Volviendo a los inicios: Barcelona.

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El martes publicaba una foto en Instagram desde el Port Vell de Barcelona y aunque sólo estuve unas pocas horas en esa ciudad – y por trabajo -, fueron suficientes para que todos los buenos recuerdos volvieran a mí.

 

Fue una sensación contradictoria pues, quitando la fugaz visita que hicimos cuando Carlota tenía 21 días de vida por la 1ª Comunión de mi sobrino Pablo, y que además no fue a Barcelona ciudad sino a San Cugat del Vallés, lo cierto que es la última vez que pisé esa ciudad fue antes de tener hijos. Así que, por un momento, dejé de ser madre para volver a mis tiempos mozos, a mis tiempos de motera, a mis tiempos solteriles.

 

Apenas tuve tiempo para nada pero el pasar en taxi por la escuela de negocios donde hice el Master, tener la reunión en pleno centro turístico y bajar paseando por las Ramblas hasta terminar en el Port Vell, fue suficiente para que los recuerdos volvieran. Viví allí durante 4 años y, aunque lo hice entre Sant Gervasi y Sarrià, no eran pocas las veces que bajábamos al Borne o al Port Olimpic, a pasar el día.

 

La vida tiene etapas y sin duda esta, al igual que me sucede con la del cole o la de Pamplona, la recuerdo con mucho cariño. Conocí a bellísimas personas y me reencontré con otras. Y sí, fue viviendo en Barcelona cuando por un viaje que hice a Madrid por ocio, conocí a mi marido. Bendito viaje. 😉

 

Desde entonces fueron casi 2 años de noviazgo a distancia. 2 años de AVEs entre Madrid y Barcelona. Unas veces venía él, otras iba yo. Y cuando el venía, pateábamos la ciudad de arriba a abajo. Así que podéis imaginar cómo recuerdo esa etapa, la del noviazgo, y los sentimientos que volvieron a mi ayer mismo al pisar, de nuevo, la ciudad Condal.

 

Madrid siempre será nuestra ciudad. Aquí nos conocimos y aquí estamos formado nuestro proyecto juntos, una preciosa familia. Es evidente que aquí somos muy felices, pero no os negaré que de vez en cuando imitamos en estilo cutre a Humphrey Bogart con un: “Siempre nos quedará Barcelona”. Y es que 2 años compartiendo recuerdos en esa ciudad, nuestros recueros iniciales, dan para mucho. 😉

 

El día que dejé de vivir allí nos prometimos Diego y yo que volveríamos cada año. Fue una promesa que no cumplimos. Circunstancias de la vida – el trabajo, vienen los niños, nos hacemos mayores – y que en Madrid también se está muy bien. 😉

 

Sin embargo, ya tenemos fecha de vuelta. En Mayo se casa mi amiga María y ahí que iremos. Y esta vez a modo romanticón. O sea sé, ¡sin niños!.

 

No descarto volver pronto con ellos. Es más, me haría muchísima ilusión. El tiempo lo dirá…. 😉

 

Mucha gente se empeña en comparar Madrid con Barcelona. A mí me encantan las dos ciudades. Cada una tiene su encanto y en cada una encuentras a bellísimas personas. Yo he vivido en ambas y me quedaría con las dos. Eso sí, en Barcelona está la casa de mis sueños – Avinguda Tibidabo 36 – pero como es prohibitiva, me quedaré en Madrid que además es donde está el mayor – y mejor – recuerdo de mi vida. 😉

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Técnicas de gateo.

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Después del vídeo que he publicado esta mañana en Instagram donde, por cierto, habréis comprobado que la técnica es más que mejorable, y con 11 meses que tiene ya la reinona de la casa, por fin se ha lanzado a gatear.

 

Reconozco que tiré la toalla, hará un mes, cuando os contaba cómo había aprendido a moverse por casa – pierna delante y otra detrás – y es que, sinceramente, el hecho de que gateara o no me traía sin cuidado. Lo importante era que tuviera inquietud por moverse y que, a su modo particular, lo hiciera. Y eso, lo hacía. Así que dejé de probar técnicas y más técnicas y me centré en otras cosas: jugar y pasárnoslo bien, básicamente.

 

Además de todo, al tratarse de la segunda y al haber vivido con Álvaro cómo cambió mi vida – y mi tranquilidad – cuando empezó a ser independiente, no tenía prisa. De igual modo que no tengo prisa por que camine. Todavía recuerdo cuándo empezó Álvaro. Estaba embarazada de un mes, con nauseas constantes y yo yendo de aquí para allá detrás de nuestro pequeño kamikaze. Fue horrible. Así que cariño, tómate tu tiempo.

