiréis conmigo en que no hay varón que con 30 años no sepa controlar sus necesidades. Todos aprenden tarde o temprano.

 

He de decir aquí que contamos con la magnífica ayuda y colaboración de las profes del cole, sin ellas estoy segura que nos hubiera costado más – mucho más -. Siempre les estaremos súper agradecidos.

 

Ya nos dijeron al comienzo del curso que en cuanto viesen a Álvaro preparado nos avisarían para, con su ayuda, retirarle el pañal. Esa llamada llegó en Abril. Nos dijeron que estaba híper motivado e, incluso, intentaba sumarse al grupito de niños que iban en fila al baño del cole. Me hizo mucha ilusión saber que no sólo estaba preparado sino que tenía mucha motivación para ello.

 

Así que, llegado el momento, se lo quitamos. Lo hicimos coincidir con su cumpleaños pues el paso de 2 a 3 añitos ellos lo viven como lo más – por lo menos mi hijo -. Ya era un niño mayor, no era un bebé como Carlota, y los niños mayores no llevan pañal. Como veis, la motivación era máxima. 😉

 

 

El primer fin de semana fue un desastre total. De los 3 días de puente que tuvimos sólo fue al baño una vez. Reconozco que yo ahí casi tiro la toalla. El ver cómo le frustraba me hizo pensar que igual no era el momento pero el saber que en el cole nos iban a ayudar me animó a seguir por lo menos unos días más.

 

El primer día de cole también fue bastante mal. ¡Hasta 4 mudas usó!.

 

Así que tras 4 días de desastre total, pensé en que teníamos que hacer algo para motivarle todavía más y sobretodo que el – que estaba luchando más que nadie – no tirara la toalla.

 

La idea de hacer fiesta, darle muchos besos y abrazos cada vez que lo lograba estaba genial pero claro, en su caso, apenas había ido al baño salvo esa vez de la que os he hablado así que el pobre no tenía conocimiento de cómo podían ser las celebraciones.

 

No sabéis cómo algo tan sencillo como lo es una manualidad puede ayudar tanto. Cogí un papel y unos rotuladores y dibujé en él una escalera. Lo colgamos en su habitación con gomets varios adornando el papelito y por cada vez que hiciera pipí en el baño de mayores le dibujaría una carita sonriente en el escalón correspondiente. Al llegar arriba del todo tocaría premio.

 

La idea le encantó y no os miento si digo que desde ese primer día empezamos a subir escalones a una velocidad pasmosa. Tanto que, salvo un escape que tuvo un día en el cole, hasta la fecha no hemos tenido más sustos. 6 días después de confeccionar la escalera ya habíamos completado todos los escalones así que me lo llevé a Toys r us a por su premio y, entre todos los juguetes, escogió una lavadora. Publiqué la foto en Instagram y es que la fiebre que tiene mi hijo por todo artilugio relacionado con la limpieza da para un post completo. 😉

 

Ahora tenemos otra escalera y es que superado el tema pipí, os he de reconocer que, sin ser muy gráfica, la otra parte de la operación pañal nos está costando un poco más. El pobre se espera siempre a tener el pañal de noche puesto para, a los dos minutos, decirme mami, hay que cambiar… En fin, ya lo lograremos. 😉

 

Volviendo al tema pipí, 20 días después de que empezáramos con el experimento, ya es todo un niño mayor. Hasta hemos hecho dos viajes de más de 5 horas cada uno y no sólo avisaba con un “mami, ya viene el pipí” sino que ha sabido aguantarse como un campeón hasta poder parar en un área de servicio – a veces pasaban 30 minutos para dar con una decente -. Vamos, que en casa estamos de fiesta constante y él está feliz. Cada vez que hace pipí en el baño de mayores termina con un “mami, ahora hacemos fiesta y un aplauso”. Que le encantan a mi niño los halagos… 😉

 

También nos sirvió mucho el leerle un cuento dos meses antes para ayudarle a entender que debía dejar el pañal. Hay infinidad de cuentos y supongo que todos ayudarán. Sin embargo, a Álvaro le encantan todos los de la colección de Lulú así que cuando lo vi no dudé en hacerme con el.

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Y, por último, me descargué la App PipiPopo ­– en estos temas se habla sin tapujos 😉 – cuya canción ya se sabe de memoria.

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Dicho esto, y aunque todo ayuda, creo que el detonante del éxito en esta operación fue, sin duda, la escalerita – y la incondicional ayuda, repito, de las profes del cole que hasta le dieron una medalla de niño mayor cuando lo consiguió. Medalla que tenemos colgada en su habitación y a la que él admira como si fuera un trofeo, su primer trofeo -.

 

El siguiente paso será dejar el pañal de noche que aunque tenemos pensado hacerlo dentro de un mes, cuando llegue el veranito y dejemos el pijama de bebé, no creo que sea un gran trauma. La mayoría de los días se levanta con el pañal seco e, incluso, estando en la cama nos pide que le llevemos al baño.  Como veis, estamos de fiesta constante.

 

Y para celebraciones hoy que es el cumple de papá. 33 añitos que nos cumple así que esta tarde soplaremos velas y comeremos tarta – para seguir un poco con el buen ritmo de la no-operación-bikini. 😉