 

Sin embargo, cuando ya creía que no iba a ver gatear a mi segunda hija, me sorprendió. Una tarde corriente, en la que nos pasamos la mayor parte del tiempo tirados los tres en el suelo jugando, la desatendí un segundo – o varios – para dibujar en la pizarra con Álvaro. Y cuál fue mi sorpresa al girarme y verla gatear.

 

Ya os conté en uno de los posts del comienzo de este blog, que Álvaro aprendió a gatear con la foto de su padre delante. Carlota no. Carlota nos ha salido taurina, y es que un libro sobre Morante de la Puebla ha sido el que le ha animado a que lo hiciera.

 

Por lo demás, pido disculpas por la mala calidad del vídeo pero no nos ha vuelto a regalar muchos más momentos como ese así que fui lo más veloz que pude para capturar “el instante”. Ella prefiere volver a su técnica comodona.

Y como os prometí en otro post, para aquellas que interese, aquí van algunas técnicas que pueden ayudarles a iniciarles en esto del gateo:

 

1) Primero de todo, y después de asegurarnos que están listos para gatear, hay que encontrar un lugar cómodo y colocar al bebé boca abajo, con algún juguete fuera de su alcance, para ver si logramos despertar en él cierta inquietud y curiosidad por alcanzarlo.

 

2) Gatear a su lado. Dicen que viendo a otras personas gatear a su alrededor hace que algunos se animen.

 

3) Colocarles boca abajo, presionar suavemente las plantas de sus pies y empujarles poco a poco. Ojo con esta técnica, podéis provocar el efecto contrario. Aquél en el que mami me empuja y yo, cómodamente, llego a la meta con cero esfuerzo. ¡Qué lujo, oigan!.

 

4) Una de las cosas que más les cuesta a los bebés a la hora de aprender a gatear es levantar la barriga del suelo. Para acostumbrarlo a la posición de gateo, podemos sentarnos en el suelo, con nuestras piernas estiradas y colocar a tu bebé de manera que su barriga quede encima de uno de nuestros muslos con sus manos y rodillas apoyadas en el suelo.

 

5) La toalla mágica: Este método me lo enseñó mi tío Julián con Álvaro. Sirve también para iniciarles en el andar. Consiste en enrollar una toalla en forma de rodillo y colocársela en su tripita mientras le levantamos suavemente.

 

6) Zapatos de gateo. Existen unos zapatos especiales para que les resulte más fácil el gatear. Los nuestros son de Decathlon y son horrorosos, lo sé, pero también muy prácticos pues Carlota se resbalaba constantemente con el parqué de casa y estos le ayudan a obtener mayor fijación. Se ven en el vídeo aunque le van grandes y se le caen todo el rato. Es lo que tiene heredar. 😉

 

Y lo más importante, no forzar. Recordemos que no todos los bebés gatean así que si vemos que nuestro hijo no está preparado, le dejaremos que siga jugando y disfrutando de su desarrollo evolutivo. Y nosotros con él. 😉

Ser madre es ser mujer trabajadora.

 
Detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”. Qué sabio el que dijo esas palabras. 😉
Y es que el mundo está plagado de grandes mujeres. No me refiero sólo a las que resaltan en los medios, a las primeras damas o a las que son grandes ejecutivas. No. Me estoy refiriendo a ese gran colectivo que lleva su grandeza, su heroicidad, en silencio. Esa mujer que se levanta todos los días dispuesta a darlo todo de la mejor manera que sabe. Y de estas, señores, hay unas cuantas
Hoy, 8 de marzo, es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Un día que recuerda la lucha de la mujer por la igualdad – en todos los sentidos, no sólo en el profesional-. Una igualdad que, desgraciadamente, no acaba de cuajar. Pero hoy no vengo a reivindicar nada. No soy así. No va conmigo. Yo estoy muy agradecida con la vida y la familia que Dios me ha dado. Más que agradecida diría yo. 
Sin embargo, un día como hoy, en el que se resalta el papel de la mujer trabajadora, en el que se habla mucho de la conciliación, hace que reflexione sobre una cosa: ¿que hay del trabajo que, como madres, realizamos cada día?. En muchas ocasiones está infravalorado. La sociedad tiende a tildar de trabajadora a aquella mujer que lo hace fuera de casa. Pero ¿que hay de esas muchas mujeres que, por los motivos que fueren, no trabajan fuera de casa?. ¿Y que hay de esas tantas otras que sí lo hacen y al llegar a casa continúan su segunda jornada laboral?
Así que sí, hoy ¡felicidades a todas!
A las que son madres y a las que no.
A las que trabajáis dentro de casa y a las que lo hacéis fuera.
A las que tienen un hijo y a las que tienen 10.
A las que gritan y a las que callan.
A las que tienen la casa perfecta y a las que la tienen imperfecta.

A las que son pacientes y a las que pierden los nervios.

A las que son madrazas y a las que son todavía más madrazas.

A las que echan de menos a sus hijos cuando están acostados, y a las que están deseando que lleguen las 21h para tener un momento a solas para ellas.
A las que duermen sus 8 horas divinamente y a las que pasan noches toledanas.
A las que al mínimo llanto del bebé acuden a él para consolarle y a las que rezan confiando en que se volverá a dormir solo.
A las que trabajando fuera o dentro de casa hacen malabares para llegar, aunque sea tarde, a casi todo.
A las que, sencillamente, no llegan. 
A las que cocinan las tartas de cumpleaños y a las que optan por comprarlas.
A las que, habiendo dormido la noche a trompicones, se levantan por la mañana con una gran sonrisa.
A las que se levantan de mal humor.
A las que trabajan día a día por los grandes hombres y grandes mujeres del mañana.
A todas vosotras, que lo hacéis lo mejor que sabéis, felicidades. Y como siempre digo, no os quepa duda, sois las mejores madres a los ojos de vuestros hijos – aunque a veces no se os reconozca-. Madre hay solo una. 😉
Espero que hayáis pasado un gran día y si no, todavía quedan 364 para disfrutarlos. 😉

 

Pizarra Aquadoodle familiar.

  Como ya sabéis, por posts varios y alguna que otra foto en Instagramque, por cierto, le he empezado yo a coger gustillo a esto de colgar fotos -, en casa estamos viviendo la fiebre Patrulla Canina. Tan es así que la semana pasada se sumó a nuestro arsenal de juguetes, otro más de estos encantadores cachorros.
El pasado viernes fue el Santo de Álvarohago un inciso para reconocer, públicamente, que quien tuvo que recordarme tal festividad fue mi amado móvil– y como en esta casa somos de celebrar no sólo los cumpleaños sino, también, los santos, suele caer algún detallín – algo más sobrio que en los cumples pero detallín al fin y al cabo-. 
Pero ¿qué haces cuando es tu móvil quien te avisa, el mismo día, de ese santo?. Obviamente no tenía nada preparado para Álvaro así que pensé en escaparme en algún momento del día a por algo y dárselo a modo de sorpresa – camuflándome en esa madre perfecta que siempre se acuerda de todo -. 
No me salió bien
El día del santo me tocó llevar a Álvaro al cole. Luego me fui a trabajar. Después me fui a la pelu – momento de relax máximo – y al salir, que ya eran las 17h, me tomé una tosta de bonito como comida – un poco tarde – y me fui pitando al cole a recogerle -. Llegué de las últimas. 
Vista mi mala organización – y que no perdoné el momento pelu – tenía dos opciones. O le dejaba en casa y me iba a comprar el regalo “sorpresa” o me lo llevaba conmigo – adiós sorpresa-. Opté por ser práctica. Me lo llevé conmigo. 
Álvaro no se entera muy bien qué es el santo. El oye “felicidades” y piensa que es su cumple. Lo deduje cuando al felicitarle por la mañana me dijo: “a poner corona a Álvaro”. Lo deduje, también, cuando al llegar a casa con su regalo me dice: “ahora a soplar velas“. Y lo deduje también cuando, sentado en la mesa para cenar, me dijo: “vamos a comer tarta“. Obviamente ni corona, ni velas, ni tarta tuvo. Pero sí regalo.
Una vez en el Centro Comercial, fuimos a la sección de juguetes. Tuvimos que pasar por una zona exageradamente sobredimensionada de productos Frozen, bordeando otra similar de Disney, hasta que llegamos a LA ZONA – entiéndase por tal, la de productos de Patrulla Canina-. 
Se le encendieron los ojos al ver a Marshall con su inmenso camión de bomberos. Sin embargo, al tener ya – en miniatura – todos los muñecos de Patrulla Canina tuve que lidiar con él para intentar convencerle de que a Marshall ya le tenía. Al principio no coló. ¡Cómo íbamos a comparar su diminuto perrito con semejante ostentosidad!. Sin embargo, no cesé en mi intento y finalmente lo logré. 
Yo buscaba una pizarra o similar y encontré la Aquadoodle. La idea en sí me encantó. Es una pizarra que funciona con un rotulador recargable con agua. Es decir, no usa tintas por lo que no mancha nada. Únicamente funciona sobre la pizarra y lo dibujado desaparece al secarse. La pizarra se coloca donde queráis aunque, por comodidad, el suelo es el lugar idóneo.
Nos pasamos toda esa tarde, y la sucesivas hasta hoy, jugando con la pizarra. ¡Nunca imaginé que le divirtiera tanto!. Y no sólo a el. Carlota ve la pizarra extendida en el suelo y, arrastrándose con su culete, logra llegar a ella en un pispás. 
A ver lo que nos dura el efecto “juguete nuevo“. 😉

Mi hijo todavía no gatea….

  
En relación al post de la semana pasada, cada vez que alguien me pregunta extrañado si Carlota, con 10 meses que tiene, no gatea todavía, contesto con humor: “Pues no, todavía no. Nos ha salido vaga la niña“. Y ahí se acaban los prejuicios – verbales por lo menos -. 
Y es que, como en todas las cosas, hay niños que se lanzan a gatear con una facilidad pasmosa y otros, en cambio, a los que les cuesta un poquito más. Todo es cuestión de tiempo y, sobretodo, de no forzar. Eso dicen. Y no, Carlota todavía no gatea pero es que, al margen de los otro motivos – que los habrá -que le lleven a no hacerlo todavía, a ella le puede la vagancia. ¡Pero mucho, oigan!. 
Aunque, por otro lado, con 11 kilazos que tiene, ¿qué esperamos?. Nosotros, sus padres, debemos entender que moverse con semejantes lorzas y muslámenes cuesta. 
Aun así, y sin tener prisa por que gatee, os reconozco que a estas alturas nos sorprende un poco. Entre los 8 y 9 meses parecía que estaba a puntito de caramelo. De estar sentada sabía colocarse en posición “reptil” con facilidad y mostraba inquietud por alcanzar el objetivo propuesto.
Sin embargo con 10 meses que tiene ya, creo que ha decidido que esto del gateo mejor para su madre – la cual, junto a su hermano Álvaro, se pasa todas la tardes gateando por la habitación a ver si así incita a su hija a hacerlo-. 
También es cierto que habiendo aprendido a moverse por toda la casa con su culito respingón, pierna delante, otra detrás – no me preguntéis cómo. Yo sería incapaz – ¿para que esforzarse más?. A veces se coloca, accidentalmente, boca abajo y hace amagos de gatear pero a la que repta dos cm emite un sonido quejoso como decidiendo que eso no va con ella y, acto seguido, opta por hacer la croqueta de un lado para otro. Paciencia cero, oigan. 
Sin embargo no todo está perdido. Esta semana hemos avanzado algo. ¡Ya se coloca en posición gateo! Y ahora me pregunto ¿cuánto tardará en arrancarse? Me temo que la poca tranquilidad que tenemos con un niño de casi 3 años y una bebé, hasta ahora, casi inmóvil, llega a su fin. Y ahí, sí que sí, empezará la juerga. 😉
En fin, ¿que hay técnicas para incitarles a esto del gateo?. Si. ¿Que yo las he probado?.También. Pero ya digo, cuando os sale un hijo vago lo mejor es no forzarle y, sin tirar la toalla, dejar que voluntariamente se arranque. Y reitero, en esta casa no hay prisa. 😉
Las técnicas para incitar al gateo que hemos usado – y que no han sido pocas – ya las dejo para otro post aunque, visto lo visto, se aceptan sugerencias. 😉

Mujeres perfectas vs. Mujeres desesperadas.

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La maternidad, como la vida misma, está llena de momentos felices y otros un tanto menos. Muchos te sacan una sonrisa; otros pocos, en cambio, una lagrimilla ya sea por preocupaciones o, simplemente, por superaciones. Y ¿qué hay de malo en reconocerlo? En mi opinión, todos y cada uno de esos momentos merecen la pena ser vividos porque de todos se acaba aprendiendo algo y ese algo siempre será para bien. Siempre.
Sin embargo estamos en la era del postureo y siempre quedará mejor aparentar ser una madre/mujer perfecta. Y sí, hablo de aparentar ser – que no ser, a secas – pues la mujer perfecta no existe aunque sí muchas que aparentan serlo.

 

El otro día, comentando con mi hermana Moni la que, sin duda alguna, es la mejor serie de la historia – clara exageración propia –, Mujeres Desesperadas, me acordé de un capítulo que refleja a la perfección lo que hoy vengo a decir aquí.

 

No sé que tiene – o tuvo – esa serie pero lo cierto es que no me canso de verla. 8 temporadas tiene, y tras varios meses viéndola incansablemente, cuando termino, dejo pasar unas semanas prudenciales y vuelta a empezar. Y así, hasta hoy. 12 años ya. Preocupante, ¿verdad?. 😉

El caso es que la serie narra la vida, aparentemente idílica, de cuatro mujeres, todas madres. Y no es hasta que una de ellas se derrumba que el resto no se quita la máscara de madres perfectas para mostrarse como realmente son: mujeres normales, mujeres reales. Ese capítulo me gustó especialmente. Quería poneros el vídeo de YouTube pero no logro dar con él.

 

¿Qué quiero deciros con esto? Que no existen las mujeres perfectas. Y no nos engañemos ni nos queramos sentir inferiores a otras que, aparentemente, sí lo sean. Cierto es que la culpa es parte del mundo en que vivimos y parte también nuestra. Se nos exige mucho y nos auto exigimos mucho. Y quizá por el miedo al qué dirán o pensarán, muchas de las cosas menos maravillosas de la maternidad nos las guardamos para nosotras solitas. Error.

 

 

Vivimos en una sociedad donde la maternidad está en constante punto de mira y elijas la opción que elijas, desgraciadamente, siempre será no apta para alguien. Y no me estoy refiriendo a las guerras, absurdas si me permitís decirlo, sobre lactancia materna, colecho o el tomar la decisión trabajar fuera o dentro de casa, por ejemplo. Mi “queja” va más allá. Me refiero a desterrar, de una vez por todas, esa idea de perfección en la maternidad que no existe. Me refiero a esas “Mujeres perfectas” que acaban creando “Mujeres Desesperadas”. Desesperadas por no lograr llegar a todo e ingenuas, si me permitís decirlo, por creer que la de al lado es tan perfecta como aparenta.

 

 

¿Quién no se ha topado con la típica madre que su hijo es, a sus ojos, perfecto?

 

Ella: “Le han puesto vacunas a tu peque? ¿y qué tal?”.

Tú:Pues fatal. Se ha pasado dos días irritable”.

Ella:Pues fíjate que a mi hijo ninguna reacción”.

 

Meses más tarde, te topas con esa misma madre y te pregunta:

 

Ella: “¿Ya le has quitado el pañal?”

Tú: “Pues todavía no. Lo intentamos una semana y fue un fracaso total”.

Ella: “Pues el mío fenomenal. Ya ni duerme con pañal.”

 

Meses más tarde…

 

Ella:¿Y qué tal te duerme?

Tú:Pues mal. No hay noche que no se despierte

Ella:Jo, menuda faena. El mío duerme como un angelito desde que nació”.

 

¿Cuál será la siguiente reacción cuando nos volvamos a encontrar con esa persona? Decir que todo va bien y, acomplejadas, cambiar de tema. No nos damos cuenta pero en ese momento, indirectamente, también estamos dando la imagen de “mujer perfecta”. Unos por otros y la casa sin barrer. ¿Qué triste, verdad?.

 

¡Ojo! Que yo no digo que si realmente nuestro niño duerme bien, no lo digamos. Faltaría más. Suerte que tenemos. Pero hay maneras y maneras. No me digáis que la cosa no cambia si aun siendo su hijo aparentemente perfecto te dice: “Venga, ánimo que lo estás haciendo de maravilla. Ya te dormirá mejor o te comerá más. Y si ya te cuenta, en confidente, alguna cosa menos maravillosa de su maternidad, lo borda. ¡Qué importante es la empatía, señores! 😉

 

 

En fin, paremos y pensemos. ¿Somos malas madres por reconocer que, de vez en cuando, no podemos con la situación?. ¿Somos malas madres por querer desaparecer, algún que otro día, de nuestra idílica vida?. En ese caso yo sí lo soy. Adoro a mis hijos pero estoy deseando que llegue el verano para encasquetárselos a alguien – se aceptan voluntarios – e irme con mi marido de segunda luna de miel por nuestros cinco años juntos. 😉

 

Y ahora voy yo, claramente mujer imperfecta, y os cuento mi pequeña confidencia – y como esta hay muchas más –.

 

“Tengo un marido maravilloso y unos hijos que son un claro regalo de Dios pero ¿sabéis qué?. Estando de baja por maternidad – sí, la de Carlota – no eran pocos los días que acababa hasta el moño de su reflujo y os reconozco que uno de los mejores momentos del día para mí era levantarme, ducharme e irme SOLA a una terracita a tomar un café. ¡Cómo volvía, señores! ¡Totalmente renovada y dispuesta a ser la mejor madre del mundo!”.

 

¿He de sentirme mal no sólo por hacerlo sino por pensar que ese momento, sin hijos, era para mí algo maravilloso? Pues no, señores. Y si alguien piensa que sí, haré oídos sordos.

 

Centrémonos en hacerlo lo mejor que sepamos pues, como siempre digo, a ojos de nuestros hijos siempre seremos las mejores madres.

 

En fin, seguro que más de una ha pasado por alguna que otra situación similar. Seamos empáticas y compartámoslo. A mí, seguro, me ayudará. 😉

Cuando un par de zapatos no dura ni 5 meses.

Ayer publicaba una foto en Instagram con el socavón que mi hijo mayor de 2 años había hecho en sus zapatos. Hoy amplío la historia en este post.
Antes de empezar el colegio, nos indicaron que los niños de 2 años tenían que llevar zapatos de velcro y no de cordones, por aquello de que los pobres pudieran ponérselos y quitárselos con facilidad. Adiós a mi imagen de niño con uniforme y mocasín. Hola a la imagen de niño con uniforme y zapatófono. 😉
Me fui al Corte Inglés a por ellos y salí con un par de zapatos negros, de velcro, lo menos vastos posible y, aparentemente, muy todoterrenos. Le cogí un número más del que él usa. Ya sabéis que a los niños les crece el pie de temporada en temporada así que fui previsora. Ya teníamos zapatos para todo el año. O eso creía. Lo que no me esperaba por aquél entonces es que, 4 meses después, iban a ser desterrados y no, precisamente, por el tamaño.
Tal día como ayer, me llama mi marido por la mañana después de dejar a Álvaro en el cole. Siempre me llama para contarme cómo se ha quedado, si feliz o llorando. Va a días.
La conversación de ayer fue diferente. ¿”Sabías que tiene un agujero en un zapato“?, me dijo. Yo me eché a reír al tiempo que pensaba en cómo diantres había logrado hacerlo. Y es que no estamos hablando de rozaduras o suelas levantadas. Lo que nuestro querido hijo ha hecho es un agujero redondito, redondito. ¿”Pero se ve mucho“?, pregunté. “Bueno, se le ve un poco el dedo“, contestó.
Al irle a recoger esa misma tarde pude ver cómo uno de sus dedos estaba pidiendo a gritos un zapato nuevo. Así que ese mismo día nos fuimos de compras.
Visto el “buen” resultado que me dieron los zapatos del Corte Inglés – ironía pura -, decidí comprarle los nuevos en Merkal. Vamos a ver qué tal. 😉
Si el resultado es similar me temo que los próximos ya serán de Carrefour. Esto de ir comprando zapatos cada 4 meses no me va a salir rentable.
Y que me perdonen los seguidores de Instagram y de Facebook pero tengo que poner la foto. 😉

 

Y mientras tanto, sigo sin entender cómo sucedió…. 😉

Cómo moverse con dos niños por la ciudad y no morir en el intento

Paseo en patinete

Una de las cosas que más me preocupaba cuando estaba embarazada de Carlota era el pensar cómo iba a poder moverme por Madrid con los dos peques a la vez, teniendo en cuenta su corta diferencia de edad y que el ex-angelito de dos años que teníamos por hijo, desde que empezó a caminar, se había convertido en un kamikaze de 80cm de altura que, por no temer, no temía ni a los coches.

 

Reconozco que, sin una solución, no me veía paseando con los dos. Era imposible. Por aquél entonces, Álvaro no quería ir de la mano. En vez de andar parecía que sólo le gustaba correr, fuese donde fuese. Y en plena ciudad, el asfalto le llamaba más la atención que las cómodas aceras que el Ayuntamiento se esfuerza en ampliar.

 

¿Qué iba a hacer si a Álvaro le daba por echar a correr? ¿Iba a tener que abandonar a Carlota en su cochecito para salir detrás del pequeño vividor?.

 

Así que me puse a buscar.

 

La idea de comprar una silla gemelar estaba descartada. No queríamos más trastos – poco discretos – en casa.

 

La opción del clásico patinete también estaba descartada. ¿Quién me dice a mí que tal cual se sube, no iba a intentar bajarse?.

 

En un momento de desesperación nos acordamos de un capítulo de la famosa serie Modern Family en el que Cameron y Mitchell pasean por Disneyworld a su hija Lily con una correa de perro. A puntito estuvimos de hacernos con una pero el sólo hecho de imaginar la de miradas aniquiladoras que recibiríamos de la gente hizo que descartáramos la opción –cómoda donde las haya-. 😉

 

Así que tiré de Whatsapp. De esos grupos de amigas, madres también, en los que siempre encuentras buenos, y prácticos, consejos. Y ahí estaba LA SOLUCIÓN.

 

Mi amiga Arancha me habló de un patinete universal, el Easy X Rider, que no solo lleva incorporado un asiento sino que va atado. ¡ATADO, Señores!. No nos lo pensamos. Nos fuimos a por él.

 

¡Qué comodidad, oigan!. Y qué tranquilidad. 😉

 

Álvaro va encantado. Y no sólo él. Carlota se lo pasa pipa al estar cara a cara con su hermano. Durante los paseos juegan juntos e, incluso, si nos descuidamos, el hermano mayor le ofrece a la pequeña patatas fritas. Ofrecimiento que ella, claro está, no rechaza. Y, o estamos al loro, o se zampa tan pancha todo lo que su hermano le ofrezca. 😉

 

10 meses después puedo afirmar que este artilugio ha pasado a formar parte de los objetos sobre maternidad más valorados en casa. 😉

 

Cierto es que cada vez lo usamos menos. Ese pequeño kamikaze está hecho ya todo un señorito. Sus intentos de fuga van disminuyendo y su raciocinio va en aumento. Ahora le gusta ir de la mano. Aun con todo, siempre diré que durante estos 10 eses el patinete ha sido nuestra salvación. 😉

 

Padres con dos hijos o más ¿Cómo os las habéis ingeniado vosotros?.

Método para dormir a los más pequeños. 

  
  
Hoy os traigo un cuento, Best Seller por cierto, que dicen logra dormir a los más pequeños.

Se trata de “El conejito que quiere dormirse”. Parto de la opinión de que ningún método es infalible en cuanto al sueño de los bebés respecta pero no está de más informarse e, incluso, probarlo.

El sueño de los bebés es algo que preocupa mucho y mirad que han “inventado” métodos y más métodos. Ahora viene este de la mano del psicólogo sueco Carl – Johan Forssén Ehrlin. Un método que algunos consideran milagroso. Qué exageración, ¿verdad?.

Soy de la teoría de aplicar, en todo lo que a la maternidad respecta, sentido común y, sobretodo, lo que te dicte tu corazón. Además hay que tener en cuenta que, en esto del sueño, como en otras tantas cosas, cada hijo es diferente e igual que un método sirve para uno no así tanto para el otro.

Álvaro, por ejemplo, después del ritual baño-cena-Jesusito de mi vida y cuento, se queda en su cama solito canturreando hasta caer dormido. 

Carlota ya es otro cantar. Ella necesita quedarse dormida antes de verte desaparecer por la puerta. Y qué queréis que os diga, de momento así lo estamos haciendo. Lo bueno es que en 10 minutos ya ha caído pero no os niego si digo que me encantaría que fuera como Álvaro. También es cierto que tiene 9 meses, ya habrá tiempo de acudir a otros métodos alternativos. 😉

Aún con todo, antes de Navidades, oí hablar del cuento “El conejito que quiere dormirse” y leí testimonios varios en los que afirmaban que no sólo lograba dormir al niño sino que, a veces, también lo hacían los padres. Me sorprendió y decidí pedírselo a los Reyes. Si resultaba tan “mágico”, bienvenido fuera, y si no, ¿qué mal hay en ampliar la biblioteca de cuentos?. Ya adelanto que, como era de esperar, Álvaro poco caso le ha hecho y es que el primer día que empezamos a contárselo, a la segunda página, empezó a mostrar signos de aburrimiento. A él le van más los cuentos con más ilustraciones. Además, como se duerme solito, tampoco hay necesidad de aplicar ningún método con el. Aún así no descartamos utilizarlo en un futuro con la fiestera. De momento, ahí queda como elemento decorativo. 

El éxito de este cuento está, entre otras cosas, en su forma de contarlo y en los mensajes que se transmiten inconscientemente. Palabras como “bostezo”, “sueño” y “relajar” se repiten incesantemente. De igual forma, el que lo cuenta – padres, abuelos, etc – debe bostezar en reiteradas ocasiones – todas indicadas – delante del niño. ¡Así yo también me dormiría!. 😉

Sea como fuere lo cierto es que no me parece un mal método. Es más, de todos los que conozco, me parece uno de los más lógicos. No descarto acudir a él yo misma si una noche no puedo dormirme. 😉

Como mi experiencia con el cuento ha sido casi inexistente, recomiendo ver este vídeo explicativo a quien esté interesado. Todo sea por el efecto rebote que puede causar. Cuanto antes se duerman los peques, antes podremos descansar nosotros. 😉

Cuando te das cuenta de que ya no molas….

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Ya estamos de vuelta de nuestras ajetreadas, pero felices, vacaciones.

 

Como sabéis hemos estado unos días en Lleidao Mordor, según se mire, pues la niebla impidió que viéramos el sol hasta el último día – y en Bilbaoa 15 grados sí, pero con katiuskas y paraguas en mano -. Tanto en un lugar como en otro hemos disfrutado muchísimo. Abuelos, primos, tías, villancicos, comilonas, más comilonas, turrones, más turrones, carruseles, parques de bolas, paseos….. ¡y hasta una visita – a estas alturas ya obligada – a San Mames!. ¡Podéis imaginar!.

 

Sin embargo, y después de este desfase y descontrol en cuanto a horarios y rutina se refiere, no os miento si digo que, aún con pereza y cierta “tristeza” por haberse terminado las Navidades, agradezco infinitamente volver a la rutina.

 

Y es que tanto viaje, tanta emoción, tanta gente “bailándonos el agua” ha hecho que la estancia en ambos sitios convirtiera un hijo en un “desinteresado de su madre” y una hija santa de día en guerrera de noche.

 

En cuanto a esta última, Carlota esen boca de mi suegrala niña más buena que ha visto nunca. Y es que sí, señores. No es que yo lo piense, es que Carlota ha pegado un cambio brutal. Es una niña que vaya donde vaya no dice nada. Solo observa y ríe. Y si tiene sueño se duerme allá donde estemos. Pero por las noches…. ¡Ay amigos!. No sé sí han sido los dientes o el extrañar su cuna pero lo cierto es que durante nuestra estancia fuera de casa, ha tenido más despertares nocturnos que en toda su corta vida. ¿Y quién ha sufrido esos despertares? Sus padres, por supuesto. Eso sí, ha sido volver a casa, a su cuna, a su rutina, y volver a dormir plácidamente. Algún que otro despertar tiene ya que los dientes le están dando guerra pero nada que ver con las 15 veces que se despertó una noche en Bilbao.

 

Con respecto a Álvaro…. ¡Qué deciros!. Ha vuelto más empadrado que nunca. Supongo que, en parte, es debido a los celos que está empezando a manifestar. ¡Y que papá mola mucho, claro!.

 

Hace unos meses, justo antes de dar a luz, publicaba un post relacionado con los celos tras la llegada del nuevo hermanito. Un tema que, en ocasiones preocupa, y del que no he vuelto a hablar, entre otras cosas, porque Álvaro no ha manifestado celos….hasta ahora. 8 meses después.

 

Al principio, esos celos nos parecían inofensivos. A sus 32 meses habíamos vuelto al chupete de día y a no soltar, por nada del mundo, su muñeco de apego, el tan querido Pocoyó. ¿A qué era debido ese “retroceso”? Al hecho de ver a su hermana con el chupete colgando allá donde fuera. Y claro, el también quería.

 

A esas manifestaciones de celos, ya digo que inofensivas, se iban juntando otras. Y otras. Y otras. La actitud que tomamos mi marido y yo fue “aprovecharnos” de ellas. Estaba claro que él quería todo lo que su hermana tuviera. Así que utilizamos a Carlota como excusa. ¿Que toca ir guardando los juguetes e ir a la bañera? Allí que llevábamos a Carlota para que él quisiera ir. ¿Que no queremos sentarnos en la trona para cenar? Hasta que sentábamos a Carlota en la suya. En fin, como veis, nos han venido hasta bien esos celillos pues lográbamos que sus “noes” se convirtieran en “sies”.

 

Ahora bien, tras el paso de las Navidades y el ver cómo yo, su madre, estaba todo el día pendiente de Carlota, ha hecho que pierda cierto interés en mí. Yo, que me paso el día haciéndole gamberradas y sacándole sonrisas, he dejado de interesarle. Mamá ya no mola.

 

Ahora se ha vuelto híper fan de su padre. ¿Y yo? Debo de ser una aburrida. Si está su padre en casa, quiere que sea él quien le cuente un cuento – o varios porque torearle le torea un rato -.¡A jugar con papá, por supuesto!. Estar con él mientras come, bañarle, vestirle, cambiar pañal, ir de la mano…. Todo con papá.  ¿Y a mí?  A mí que me zurzan. A veces se despide de mí con un “Adiós Mama. Vete con Carlota. Te quiero mucho“. Sí, te quiero pero vete. Como veis, en nuestra casa empiezan a ir los hombres por un lado, las mujeres por otro. 😉

 

Con la vuelta a la rutina confío es que esta situación de celillos se normalice un poco. No hay que dramatizar y yo sigo tomándomelo a risa. En el fondo me encantan esos amores hacia su padre. No lo puedo evitar. Eso sí, hay una cosa en la que sigo siendo la “favorita”. Y es que, para bien o para mal propio, por las noches, si hay alguna pesadilla, a quien llama incesantemente es a “mami,mami,mami“. ¿Y quién se levanta a altas horas de la madrugada? Su madre, claro. Papá está en el séptimo sueño. 😉

 

En fin, seguiremos hablando de celos pero siempre bajo el prisma del humor. 😉

¡Feliz 2016!